La vuelta de Alfa Romeo a los orígenes, tiene un nombre: Alfa 33 Stradale. Y un creador, Alejandro Mesonero-Romanos. El diseñador español, director creativo de la marca ha pasado por Madrid, con una de las unidades del superdeportivo del biscione para contar cómo se creó, en qué estado está el proyecto y cuál es el futuro de la marca. Un futuro en el que se van a seguir creando ‘Alfas’ especialísimos -bajo el paraguas de Bottea Alfa Romeo- para seguir honrando el legado de la marca.
La Bottega Alfa Romeo es un división creada para operar fuera de los márgenes de la producción convencional. Y ella ha sido la encargada de protagonizar uno de los proyectos más singulares de la industria automovilística reciente: el nuevo 33 Stradale. La iniciativa, que comparte estructura con Maserati para abordar series limitadas, one-offs y few-offs, también gestiona la personalización bajo el programa Fuoriserie y la preservación del patrimonio histórico de la firma. Su sede se estableció en la Sala del Consiglio del Museo de Arese, el mismo espacio donde en 1967 se aprobó el diseño del modelo original. Y de ahí nace el primer modelo creado por Alejandro Mesonero-Romanos para la compañía del biscione.

El nombre recupera el proyecto de competición número 33 de Alfa Romeo. Aquel programa marcó el regreso de la marca a las carreras bajo la dirección del presidente Giuseppe Eugenio Luraghi y de Carlo Chiti al frente de Autodelta, el departamento de competición de nueva creación. El 12 de marzo de 1967, el Tipo 33 debutó en la cronometrada de Fléron, cerca de Lieja, con Teodoro Zeccoli al volante, logrando una victoria inmediata. La trayectoria del proyecto culminó con sendos títulos en el Campeonato de Marcas de 1975 y 1977.
En la estela de aquel éxito deportivo, Alfa Romeo produjo el 33 en una edición muy limitada para clientes particulares: un coche de calle que combinaba las prestaciones del Tipo 33 de carreras con el confort necesario para el uso diario. El diseño se encargó a Franco Scaglione, quien desarrolló una carrocería concebida con criterios aerodinámicos y funcionales. Entre 1967 y 1969 se fabricaron únicamente 18 ejemplares, seis de cuyos chasis sirvieron de base para prototipos que anticiparon dos décadas de diseño: el Carabo (1968), el P33 Roadster GS (1968), el 33/2 Coupé Speciale (1969), el Cuneo (1971), la Iguana (1969) y el Navajo (1976).
De convencer a Tavares a la lista de espera

Mesonero-Romanos, en un encuentro con periodistas en Madrid, desgrana todo el proceso de este espectacular proyecto. El punto de partida del proyecto actual se sitúa en 2022, cuando el entonces CEO de Alfa Romeo, Jean-Philippe Imparato, presentó la propuesta a Carlos Tavares, máximo responsable del grupo Stellantis. La condición para obtener el visto bueno fue acreditar al menos 15 depósitos bancarios -reservas con una cantidad de dinero de adelento- antes de poner en marcha el desarrollo. El resultado superó las expectativas: las 33 unidades que se decidió fabricar se vendieron antes de que el prototipo estuviera terminado, con más de 50 solicitudes adicionales en lista de espera. La cifra de producción no se amplió para mantener un plazo de entrega de entre dos y tres años con procesos de fabricación artesanal que una serie mayor no permitiría sostener.
Alejandro Mesonero-Romanos, director de diseño de Alfa Romeo, coordinó el proceso creativo desde el principio, al frente de un reducido equipo formado por cuatro diseñadores jóvenes. El desarrollo se extendió durante casi un año, arrancando con una fase de exploración de propuestas de carácter extremo en la que cada diseñador, con absoluta libertad creativa, podía presentar su visión de lo que debía ser el 33 Stradale. De ese proceso surgió el capó con forma de escudeto, un elemento direccional que no existía en el modelo original pero que se incorporó como seña de identidad visual del nuevo coche.

Además del trabajo de los diseñadores, el proyecto ha contado con la complicidad de los clientes, que han participado en un proceso de cocreación del que han nacido varios detalles. Los compradores firmaron sus reservas antes de conocer el diseño definitivo o el precio final, y sus aportaciones durante el proceso influyeron en decisiones concretas: el volante carece de botones, una rareza en la industria actual, con el objetivo de centrar la experiencia en la conducción. El interior recupera la tapicería de estilo canelone, que se extiende de los asientos a los paneles de puerta.
A este proceso de definición le corresponde también la aprobación del 33 Committee, un órgano presidido por el CEO de Alfa Romeo e integrado por los responsables de los principales departamentos de la marca, encargado de validar las peticiones de los clientes para garantizar que se respetan la historia y la identidad del vehículo. Gracias a ese proceso, cada comprador pudo intervenir en elementos funcionales como las tomas de aire, las llantas o el escudo frontal. El número de bastidor, de ocho dígitos elegidos por cada propietario, puede ser firmado personalmente por este y queda grabado también en el túnel central.
Mecánica: V6 biturbo o eléctrico
El 33 Stradale se ofrece con dos opciones de propulsión. La versión de combustión monta un motor biturbo V6 de 630 CV; la eléctrica alcanza los 750 CV, convirtiéndose en el Alfa Romeo más potente de la historia. Ambas comparten una estructura con monocasco de fibra de carbono y techo con refuerzo de aluminio, frenos carbocerámicos Brembo con discos ventilados, y una suspensión activa con doble horquilla, amortiguadores electrónicos y dirección semivirtual en los dos ejes. El vehículo dispone de un modo de conducción estándar, con una entrega de potencia y una suspensión calibradas para el uso cotidiano y válvulas de escape activas solo por encima de las 5.000 rpm, y de un Modo Pista que activa la potencia máxima, la suspensión en su configuración más firme, los cambios de marcha más rápidos y las válvulas de escape permanentemente abiertas. La función Partenza Veloce, activada desde el botón del Quadrifoglio, gestiona la aceleración máxima minimizando el deslizamiento de las ruedas.

El objetivo técnico central fue alcanzar una velocidad máxima de 333 km/h en circuito sin recurrir a alerones añadidos ni apéndices aerodinámicos móviles. El flujo de aire se gestiona a través de la geometría de la propia carrocería, siguiendo el enfoque de los prototipos de competición de los años sesenta y setenta. Los faros delanteros concentran cuatro funciones: iluminación, entrada de aire para los intercoolers, refrigeración de frenos y generación de una cortina de aire (air curtain). Los soportes de los retrovisores dirigen el flujo hacia las tomas laterales de refrigeración, y la parte trasera genera el apoyo aerodinámico necesario mediante la forma de sus paneles.
La producción se realiza en colaboración con la Carrozzeria Touring Superleggera mediante procesos manuales. La carrocería recibe una pintura manual de tres capas que realza las líneas esculpidas del vehículo. Los logotipos se aplican a mano y quedan embebidos bajo el acabado, sin relieve perceptible al tacto. Cada unidad está certificada individualmente y ninguna es idéntica a otra. El piloto trasero incorpora 33 líneas, una por cada uno de los clientes. Desde su presentación, el modelo ha sido reconocido en concursos de elegancia como Villa d’Este, Chantilly y Goodwood.

Para el mantenimiento, Alfa Romeo ha creado la figura del Flying Doctor: especialistas que se desplazan a la ubicación del propietario para realizar revisiones o reparaciones menores. La marca también se ha comprometido a fabricar piezas de repuesto específicas, entre ellas los vidrios electrocrómicos, durante toda la vida útil de cada vehículo.
Tras la entrega de las primeras unidades -entre ellas la del piloto de Fórmula 1 Valtteri Bottas—, Mesonero-Romanos ha confirmado que el 33 Stradale es solo el principio; el diseño del siguiente proyecto de la Bottega ya está finalizado -«y va a ser algo espectacular», según sus palabras- y se podrá ver en 2027.
Imágenes Alfa 33 Stradale
Fotos: Alfa Romeo













