La vigilancia mediante lectores automáticos de matrículas en Estados Unidos ha superado todos los límites. El sistema Flock Safety, desplegado por cuerpos policiales de todo el país para monitorizar el tráfico, ha sido utilizado en al menos quince casos documentados para acosar a ciudadanos, espiar a exparejas y seguir los movimientos de personas sin causa justificada. Y si pensaba que bastaba con no llevar el coche, el nuevo producto SignalTrace rastrea las señales electrónicas de teléfonos, pulseras inteligentes y hasta el sistema multimedia del vehículo, sin necesidad de matrícula a la vista.
La información, publicada por medios independientes, ha dejado al descubierto un entramado de vigilancia masiva que recuerda que el derecho a la privacidad no está garantizado ni siquiera al volante. El dato más alarmante: una base de datos filtrada, HaveIBeenFlocked, permite a cualquier ciudadano comprobar si su matrícula ha sido consultada por la policía a través de Flock.
El sistema Flock expuesto: abusos policiales y filtraciones de datos
Flock es una empresa privada que vende cámaras de lectura de matrículas a gobiernos locales y estatales de Estados Unidos. Sus dispositivos, alimentados por energía solar, capturan imágenes de los vehículos que circulan por la vía pública y almacenan la información en servidores gestionados por la compañía. La promesa comercial habla de «privacidad ante todo», pero los hechos apuntan en dirección opuesta.
Según la propia compañía, desde enero de 2024 se han detectado quince incidentes de uso indebido de su base de datos por parte de agentes de la ley. Dos de ellos ejemplifican la gravedad del problema. Un oficial de Florida utilizó el sistema para acosar a su expareja y a los familiares de esta durante varios meses, rastreando más de una matrícula sin que existiera investigación oficial alguna. En Misuri, otro agente acumuló 542 consultas en diez meses, supuestamente de prueba, para vigilar los desplazamientos del coche de su esposa y de un segundo vehículo no identificado.
El agente acumuló 542 consultas en diez meses, supuestamente de prueba, para vigilar los desplazamientos del coche de su esposa y de un segundo vehículo no identificado.
El patrón fue detectado por un colectivo ciudadano, Deflock Joplin, que reconstruyó la cronología de las búsquedas. Tras la investigación interna, el oficial «ya no trabaja para la ciudad de Joplin», según el comunicado de la policía local. El caso de Florida ni siquiera trascendió hasta que la víctima denunció los hechos, meses después.
La base de datos filtrada, HaveIBeenFlocked, permite entender la magnitud de la vigilancia. El acceso a las consultas evidencia que no se trata de casos aislados: la opacidad del sistema ha sido la norma hasta que los investigadores independientes pusieron el foco sobre Flock.
SignalTrace: el rastreo sin matrícula que borra las barreras físicas
La nueva frontera de la vigilancia electrónica
Mientras los abusos con las placas siguen su curso, la industria de la vigilancia ya ha dado el siguiente paso. SignalTrace, un producto aún en fase de despliegue, permite identificar y rastrear a las personas a través de las señales inalámbricas de sus dispositivos electrónicos. Teléfonos móviles, relojes inteligentes, pulseras de actividad e incluso los sistemas de infoentretenimiento del coche emiten identificadores digitales que ahora pueden ser capturados por las mismas cámaras que antes solo leían matrículas.
El resultado es un rastreo continuo, sin necesidad de que el coche lleve placa visible, sin que el conductor haya cometido infracción alguna y sin su consentimiento. En palabras de los analistas, «ya no se necesita estar en un coche para ser perseguido».

Los defensores de la privacidad advierten de que esta tecnología convierte las vías públicas en un circuito de vigilancia electrónica equiparable a un panóptico digital. Y la pregunta inevitable es si esta deriva alcanzará Europa, donde las leyes de protección de datos, como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), imponen más restricciones, pero no impiden que los sistemas similares se vayan introduciendo de forma gradual.
Qué significa todo esto para un conductor español que viaje a Estados Unidos
Si alquilas un coche en cualquier ciudad estadounidense, tu matrícula será escaneada decenas de veces al día sin que te des cuenta. No existe un aviso, no hay opción de exclusión y la información puede ser consultada por agentes que, como se ha demostrado, no siempre la utilizan con fines legítimos. La lectura de la placa se asocia además a la hora, la ubicación exacta y, con SignalTrace, a la identidad digital de los ocupantes.
España cuenta con un marco de videovigilancia más acotado, pero el precedente norteamericano muestra hasta dónde puede llegar la tecnología cuando los controles fallan. La Comisión Europea ha abierto debates sobre el uso de sistemas de reconocimiento automático de matrículas y la inteligencia artificial en espacios públicos. Mientras tanto, las cámaras ya están ahí, y su capacidad de rastreo se multiplica.
Por eso, antes de cruzar el Atlántico, conviene recordar que la privacidad no está incluida en el seguro a todo riesgo. La tecnología que diseñaron para «conectar comunidades y resolver incidentes» se ha convertido, en demasiadas ocasiones, en una herramienta de vigilancia sin cortapisas. Y lo que ocurre al otro lado del charco suele ser el avance de lo que después llega a nuestras carreteras.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: quince casos de abuso policial reconocidos por Flock desde enero de 2024; un solo agente acumuló 542 consultas abusivas en diez meses.
- Consejo práctico: si alquilas un coche en Estados Unidos, asume que tu matrícula está siendo escaneada y almacenada sin tu consentimiento. No existen mecanismos para solicitar que se borren esos datos a corto plazo.
- Así te afecta: el modelo de vigilancia sin control que exhibe el mercado estadounidense anticipa los riesgos que podrían llegar a Europa. La privacidad del conductor se convierte en un derecho vulnerable cuando los sistemas se despliegan sin supervisión efectiva.

