Suiza ocultó un estudio público que demuestra que el coche eléctrico contamina menos

El informe, financiado con 126.000 euros de dinero público, concluyó que sustituir el 90% de los coches de combustión por eléctricos reduce las emisiones de forma inmediata. La Oficina Federal de Energía lo enterró por temor a las críticas políticas.

La Oficina Federal de Energía de Suiza enterró un estudio financiado con dinero público que demostraba, con cifras, que sustituir el parque de combustión por vehículos eléctricos reduce las emisiones de CO₂ de forma inmediata. La maniobra, desvelada por la revista Republik, ha terminado por sabotear los propios objetivos de electrificación del país alpino.

El informe fue encargado en 2022 a la consultora Infras y costó 126.000 euros de las arcas públicas. Su misión era clara: determinar si el coche eléctrico contamina más o menos que un vehículo de combustión a lo largo de todo su ciclo de vida, incluyendo la fabricación. Las conclusiones, que llegaron dos años después, no dejaban lugar a dudas: sustituir más del 90% de los coches de gasolina o diésel por eléctricos del mismo tamaño supondría un ahorro neto de emisiones desde el primer día, salvo para vehículos sin uso.

Los resultados eran tan rotundos que el Instituto Paul Scherrer, uno de los centros de investigación más prestigiosos del país, calificó el trabajo como «excelente». Sin embargo, el informe nunca vio la luz.

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Miedo a la “reeducación” y a los populismos

Los correos internos obtenidos por Republik revelan por qué el estudio acabó en un cajón. El director del proyecto advirtió de que el tema era “potencialmente delicado” y que las recomendaciones “podrían malinterpretarse” en un ambiente en el que la administración federal “tiende a ser percibida de forma bastante negativa”.

En una comunicación interna, un responsable llegó a escribir que había que evitar que la Oficina Federal de Energía fuera acusada de hacer “recomendaciones elitistas” del tipo “si no hay pan, come pastel”. El temor concreto era que la derecha populista tachara al Gobierno de «reeducación» por promover una política energética demasiado ambiciosa.

Con ese argumentario sobre la mesa, el estudio se devolvió a Infras con excusas para ganar tiempo. Y el silencio se impuso. Un silencio que, según los datos, ha tenido consecuencias directas en el mercado.

Un estudio pagado con dinero público que demostraba que el eléctrico contamina menos fue enterrado por miedo al ruido político.

El coste del silencio: 126.000 euros y un objetivo fallido

Suiza se había fijado como meta que el 50% de los coches nuevos fueran eléctricos en 2025. El resultado se quedó en un 34%. Muchos potenciales compradores, sin información clara y en medio de titulares contradictorios, no dieron el salto. La falta de una guía oficial que desmontara mitos sobre la contaminación del coche eléctrico ha sido, según distintos analistas, un factor decisivo para no alcanzar el objetivo.

El episodio suizo es un ejemplo de manual sobre cómo la comunicación política puede descarrilar una transición industrial. Y no es gratis: los 126.000 euros del estudio se han convertido en el símbolo de una parálisis que cuesta mucho más en retraso de descarbonización y en credibilidad institucional.

Análisis de impacto

  • Dato de mercado: Suiza matriculó un 34% de eléctricos en 2025, lejos del 50% previsto. El frenazo contrasta con otros mercados europeos donde las ventas crecen a doble dígito.
  • El rumor: La filtración del estudio ha reabierto la guerra soterrada entre los cantones más industrializados, partidarios de mantener el peso del motor de combustión, y las ciudades que presionan por electrificar.
  • Veredicto: Ocultar un estudio que refuerza la ventaja ambiental del eléctrico es un boicot en toda regla. La transición no se frena por falta de tecnología, sino por cálculos electorales que acaban lastrando los objetivos que dicen perseguir.

Mientras en Bruselas se endurecen las normas de emisiones, el caso suizo deja una lección incómoda: la desinformación no siempre viene de fuera; a veces es la propia administración la que siembra dudas con su silencio.

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