Cuando el Lancia Fulvia 1600 HF irrumpió en el mercado, ya llevaba en su ADN la victoria en la clase de la Targa Florio de 1966, un título que la versión de calle heredó en sus líneas afinadas y su mecánica de V4 estrecho. Ahora, un ejemplar de la serie 2, conocido como Fanalino, busca nuevo propietario en la subasta de Bring a Trailer, con una historia de restauración que realza su espíritu competitivo.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: Este Lancia Fulvia Coupé 1600 HF de 1971 ejemplifica la última evolución del campeón de la Targa Florio en la variante ‘Fanalino’, la que prescindió de las ópticas sobredimensionadas del primer HF para adoptar un frontal más limpio.
- No te lo puedes perder: El motor V4 de 1,6 litros, ensamblado por un especialista neoyorquino en 2018, luce cigüeñal aligerado, árboles de levas de alzada elevada y un bloque sobredimensionado que lo acerca a los 115 CV de las versiones de competición.
- Cifras y cotización: Entre 1969 y 1973 Lancia produjo algo más de 3.600 unidades del Fulvia 1600 HF en todas sus series; el ejemplar que ahora se subasta en Bring a Trailer carece de precio de reserva y reaviva el interés por la última evolución del célebre V4 estrecho.
El Fulvia Coupé, diseñado por Piero Castagnero en el seno de Lancia, se había revelado como un arma temible en los rallyes desde su debut en el campeonato italiano. La victoria de clase en la Targa Florio de 1966, con un Fulvia HF 1.2, sentó las bases para las versiones más potentes que vendrían después. La evolución natural cristalizó en el 1600 HF, que llegó en 1969 con capó, puertas y tapa del maletero de aluminio —el celebérrimo Fanalone, llamado así por sus faros interiores de 170 mm—. Cuando en 1970 la carrocería pasó a ser de acero y los grupos ópticos se homogeneizaron, nació el Fanalino, el ‘farolito’, que ganó en homogeneidad estética y perdió unos kilos de exclusividad sin renunciar al talento dinámico.
Un ‘Fanalino’ con pedigrí de competición
El chasis 818740001317 que nos ocupa llegó a Estados Unidos en 2015 después de recibir un repintado y una reconstrucción del motor en Italia. Aquel mismo año protagonizó su primer paso por Bring a Trailer, y en 2016 pasó a manos del actual propietario, quien lo ha sometido a una profunda revisión. La carrocería, vestida en un amarillo luminoso con las características gráficas HF en blanco sobre los guardabarros, recupera la imagen de las unidades que corrían en el Mundial de Rallyes, acentuada por los faros auxiliares Marchal, los vinilos negros de pinstriping y unas aletas ensanchadas a juego con la pintura.
Las llantas Cromodora de aleación ligera, calzadas con neumáticos Michelin de 175 mm, lucen falsos knock-off de tres orejetas y centros pintados en el mismo amarillo de la carrocería. Bajo la chapa, el esquema de suspensiones mantiene la fórmula clásica: triángulos superpuestos y ballesta transversal delante, eje rígido con ballestas semielípticas y barra Panhard detrás, y estabilizadoras en ambos ejes. Los frenos de disco en las cuatro ruedas completan un conjunto que en su día se consideró de lo más avanzado para un tracción delantera.
La transformación mecánica en Estados Unidos
El corazón del Fanalino es el mítico V4 estrecho, aquí con una cilindrada incrementada gracias a un bloque sobredimensionado montado en 2018 por el taller neoyorquino Domenick’s European Car Repair. La preparación incluye carburadores Solex dobles, árboles de levas de alzada elevada, volante motor de aluminio y un colector de escape no original que deja escapar un rugido más ronco. La potencia, que en origen rondaba los 115 CV, se transmite a las ruedas delanteras a través de una caja de cambios manual de cinco velocidades con primera hacia atrás —dogleg—, un recurso típico de las cajas de competición de la época.
El habitáculo ha sido retapizado en vinilo negro y amarillo, con asientos tipo buttress y una jaula de seguridad que aporta rigidez y subraya la vocación deportiva del conjunto. El volante de madera Ferrero y la instrumentación Veglia Borletti, con velocímetro hasta 220 km/h y cuentavueltas con zona roja a 7.000 rpm, remiten a la estética de los Lancia de los setenta. Los cristales traseros y laterales son de policarbonato, otra concesión al aligeramiento que se complementa con un calefactor para hacer más llevadero el uso diario. El odómetro marca 75.000 kilómetros, de los que apenas 300 han sido recorridos durante la actual propiedad.

Análisis: el legado del Fulvia HF en el mercado de clásicos
El Lancia Fulvia HF ocupa un lugar singular en el corazón del coleccionismo. No es el más rápido de su generación, ni el más caro, pero su equilibrio entre agilidad, artesanía mecánica y un palmarés deportivo que incluye el Campeonato Internacional de Marcas de 1972 le confiere un aura difícil de igualar. Frente a rivales contemporáneos como el Alfa Romeo Giulia GTAm o el Porsche 911 2.2, el Fulvia se distingue por su motor V4 —una obra de ingeniería que Lancia defendió durante décadas— y por una puesta a punto que hace de cada curva un placer táctil. Precisamente ese carácter analógico y la escasez de unidades bien conservadas han disparado su cotización en los últimos cinco años, con ejemplares impecables del 1600 HF superando con holgura los 70.000 euros en subastas europeas.
El Fanalino que se ofrece en Bring a Trailer presenta un perfil interesante: no es un coche de concurso, sino un vehículo con pátina de uso y mejoras que lo acercan a las sensaciones de un coche de carreras histórico. La ausencia de precio de reserva puede animar a los postores que buscan un clásico para disfrutar, y la procedencia documentada —con manuales, libros y registros de restauración— aporta la tranquilidad que exige el comprador exigente. Si el mercado responde con una cifra acorde, este chasis demostrará que la fórmula del V4 estrecho y la tracción delantera noble sigue despertando pasiones entre los entendidos.
El Fulvia HF no fue el más rápido, pero su nobleza mecánica y su equilibrio dinámico lo convirtieron en un referente que hoy los coleccionistas persiguen con devoción.
Más allá del resultado económico de la puja, la subasta supone un pequeño homenaje a una saga de deportivos que hicieron grande a Lancia en los tramos más duros de Europa. El Fanalino no es solo un coche: es el eslabón que une la odisea siciliana de 1966 con la cotidianidad de un garaje neoyorquino, y que ahora espera a su próximo dueño con la misma determinación con la que una vez miró a los ojos a la Targa Florio.

