Instalan un turbo en un Ford Model T de 1908: el experimento que revive un motor de hace 100 años

Las pruebas en carretera de un aficionado estadounidense confirman que el motor centenario gana unos 8 km/h con un turbocompresor de tractor. La sobrealimentación llegó antes de lo que muchos piensan: la patente suiza es de 1905.

Un aficionado estadounidense ha instalado un turbo en un Ford Model T de 1908 y ha conseguido que gane 8 km/h. La prueba en carretera, documentada en vídeo, deja una conclusión clara: el motor centenario aguanta la sobrealimentación sin desmontarse a la primera de cambio.

El autor del experimento es Merlin Johnson, un preparador vinculado al mundo del hot rod que publica sus trabajos en un canal de YouTube dedicado a los clásicos. Su Ford Model T conserva el motor original de cuatro cilindros y 177 pulgadas cúbicas, equivalentes a 2,9 litros, que entregaba 20 caballos cuando salió de fábrica hace más de un siglo.

Lo curioso del proyecto es que la idea del turbo es anterior al propio coche. El ingeniero suizo Alfred Büchi registró en 1905 una patente de compresor accionado por los gases de escape, tres años antes de que Henry Ford lanzara el Model T. Durante décadas, ambos conceptos convivieron por separado hasta que un taller particular decidió unirlos.

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En la práctica, un turbocompresor aprovecha la energía de los gases de escape para comprimir el aire que entra en los cilindros. Al hacerlo, aumenta la cantidad de oxígeno disponible y permite quemar más combustible en cada ciclo. La patente de Büchi planteaba exactamente ese principio aplicado a motores de combustión; lo que no podía imaginar es que un siglo después alguien lo probaría sobre un propulsor sin bomba de aceite.

Un reto de taller, no de laboratorio

La instalación física fue sencilla. Johnson retiró el colector de escape original de hierro fundido, abrió un orificio, fabricó una brida y atornilló el turbocompresor procedente de un tractor compacto Kubota. La dificultad llegó con la lubricación: los motores del Model T no tienen bomba de aceite, sino un sistema conocido como dipper slinger, en el que un tubo transporta el lubricante desde la parte delantera del motor hasta la transmisión.

El motor del Ford T es un cuatro cilindros de válvulas laterales, un diseño sencillo y robusto que no utiliza presurización de aceite. El lubricante se distribuye por salpicadura y por una suerte de cazoletas que lo arrastran hacia los puntos calientes. Por eso, conectar un turbo moderno que necesita aceite a presión obligó a improvisar una solución de lubricación por gravedad y fuerza centrífuga.

Para que el turbo no se gripase al girar a decenas de miles de revoluciones, aprovechó la fuerza centrífuga del volante de inercia para empujar el aceite por un tubo de cobre que alimenta el sobrealimentador. Un drenaje por sifón devuelve después el lubricante al cárter. La primera puesta en marcha no mostró fugas y la prueba dinámica terminó de confirmar que la solución aguantaba.

El hallazgo no es la potencia, sino comprobar que un motor de hace más de un siglo tolera la sobrealimentación sin desmontarse a la primera de cambio.

Lo que dicen la presión y el velocímetro

En el recorrido inicial, el Model T alcanzó 45 km/h frente a los 37 km/h que lograba de serie. Son 8 km/h de mejora que, en términos de prestaciones contemporáneas, apenas darían para una anécdota. La lectura del manómetro llegó a un pico de 0,41 bares (seis libras de presión, en la jerga anglosajona), lo que demuestra que el bloque original admite una dosis moderada de soplado sin gripar ni ceder.

Youtube video

La cultura hot rod y la primera sobrealimentación de fábrica

El experimento no pretende marcar un camino masivo para los propietarios de Model T. Sobrealimentar un motor de hace más de cien años no es la vía más barata ni la más eficiente para ganar velocidad. Pero sí sirve para recordar que la cultura del hot rod siempre ha consistido en modificar lo que no estaba pensado para correr.

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El primer coche con turbo de fábrica no llegaría hasta 1962, cuando General Motors lanzó el Oldsmobile Jetfire. El Model T, por su parte, nunca fue desarrollado como un deportivo: nació para democratizar el automóvil en Estados Unidos y para moverse con fiabilidad por carreteras sin asfaltar. Que hoy admita una pequeña dosis de presión sin romperse habla de la robustez de un diseño centenario.

Desde España, la lectura es doble. Por un lado, confirma que la afición por los clásicos y las preparaciones artesanales no entiende de fronteras: lo que un taller estadounidense prueba con un turbo de tractor conecta con la curiosidad de cualquier aficionado europeo por saber hasta dónde aguanta un motor histórico. Por otro, pone en perspectiva la evolución de la sobrealimentación, una tecnología que pasó de patente suiza de 1905 a recurso cotidiano en los motores modernos de gasolina y diésel.

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📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: 8 km/h de mejora, de 37 a 45 km/h, con un pico de 0,41 bares de presión en un motor Ford Model T de 1908.
  • Consejo práctico: si restauras un clásico centenario, no necesitas una preparación extrema para comprobar sus límites; la documentación y la lubricación importan más que la potencia.
  • Así te afecta: la noticia alimenta la cultura global del motor desde la curiosidad, sin cambios normativos ni impacto económico directo para el conductor español.