Recarga de flota eléctrica en base: cargadores AC de 7,4 a 22 kW por plaza y smart charging que recortan el coste

La instalación se dimensiona con cargadores de 7,4 a 22 kW por plaza y carga nocturna en tarifa valle. El smart charging evita picos de potencia y reduce la dependencia de la red pública en flotas ligeras.

La recarga de flota eléctrica en base logística se resuelve con cargadores AC de 7,4 a 22 kW por plaza y recarga nocturna en tarifa valle. El smart charging reparte la potencia disponible entre los vehículos para no disparar el término fijo y abaratar el coste por kilómetro.

La ficha rápida para el profesional

  • Por qué es importante: Montar cargadores de 7,4 a 22 kW por plaza reduce la dependencia de la red pública y da previsibilidad de coste a las flotas de furgonetas eléctricas.
  • Ventajas e inconvenientes: A favor: aprovecha la tarifa valle, evita picos de potencia con smart charging y permite electrificar más plazas sin disparar la potencia contratada. En contra: exige obra civil, permisos y un escalado correcto de la instalación; una potencia contratada mal dimensionada puede comerse parte del ahorro.
  • Datos técnicos clave: potencias de 7,4 a 22 kW por plaza en corriente alterna; recarga nocturna en valle; 854.660 vehículos eléctricos en el parque español y 254.783 matriculaciones BEV + PHEV, según AEDIVE.

Por qué la recarga en base se impone en flotas ligeras

Para una flota de reparto urbano, el objetivo no es cargar en minutos, sino aprovechar las horas de inactividad. Un cargador de 7,4 kW entrega en torno a 59 kWh en ocho horas; uno de 22 kW puede superar 176 kWh en el mismo periodo. Con consumos habituales de 20 a 25 kWh por cada 100 km en furgoneta eléctrica, esa carga nocturna cubre una jornada de reparto sin recurrir a la red pública.

La recarga en base permite planificar la operación con tarifas valle y evitar el precio de la carga pública en corriente alterna, que suele ser más alto y menos previsible. Además, el smart charging o carga inteligente escalona la demanda de cada punto para que la flota cargue de forma secuencial sin superar la potencia contratada. El gestor gana en control y en coste por kilómetro.

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Los datos de AEDIVE dan una idea del avance del parque: 254.783 matriculaciones entre eléctricos puros e híbridos enchufables, de las que 227.739 son turismos, y un parque actual de 854.660 vehículos eléctricos. El objetivo de 5,5 millones de matriculaciones totales en 2030, recogido en la misma fuente, exige que la recarga deje de ser un cuello de botella.

El valor de la recarga en base no es la potencia máxima, sino la programación inteligente de una potencia media que reduce el coste fijo y exprime cada hora valle.

La normativa europea de vehículos limpios, disponible en el portal de la Comisión Europea, empuja a renovar flotas públicas y privadas. En ese contexto, la infraestructura en la base logística es tan relevante como el propio vehículo.

Cómo dimensionar una instalación de recarga en base

Dimensionar una instalación de recarga en base empieza por estimar el consumo diario real de cada furgoneta. A partir de ahí se decide la potencia por plaza y la potencia total contratada. No todas las unidades necesitan 22 kW; muchas rutas urbanas se cubren con 7,4 kW si el vehículo descansa al menos ocho horas.

  • Potencia por plaza: 7,4 kW como punto de partida para rutas ligeras; 11 kW para flotas mixtas; 22 kW para unidades con más kilómetros diarios o baterías grandes.
  • Simultaneidad: el smart charging reparte la carga entre vehículos y evita multiplicar la potencia contratada por el número de plazas.
  • Infraestructura asociada: revisar cuadro eléctrico, protecciones y obra civil antes de instalar puntos; la instalación debe ser escalable.

Cuánto se ahorra y qué hay que vigilar

El ahorro frente a la recarga pública es la razón principal para instalar cargadores en base. Con tarifas valle de referencia que suelen moverse entre 0,08 y 0,15 € por kWh, el coste energético queda por debajo de la recarga pública en corriente alterna, que habitualmente se sitúa entre 0,30 y 0,45 € por kWh. En una furgoneta que recupere 40 kWh diarios, la diferencia puede rondar los 8 a 12 € por jornada; con 250 días laborables, el ahorro anual supera con holgura los 2.000 € por vehículo.

Eso no significa que la inversión se recupere sola. Hay que vigilar la potencia contratada, el coste del término fijo y la posible ampliación de la instalación si la flota crece. Puntos de 22 kW por plaza son una buena solución para flotas medianas, pero sobredimensionar la potencia encarece la factura fija sin mejora operativa si las rutas son cortas.

Para un autónomo con cinco furgonetas eléctricas, una instalación de 11 a 22 kW con smart charging cubre la operación diaria y deja margen para una unidad más. Para una gran flota de reparto, el punto de partida es un estudio de simultaneidad que evite picos de potencia y permita negociar el término fijo con la comercializadora.

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Las ayudas a la infraestructura de recarga y las deducciones por movilidad eléctrica pueden mejorar el retorno, siempre que se tramiten antes del volumen de obra. El criterio de compra no es el cargador más potente, sino la instalación que cobra menos por cada kWh realmente recuperado.