A veces, el tiempo no perdona ni a los iconos. Martin, del canal AutoTopNL, ha vuelto a ponerse al volante del Renault Megane RS Trophy cinco años después de su última prueba, y lo ha hecho con la honestidad brutal que le caracteriza. ¿Sigue siendo la referencia entre los compactos deportivos? Su veredicto esgrime tantas alabanzas como reparos, y deja claro que la desaparición de Renault Sport fue una pérdida irreparable para los amantes de los ‘hot hatches’.
El ejemplar probado en esta ocasión monta la versión Trophy, con sus llantas específicas, neumáticos especiales y un diferencial de deslizamiento limitado tipo Torsen. Martin explica que el comportamiento de este diferencial es peculiar: al acelerar en curva se siente un leve subviraje inicial, para luego ‘tirar hacia dentro’ cuando el Torsen bloquea. Un detalle que entusiasma al conductor experimentado.
El regreso a un mito: entre la pasión y el escepticismo
Nada más verlo, el presentador de AutoTopNL se rinde ante la estética: los pasos de rueda ensanchados le otorgan una presencia imponente, y el difusor —completamente plano y funcional— no es un adorno. “No me canso de lo bien que luce, especialmente desde atrás”, comenta. Sin embargo, al sentarse al volante aparecen los primeros peros: los asientos Recaro opcionales no ofrecen la sujeción esperada, el volante es “extraño y duro” y las levas del cambio EDC están desplazadas hacia arriba por culpa del mando del volumen, un peculiar satélite que recuerda a un mando de Nintendo 64.
Un motor 1.8 turbo que solo vive en altas revoluciones
Bajo el capó, el motor 1.8 turbo de 300 CV y 400 Nm promete cifras de infarto, pero su entrega es muy distinta a la de un motor moderno. Martin describe una zona baja prácticamente muerta: “No hay nada por debajo, parece que el motor se despierta de golpe a partir de 4.000 revoluciones”. La respuesta es tan perezosa que incluso con el control de tracción desconectado patina con facilidad en primera, y los 100 km/h no se alcanzan en segunda porque los desarrollos son cortísimos —una necesidad para mantener el motor en su estrecha banda de potencia. Con todo, la velocidad máxima declarada asciende a 260 km/h y el 0 a 100 se completa en 5,7 segundos.
El sonido, por su parte, es ensordecedor. La ausencia de silenciador intermedio y un downpipe específico con catalizador deportivo convierten al Trophy en un estruendo constante. “Voy un poco avergonzado, la verdad, es demasiado ruidoso”, admite mientras acelera a fondo en un túnel.
Echar de menos a Renault Sport es como si Messi hubiera colgado las botas de repente.
— Martin, presentador de AutoTopNL
Peso y tacto: ¿dónde quedó la agilidad del Mégane III?
Uno de los puntos más críticos de la prueba es la sensación de peso. Martin recuerda al Mégane RS de tercera generación como un coche ligero, pequeño y ágil, mientras que este Trophy se siente “grande y pesado”. La incorporación del sistema de dirección a las cuatro ruedas pretendía precisamente mitigar esa inercia, pero a juicio del probador no lo consigue del todo. “Apenas hay información en el volante, y eso era justo el punto fuerte del Mark 3”, lamenta. De hecho, la dirección asistida se puede configurar entre modo Sport y Race —este último muy pesado—, pero en ningún caso transmite las cosquillas del asfalto que tanto se aplaudían en sus predecesores.
Frenos Brembo y el diferencial Torsen: aliados para divertirse
Donde el coche no decepciona es en la frenada. Los frenos Brembo muerden con contundencia y transmiten seguridad desde el primer momento. Martin los destaca como uno de los “mejores argumentos” del Trophy, un legado de aquella época en la que Renault Sport montaba equipos de competición de serie: llantas de carbono, frenos carbono-cerámicos o suspensiones Cup que ningún otro fabricante se atrevía a ofrecer en un compacto. El diferencial Torsen añade un toque juguetón: al salir de las curvas, esa breve vacilación inicial seguida del bloqueo que tira hacia dentro genera una dinámica muy gratificante para el conductor entusiasta.
La dirección a las cuatro ruedas y su efecto carrito de la compra
El sistema 4Control, que hace girar las ruedas traseras en sentido opuesto a bajas velocidades y en el mismo sentido a altas, fue una de las grandes novedades de esta generación. Sin embargo, Martin lo califica como “un poco raro, como empujar un carrito de la compra”. La sensación es que el coche gira sobre sí mismo de una forma artificial, lo que resta naturalidad al paso por curva. Curiosamente, el todavía más radical Trophy R prescindió de este sistema, un dato que habla por sí solo de las prioridades de los ingenieros de Renault Sport.
¿Sigue siendo el rey frente a los nuevos Golf GTI y Civic Type R?
La pregunta inevitable es cómo encaja este Mégane RS Trophy frente a los actuales referentes del segmento. Martin es claro: “Volkswagen y Honda han dado un salto de nivel”. Tanto el Golf GTI Clubsport 50 como el Civic Type R han evolucionado en tacto, precisión y confort, mientras que el francés se ha quedado estancado en una época en la que los compactos radicales estaban en vías de extinción. No obstante, el presentador reconoce que el Trophy mantiene un atractivo que va más allá de los fríos números: es raro de ver, su estética es inconfundible y esa artesanía en el chasis y los frenos sigue siendo digna de aplauso. “Es un bicho raro, y eso siempre me ha gustado de los franceses”, sentencia.
La prueba de Martin deja un mensaje agridulce: el Renault Mégane RS Trophy es un coche imperfecto pero con carácter, un testimonio rodante de lo que Renault Sport supo hacer y de lo mucho que perdimos cuando la marca decidió reorientarse hacia Alpine. Quizá, como el fútbol sin Messi, el mundo de los hot hatches ya no es el mismo sin aquella firma que se atrevía a poner frenos de carbono en un utilitario.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de AutoTopNL:


