Durante años, elegir un coche diésel era casi una decisión lógica para muchos conductores. El menor consumo y, sobre todo, el precio más bajo del combustible convertían al diésel en el aliado perfecto para quienes hacían muchos kilómetros. Pero algo ha cambiado. Y de forma notable.
Hoy, repostar diésel puede salir incluso más caro que llenar un depósito de gasolina. Una situación que desconcierta a miles de conductores y que rompe con décadas de tendencia. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Es algo puntual o estamos ante un cambio estructural en el mercado de los combustibles?
1Un cambio que rompe con décadas de lógica
Tradicionalmente, el diésel ha sido más barato que la gasolina por una razón clara: los impuestos. Durante años, este combustible ha tenido una menor carga fiscal para favorecer sectores clave como el transporte o la agricultura.
Por ejemplo, el impuesto especial sobre hidrocarburos aplicado al diésel es inferior al de la gasolina, lo que históricamente ha permitido mantener su precio más bajo en las estaciones de servicio. Sin embargo, esa ventaja ya no es suficiente para compensar otros factores que están empujando su precio al alza.

