El Mercedes 190SL de 1963 que un solo propietario cuidó durante 60 años sale a subasta

El coche se encargó a través de un concesionario de Minneapolis y se recogió en la fábrica de Stuttgart en 1963. Conserva sus números de fábrica, dos data cards originales y facturas de mantenimiento desde 1978.

El Mercedes 190SL de 1963 que ahora sale a subasta sin reserva cruzó Europa recién estrenado camino de una boda en Noruega. Pasó después más de sesenta años en las mismas manos, sin cambiar jamás de propietario.

Lo encargó un capitán de United Airlines junto a su mujer a través de un concesionario Studebaker-Packard de Minneapolis, Minnesota, y ambos lo recogieron en la propia fábrica de Mercedes-Benz en Stuttgart. Desde allí pusieron rumbo a Trondheim para celebrar su enlace, recorrieron el continente durante tres meses con el coche como único equipaje y lo embarcaron después hacia Nueva York para conducirlo de vuelta a Minnesota. La pareja conservó el automóvil hasta su fallecimiento. Hoy lo ofrece, en nombre del trust de los propietarios, el vendedor que lo ha custodiado desde entonces.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: un 190SL de 1963 con entrega en fábrica, un único matrimonio propietario durante más de seis décadas y las numeraciones de motor, caja, ejes, dirección y carrocería concordantes con las data cards originales.
  • No te lo puedes perder: el coche hizo su propio viaje de novios. De Stuttgart a Trondheim para la boda, tres meses de gira europea y travesía en barco hasta Nueva York antes de volver rodando a Minnesota.
  • Cifras y producción: motor M121 de 1.9 litros con 104 CV y 142 Nm, cambio de cuatro marchas, 63.000 millas en el odómetro y llantas de acero originales fechadas en octubre de 1962. Mercedes-Benz fabricó 25.881 ejemplares entre 1955 y 1963, según el registro de producción de la marca.

Un lote sin reserva con historial completo desde 1978

La ficha del lote describe un 190SL pintado en Light Red (519) sobre cuero Parchment, con capota negra y su funda a juego, retrovisor en el lado del conductor y los embellecedores del parabrisas, la parrilla y los paragolpes en buen estado. Las cinco llantas de acero de 13 pulgadas que calza son las originales y van fechadas en octubre de 1962, con neumáticos Vredestein Sprint Classic de banda blanca; en el maletero viaja una rueda de repuesto con el mismo código de fecha y un viejo BFGoodrich Silvertown.

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Bajo el capó, el cuatro cilindros M121 de 1.9 litros rinde los 104 CV y 105 lb-ft —142 Nm— que la marca homologó en su día, asociado a un cambio manual de cuatro marchas totalmente sincronizado. La numeración del motor coincide con la de la data card, y el vendedor aporta fotografías que acreditan que las de la caja, los ejes, la caja de dirección y los paneles de carrocería también son de fábrica. Un numbers-matching completo, que no abunda en este tramo de mercado. La suspensión delantera es de doble triángulo y la trasera recurre a ejes oscilantes con muelles helicoidales; los frenos son de tambor asistidos.

Parchment pedido, gris entregado: la errata que tardó 44 años en corregirse

Conviene detenerse en un detalle que dice mucho del tipo de propietario que tuvo este coche. Se pidió con tapicería de cuero Parchment y Mercedes-Benz lo entregó con el interior en gris. La reclamación quedó sin resolver durante décadas, hasta que en noviembre de 2007 Turner’s Upholstery, un tapicero de Portsmouth, New Hampshire, recoloreó el salpicadero e instaló un kit de fábrica de cuero Parchment y moqueta. Cuarenta y cuatro años más tarde, el coche lucía por fin el interior que su primer dueño había marcado en el formulario.

Pocas veces un simple cambio de color de tapicería explica tanto: aquí no se restauró un coche, se cerró una reclamación de 1963.

El equipamiento incluye radio Blaupunkt Frankfurt AM/FM, reparada en 2015, cinturones de regazo, reloj analógico y retrovisor montado sobre el salpicadero. Tras el volante de dos radios, la instrumentación VDO reúne velocímetro de 140 mph, cuentarrevoluciones de 7.000 rpm y relojes de presión de aceite, temperatura y combustible. El odómetro de cinco dígitos marca 63.000 millas, unos 101.000 kilómetros.

Acompañan al coche dos data cards, los cuadernos de entrega europea y garantía, la documentación de fábrica, facturas de mantenimiento desde 1978, funda, cadenas de nieve de fábrica y piezas de recambio. El vendedor publica en la galería lecturas de medidor de pintura; el capó y el maletero se repintaron en 2019 tras reparar unas abolladuras. La capota muestra desgaste y el hardtop de fábrica se perdió en el incendio de un edificio, un accesorio que hoy sería difícil de reponer. Las facturas antiguas anotan una fuga de la transmisión; en 2021 se sustituyeron bujías, platinos, condensador, junta del colector de admisión y manguitos del radiador, y los platinos se limpiaron en 2026. La solicitud del título de New Hampshire ya está aprobada.

Por qué el 190SL ha dejado de ser el hermano pobre

El 190SL nació de una intuición comercial de Max Hoffman, importador de Mercedes-Benz en Estados Unidos, que en el Salón de Nueva York de 1954 presentó el prototipo junto al 300SL. La versión de producción llegó en 1955 con la mecánica derivada de la berlina 180 y un chasis acortado, no del superdeportivo de alas de gaviota, como resume la ficha histórica del modelo. Mercedes-Benz fabricó 25.881 unidades hasta 1963. Durante décadas se le llamó el SL de los pobres; hoy esa etiqueta se ha quedado vieja.

La razón es de mercado. El 300SL Gullwing se ha convertido en un coche de siete cifras y ha empujado a una generación de compradores hacia abajo en la escala. El 190SL, cuatro cilindros y dos plazas con capota de lona, ha visto subir su cotización de forma sostenida, y lo que paga el mercado ya no es la potencia sino la trazabilidad. En ese terreno, este ejemplar tiene argumentos poco frecuentes: pedido en fábrica con entrega europea, dos data cards, cuadernos de garantía, facturas desde 1978 y un numbers-matching verificado con fotografías.

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Hay un factor que suele pasarse por alto y que aquí pesa: la entrega europea. Los cuadernos de servicio y garantía emitidos en Stuttgart en 1963 convierten este coche en un ejemplar con la historia narrada desde el kilómetro cero, algo que ningún informe de restauración posterior puede replicar. En un mercado donde los 190SL se cuentan por decenas en cada temporada de subastas, la diferencia entre un buen coche y un coche deseable está en papeles como estos.

En su contra juegan tres cosas. La capota está desgastada, el hardtop desapareció en un incendio y el capó y el maletero llevan pintura de 2019. Nada de ello es grave, pero todo suma a la hora de negociar. La subasta sin precio de reserva, además, favorece que el remate refleje el mercado real y no una expectativa: el trust quiere liquidez y la plataforma concentra las pujas en los últimos minutos, con una comisión del comprador que se añade al precio de martillo. Quien se lo lleve heredará un coche con una historia verificable, que es exactamente lo que sostiene el valor de un clásico cuando el entusiasmo se enfría.

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