¿Cada cuánto tiempo deberías cambiar el aceite de tu coche? No hay una respuesta única, porque cada fabricante proporciona una horquilla aproximada que deberías respetar. Hay conductores que deciden cambiarlo a los 10.000 kilómetros, mientras que otros esperan hasta que el coche lo pide o apuran hasta los 25.000 o 30.000 kilómetros, porque es lo que indica el fabricante.
El aceite forma parte de la salud del motor, porque lubrica, reduce el desgaste, controla la temperatura y evita que las piezas internas sufran. Así que si pierde propiedades o baja el nivel, aumenta el riesgo de sufrir una avería.
Así lo explica Edward, mecánico: «Cambiar el aceite cada 10.000 kilómetros puede ser tirar tu dinero. Hay gente que lo cambia a los 10.000 y otros cada 30.000, porque lo dice el coche. Y los dos pueden estar equivocados». La cuestión es que no todos los coches hacen el mismo tipo de uso, ni todos los motores ‘castigan’ igual el lubricante. Fíate siempre de lo que te diga el fabricante y evitarás problemas.
2Ciudad, trayectos cortos y atascos: los grandes enemigos del aceite
No es lo mismo hacer 20 kilómetros diarios por ciudad que recorrer 500 kilómetros en autovía cada fin de semana. El motor trabaja de forma muy distinta, y lógicamente el aceite también ‘envejece’ a un ritmo diferente. En ciudad, hay más arranques en frío, semáforos, atascos y más tiempo al ralentí, y todo eso castiga mucho más al lubricante.
Los trayectos cortos, además, impiden que el motor alcance la temperatura ideal de funcionamiento durante un tiempo suficiente, lo que favorece la acumulación de residuos y la humedad dentro del sistema. Por eso, un coche que circula mucho más por ciudad va a necesitar un cambio de aceite con más frecuencia, aunque haga pocos kilómetros al año.
En carretera, ocurre justo lo contrario. El motor funciona de manera más estable, mantiene una temperatura constante y no sufre apenas interrupciones, así que el aceite dura más y conserva mejor sus propiedades. Es la razón por la que dos coches idénticos pueden necesitar un mantenimiento distinto, aunque la recomendación del fabricante sea la misma.

