Precios carga coches eléctricos Europa: conductores británicos pagan hasta un 30% más

Un viaje de 3.500 km por media Europa revela que los conductores británicos pagan hasta un 30% más por recargar sus coches eléctricos en vía pública. JayEmm on Cars desvela las cifras y lo que pueden enseñarnos al otro lado del Canal.

No es la primera vez que James, del canal JayEmm on Cars, pone el dedo en la llaga de la movilidad eléctrica. Tras siete años probando coches a batería, su relación con ellos es pragmática: le gustan como electrodomésticos diarios, pero detesta que nos impongan su compra sin resolver la desigualdad de precios de recarga. Por eso se montó en un BMW iX y se fue a recorrer media Europa. El objetivo: comprobar si los británicos están siendo esquilmados o si el problema es común.

Un road trip sin planificar: la prueba de fuego para cualquier eléctrico

James quería viajar como lo haría con un coche de combustión. Sin itinerarios milimétricos, sin aplicaciones para cada parada, parando cuando el depósito —perdón, la batería— lo pidiera. Junto a dos amigos, arrancó en Inglaterra, cruzó el Canal en ferry y puso rumbo a los Países Bajos. En Ámsterdam visitaron el museo de la Operación Market Garden, luego zigzaguearon por Alemania hasta Berlín, se desviaron a Polonia para ver el campo de Stalag Luft III y terminaron en el circuito de Nürburgring para las 24 Horas. En total, 3.552 kilómetros en dos semanas, casi todos en suelo continental.

El BMW iX, un compañero silencioso y tragón de autopista

El coche lo puso BMW: un iX con apenas 600 millas en el cuentakilómetros. La batería de 105 kWh netos prometía más de 480 km de autonomía, y el equipo de JayEmm on Cars quería ver si cumplía. Lo hizo, pero con matices. A 80 km/h el consumo se estiraba hasta rozar los 5 km/kWh, pero a 110 km/h caía a 3,8, y apurando los 200 km/h en la Autobahn la cifra se hundía estrepitosamente. «En un par de ocasiones vimos la batería al 3 % y el coche nos llevó a un cargador rápido sin aspavientos», relata James. La recarga a 195 kW (pico de 200 kW en algún momento) metía mucha energía en 30 minutos, aunque para llenar del todo necesitabas casi una hora.

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La red de carga en Europa: un oasis de coherencia frente al caos británico

Si hay algo que enfurece a James es la jungla de tarifas y carnés que domina Reino Unido. «Antes los cargadores eran baratos, muchos gratis. Hoy, sin un abono de 10 libras al mes en cada red, pagas 89 peniques por kWh en Ionity. En Europa, con el mismo operador, el precio base son 58 céntimos, y con un plan de 5 euros al mes baja a 39 céntimos de euro, unos 36 peniques». La diferencia es abismal: cargar en casa sigue siendo más barato, pero al menos en el continente la recarga pública no te arruina.

«Aquí en Gran Bretaña hemos metido la pata. No hay razón válida para que nuestros precios de carga pública sean tan superiores a los del continente»

— James, JayEmm on Cars

Cifras que hablan solas: 1.007 kWh, 400 libras y una equivalencia sorprendente

Durante el viaje, el iX consumió 1.007 kWh, prácticamente mil clavados, y la factura eléctrica ascendió a unas 400 libras. La gran mayoría de las recargas se hicieron en postes Ionity a 39 céntimos, con algún chute más caro de 43 céntimos. Haciendo números, James obtuvo una equivalencia de 47 millas por galón (unos 5 l/100 km) suponiendo combustible a 1,50 libras el litro, un coste inferior al que habría tenido con un X5 o un Cayenne. «Si hubiera ido con mi Cayenne de 500 CV, el gasto en gasolina se habría ido por encima de las 1.200 libras», reconoce. Pero la auténtica ganga llega al enchufar en casa: entonces el equivalente sería de 400 MPG, una cifra de ciencia ficción.

El contexto británico: por qué cargar en público es un lujo para muchos

El vídeo de JayEmm on Cars toca una tecla dolorosa en Reino Unido: 4 de cada 10 hogares no tienen dónde instalar un cargador, así que dependen de la vía pública. Si cargar en un poste rápido te cuesta lo mismo que llenar el depósito de un V8, el argumento económico del coche eléctrico se desmorona. En Europa, al menos, los precios se mantienen en una franja que no disuade a los indecisos. Alemania, Países Bajos o Polonia ofrecen estaciones de servicio con zonas de descanso infinitamente mejores que las británicas, y la experiencia de recarga rara vez supuso un incordio para James y sus acompañantes. «Cuando viajas con niños, entre los servicios, el picnic y la tienda de recuerdos, 30 minutos se esfuman», apunta.

Lo que podemos aprender al otro lado del Canal

El mensaje de James no es anti-eléctrico, es anti-desigualdad. Le irrita que las tarifas domésticas sigan permitiendo ahorrar una fortuna mientras la calle penaliza a los que no tienen garaje. La solución no pasa por subsidiar coches, sino por poner orden en un mercado de recarga que en Reino Unido sigue siendo un oligopolio de precios altos. Mientras tanto, la escapada europea del iX demuestra que un eléctrico bien planteado puede ser un magnífico devorador de kilómetros, siempre que logres enchufarlo con tarifas sensatas. La pregunta es si los legisladores británicos tomarán nota antes de que el ciudadano medio pase de largo ante el concesionario. Porque al final, como recuerda James, «el bolsillo es lo único que de verdad convence».

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de JayEmm on Cars en YouTube.