El 12,86% de cuota de mercado que las marcas chinas han alcanzado en el primer trimestre de 2026 no es una cifra más: es la confirmación de que el desembarco asiático en España ya no es una incursión, sino una ocupación permanente del segmento de los coches nuevos. BYD y MG son solo la punta del iceberg.
Con más de 25 firmas vendiendo en el país, China ha pasado de vender coches asequibles a competir en todas las gamas, incluida la premium, con armas como la tecnología de baterías, los sistemas de conducción autónoma y unos precios que oscilan entre un 20% y un 30% por debajo de los equivalentes europeos. Y lo hace con una velocidad que ha pillado a los fabricantes tradicionales con el pie cambiado.
El año pasado, las marcas de origen chino superaron por primera vez la barrera psicológica del 10% de ventas sobre el total de turismos matriculados en España, con más de 120.000 unidades. En el primer trimestre de 2026 han elevado esa cuota al 12,86%, lo que significa que uno de cada ocho coches nuevos vendidos en España tiene origen, fabricación o capital chino.
De cero al 12,86% en una década: la conquista silenciosa
Hace diez años, las marcas chinas no aprobaban los test de choque de Euro NCAP y sus motores carecían de eficiencia. Hoy dominan la cadena de suministro de baterías y la mayoría de sus modelos obtienen las máximas puntuaciones en seguridad. El BYD Seal U, por ejemplo, fue el modelo más vendido de la compañía en 2025, y ha llevado a BYD a acumular más de 30.000 unidades comercializadas en España desde su llegada. MG, bajo el paraguas del grupo chino SAIC, ha seguido una estrategia distinta: modelos de gasolina e híbridos como el ZS a precios imbatibles, combinados con el eléctrico puro MG4. La enseña cerró 2025 como una de las que más crecieron en el canal particular.
A estos dos gigantes se suman marcas que han puesto el pie en el acelerador en los últimos dos años. El Grupo Chery aterrizó en 2024 con Omoda y Jaecoo, y firmó una alianza histórica con la española EV Motors para reactivar la antigua fábrica de Nissan en la Zona Franca de Barcelona, produciendo bajo la marca EBRO. Es el primer fabricante chino que ensambla coches en suelo español, un movimiento que no solo le permite sortear posibles aranceles, sino que le otorga un aura de “hecho en Europa” muy atractiva para el consumidor.
Más allá de BYD y MG: la segunda oleada premium y de nicho

Pero el verdadero cambio de paradigma no está en los coches baratos, sino en la ofensiva sobre el segmento premium. Zeekr (Grupo Geely) vende ya cuatro modelos 100% eléctricos en España, con precios que compiten directamente con los SUV compactos de BMW o Audi, pero con una dotación tecnológica que incluye asistentes de conducción autónoma de última generación. XPeng, a través del distribuidor Salvador Caetano, ofrece los G6, G9 y P7; Voyah, la división de lujo de Dongfeng, se posiciona con berlinas y SUV familiares eléctricos de gran autonomía. Incluso Denza, la marca que BYD compartió con Mercedes-Benz, busca clientes en el nicho de las berlinas deportivas con el Denza Z9GT.
En un escalón inferior, pero con un crecimiento rápido, encontramos a GWM (Great Wall Motors) con sus submarcas ORA y WEY, a Lynk & Co (Geely) con el SUV híbrido 01, y a firmas como DFSK, Changan (que acaba de desembarcar con la marca Deepal) o los microcoches eléctricos de Invicta Electric, Yudo y Zhidou. En total, un ecosistema de más de 25 marcas que cubre desde el vehículo urbano de menos de 10.000 euros hasta el familiar deportivo de más de 60.000.
El impacto para los fabricantes europeos: ¿quién está en riesgo?
La cuota de las marcas chinas en España, si se mide por grupos, ya amenaza al segmento más rentable para los constructores europeos. Stellantis, que controla marcas como Peugeot, Citroën u Opel, ha visto cómo su propio socio chino, Leapmotor, se convierte en un competidor directo con modelos como el T03 o el SUV C10. El grupo italo-francés, de hecho, ha optado por participar en la distribución de Leapmotor a través de su red, una jugada que refleja la complejidad del momento: si no puedes vencerlos, únete a ellos.
Volkswagen, Renault o el propio Grupo Stellantis se enfrentan a un doble desafío. Por un lado, la inversión en electrificación los ha obligado a elevar precios; por otro, las marcas chinas tienen una ventaja estructural en el coste de las baterías, gracias a un control casi total de la cadena de suministro de materias primas y celdas. Según datos de la ACEA, el precio medio de un coche eléctrico chino vendido en Europa es un 27% inferior al de un modelo equivalente de un fabricante europeo. La diferencia se amplía si se compara con los híbridos enchufables, el segmento donde BYD ha logrado desbancar a Tesla a nivel mundial.
El caso de la fábrica de Chery en Barcelona es emblemático. Producir localmente permite a EBRO-Omoda eludir los aranceles que la UE podría imponer a largo plazo, pero también supone un desafío para las plantas europeas que producen modelos de los mismos segmentos. Cada coche que sale de la Zona Franca es un coche que deja de importarse, pero también uno que compite directamente con la producción de Stellantis en Vigo o de Renault en Valladolid. El empleo local puede beneficiarse a corto plazo, pero la lógica industrial europea se resquebraja.
China ha convertido su sobrecapacidad productiva en un arma de conquista comercial, y España es uno de los campos de batalla más expuestos.

