Las pantallas del coche crecen hasta las 30 pulgadas, pero uno de cada tres conductores no usa ninguna

El informe de J.D. Power sobre más de 68.000 propietarios revela que el 35% no utiliza nunca la pantalla del copiloto y solo un 6% la usa en todos los desplazamientos. Las funciones simples y automatizadas convencen más que las tecnologías de mayor sofisticación.

Las pantallas del coche no dejan de crecer: ya hay salpicaderos digitales que superan las 30 pulgadas de diagonal conjunta, una superficie comparable a la de dos tabletas grandes colocadas una junto a otra. Sin embargo, el último estudio de J.D. Power, elaborado entre más de 68.000 propietarios de vehículos nuevos, revela una paradoja incómoda: uno de cada tres conductores no utiliza ninguna de esas pantallas en su rutina.

La paradoja define el momento actual del infoentretenimiento del automóvil: los fabricantes compiten por llenar el habitáculo de paneles digitales, táctiles y conectados, mientras el conductor que viene de un coche más analógico no siempre encuentra razones para tocarlos. La utilidad, no el tamaño, se convierte en la nueva frontera de la conectividad a bordo.

El salpicadero digital crece, pero no todos los conductores lo usan

La ofensiva de las marcas asiáticas en Europa ha acelerado una tendencia que ya venía de lejos: pantallas cada vez más grandes, a menudo unidas en una sola pieza que recorre el salpicadero digital de lado a lado. Algunas incluso se extienden hasta el lado del copiloto con paneles específicos para el acompañante, pensados para que el pasajero gestione entretenimiento o navegación sin desviar la atención del conductor.

Publicidad

El contraste con el uso real salta a la vista. Una de cada tres personas que dispone de esa pantalla del copiloto, el 35%, asegura que nunca la utiliza. Solo un 6% la activa en todos sus desplazamientos. Además, esta tecnología registra una de las tasas de incidencias más altas del estudio: 21,3 problemas por cada 100 vehículos.

No se trata de un rechazo a la digitalización en bloque. El análisis de J.D. Power evalúa 40 tecnologías diferentes y distingue con claridad entre lo que funciona sin pedir esfuerzo y lo que obliga a navegar por menús sucesivos. Las pantallas pueden ser una buena herramienta para consultar el navegador o el estado del coche, pero convertirlas en el centro absoluto de la experiencia no garantiza que se usen.

El problema no es cuánta tecnología lleva un coche, sino cuánto aporta de verdad al conductor en cada trayecto.

Qué funciones sí convencen y cuáles se quedan en la superficie

Los sistemas mejor valorados son los que automatizan tareas sin que el conductor tenga que intervenir de forma constante. El encendido inteligente, el climatizador inteligente y las preferencias personalizadas aparecen entre las tecnologías que más convencen, precisamente porque pasan desapercibidas: se activan solas, ajustan la temperatura o preparan la cabina antes de arrancar.

En el otro lado están las funciones vistosas pero menos operativas. Las pantallas auxiliares del copiloto o los menús táctiles que sustituyen botones físicos para acciones tan básicas como subir el volumen o cambiar la ventilación generan más fricción que beneficio. La conclusión es directa: los conductores no rechazan la tecnología, esperan que aporte una utilidad real y que no les complique cada gesto.

Algo parecido ocurre con los sistemas de asistencia a la conducción, los conocidos como ADAS (sistemas avanzados de ayuda al conductor). Las plataformas de nivel 2+ con funciones de conducción manos libres son técnicamente superiores a los sistemas de nivel 2 convencionales, pero esa sofisticación extra no se traduce automáticamente en una mejor valoración por parte de quien va al volante. Más sensores y más pantallas no siempre equivalen a una experiencia más clara.

Tecnología como argumento de venta o solución real

El informe plantea una cuestión cada vez más presente en la industria: fabricantes y concesionarios venden la digitalización como una ventaja competitiva, pero cada pantalla añadida tiene un coste. Lo que se paga en el equipamiento de fábrica y, más tarde, en posibles reparaciones de paneles y unidades de control, no siempre se recupera en valor de uso para el conductor. Un interior digital de 30 pulgadas puede encarecer el coche sin mejorar necesariamente la experiencia de quien lo conduce a diario.

Publicidad

Desde el punto de vista del conductor, la lectura práctica es clara. Antes de pagar por una pantalla adicional o por un paquete de funciones avanzadas, conviene preguntarse cuántas veces se van a usar realmente. Las tecnologías que mejor funcionan en el estudio son las que están al servicio de la comodidad y de la seguridad, no las que obligan a navegar por submenús mientras el tráfico avanza.

La evolución probable apunta a una digitalización más selectiva: paneles de mayor calidad visual donde suman información, controles físicos donde la inmediatez importa y una menor presencia de tecnología decorativa. Para los fabricantes europeos, presionados por la llegada de modelos chinos muy digitalizados, el reto no será solo igualar pulgadas, sino distinguir entre lo que se ve y lo que realmente se usa.

Publicidad

🛠️ Tecnología a examen

  • Dato a tener en cuenta: el 35% de los propietarios con pantalla para el copiloto nunca la utiliza y solo un 6% la usa en todos sus desplazamientos.
  • Lo que equipa: salpicaderos digitales de hasta 30 pulgadas, pantallas auxiliares para el acompañante, climatizador inteligente, encendido inteligente, preferencias personalizadas y sistemas de asistencia de nivel 2 y 2+.
  • Así te afecta como conductor: la utilidad real pesa más que el tamaño de la pantalla; las funciones que se activan solas y no distraen son las que aportan valor en el día a día.