Son 4.961 euros. Ese es el precio de lanzamiento de la primera custom de Rieju y, sencillamente, no tiene rival en equipamiento por esa cifra. La Coaster 407 se sale del guion con un motor V-Twin, un cambio automático secuencial, correa y ayudas electrónicas que no son habituales en este segmento. Te cuento todo lo que tienes que saber de la moto española más sorprendente de 2026.
Un V-Twin de casi 400 cc con caja AMT
El centro de todo es un propulsor bicilíndrico en V de 384,5 cc, refrigerado por líquido y con culatas de ocho válvulas. Entrega 25,8 kW (34,6 CV) a 8.250 rpm y un par máximo de 36 Nm a solo 4.500 revoluciones. Son cifras pensadas para empujar desde abajo, justo lo que esperas de una buena custom, y Rieju asegura una velocidad punta de 155 km/h. Suficiente para autovía y escapadas con pasajero.
La gran novedad técnica es el sistema AMT. Hablamos de un cambio automático secuencial de seis velocidades sin maneta de embrague. Puedes dejar que la electrónica gestione las marchas o intervenir con las levas del manillar para mantener el control manual cuando quieras. No es un variador, es una caja de toda la vida con el accionamiento automatizado, y eso cambia la experiencia de llevar una custom: menos fatiga en atascos y un acceso mucho más fácil para quien llega del scooter o se saca el A2.
La transmisión final es por correa dentada. Silencia, apenas necesita mantenimiento y va a juego con el carácter despreocupado de la moto. Además, hay embrague antirrebote para evitar sustos en reducciones bruscas.
Equipamiento premium a precio de superventas

Pocas motos de menos de 5.000 euros te montan ABS y control de tracción (TCS) de serie. La Coaster 407 lo hace con pinzas Nissin, un disco delantero de 300 mm y un trasero de 240 mm. El TCS añade un plus de seguridad sobre firme mojado o al salir de un semáforo con ganas, y encaja con la filosofía de una moto que no quiere complicaciones.
El equipamiento tecnológico es directamente de una custom de mayor cilindrada: arranque sin llave (keyless), instrumentación LCD digital, conectividad con el móvil y doble toma USB (A y C). Todo con iluminación full LED, desde el faro hasta los intermitentes. La doble salida de escape lateral en negro remata una estética muy reconocible.
Las ruedas son de aleación: 19 pulgadas delante con neumático 130/60 y 17 detrás con un generoso 180/55. La horquilla delantera es convencional de 37 mm, y atrás hay un monoshock en lugar de la pareja de amortiguadores que suele verse en las custom. El asiento está a 690 mm del piso, lo que permite apoyar los dos pies sin problema para la mayoría de estaturas, y el depósito de 16 litros promete una autonomía muy respetable.
Una custom con V-Twin, correa, caja automática y control de tracción no se encuentra por menos de 5.000 euros.
El peso en seco es de 180 kg. Con todos los líquidos estará alrededor de los 195 kg en orden de marcha, una cifra muy manejable para lo que esconde bajo el carenado. La distancia entre ejes de 1.550 mm y los 2.250 mm de largo transmiten aplomo en vías rápidas, sin ser una moto excesivamente grande.
¿Dónde encaja esta Coaster en el mercado A2?
Rieju no compite con las custom americanas de siempre, y eso es un acierto. La Coaster 407 planta cara a alternativas de acceso como las Benelli 502C o las Keeway Superlight, pero con una ficha técnica superior: V-Twin en lugar de paralelo, más ayudas electrónicas y una caja automática que en sus rivales no existe o es opcional con sobrecoste.
El precio de 4.961 euros la deja por debajo de la barrera psicológica de los cinco mil. Con un mantenimiento de correa casi inexistente, consumos ajustados (la inyección y la baja cilindrada juegan a favor) y una estética trabajada, es una propuesta muy redonda. Para quien busca su primera moto tras el A2 o para quien quiere una segunda moto para disfrutar sin agobios, la Coaster pinta muy bien.
Eso sí, habrá que ver cómo se comporta la caja AMT en el uso real. Los sistemas automatizados de este tipo pueden ser más bruscos que un buen cambio manual, y en una V-Twin la entrega de par desde abajo exige una gestión afinada. Pero sobre el papel, las cuentas le salen.



