Los datos oficiales acaban de confirmar lo que muchos sospechábamos: la maquinaria de vigilancia de la DGT ha funcionado a pleno rendimiento durante el último ejercicio. Si tienes la sensación de que ahora es más difícil que nunca librarse de una notificación, tienes toda la razón del mundo. El organismo estatal no solo ha mantenido su actividad, sino que ha pulverizado todos sus registros anteriores, alcanzando cifras de infarto.
El reciente Anuario Estadístico General 2025 de la DGT ha dejado al descubierto una realidad apabullante. Estamos ante un escenario donde la presión sancionadora ha escalado hasta niveles nunca vistos en nuestras carreteras.
3El factor de las competencias transferidas
Un detalle que no se puede pasar por alto al analizar estos datos es que la cifra podría ser mucho mayor si incluyéramos a todo el país. Los datos que maneja la DGT no cuentan lo que sucede en Cataluña y País Vasco, ya que estas comunidades tienen sus propias competencias de tráfico y gestionan sus propias multas. Por lo tanto, esos 6,1 millones de denuncias corresponden solo al territorio que controla directamente el organismo central. Si sumáramos lo que recaudan los Mossos d’Esquadra y la Ertzaintza, el número total de sanciones que reciben los conductores en España sería una cifra todavía más astronómica, y preocupante.
Esto nos hace pensar en la enorme cantidad de recursos que se destinan a la vigilancia y a la tramitación de expedientes sancionadores frente a otros aspectos de la seguridad vial. ¿No sería mejor invertir todo ese esfuerzo en arreglar los puntos negros de las carreteras o en mejorar la formación de los conductores?
Parece que para la administración es mucho más sencillo y rentable instalar un nuevo radar de última generación que sea capaz de multar a doce personas por minuto que sentarse a planificar una mejora real en las infraestructuras que evite accidentes de forma directa.


