Durante años, los conductores han asumido que la tecnología integrada en sus vehículos está diseñada para mejorar la seguridad y comodidad al volante. Entre esos avances, los sensores de presión de los neumáticos se han convertido en un elemento casi imprescindible en los coches modernos. Su función parece sencilla: avisar cuando una rueda pierde aire o no tiene la presión adecuada. Sin embargo, esa aparente utilidad esconde una realidad mucho más compleja.
Ernesto, mecánico con más de veinte años de experiencia, lanza una advertencia que está generando debate en el sector: «Los sensores no solo miden presión, también emiten información con la que se puede rastrear un coche«. La afirmación puede parecer exagerada a simple vista, pero está respaldada por investigaciones recientes que ponen en duda la privacidad de estos sistemas.
3¿Cómo funciona la trampa con GPS?
Los sensores no incorporan un GPS como tal, pero el efecto que pueden generar es similar. Al captar la señal de un mismo vehículo en distintos lugares, se pueden establecer patrones de movimiento: saber por dónde pasa un coche, con qué frecuencia o incluso a qué horas.
Lo preocupante es que esas señales pueden atravesar obstáculos como paredes y el alcance puede superar los 50 metros, lo que amplía las posibilidades de captación, incluso si el coche está dentro de un garaje. En palabras de Ernesto, «no es necesario instalar nada en el coche para seguirlo, el propio sistema ya emite información constantemente». Los sensores se convierten en una herramienta potencial de vigilancia pasiva.


