A veces, menos es más. Y cuando hablamos de un pick-up que promete hacer de todo, la sencillez puede ser el mejor argumento de venta. En su última prueba, Quattroruote se ha llevado el renovado Isuzu D-Max a la pista de asfalto y a su exigente circuito off-road para comprobar si el turbodiésel 2.2 y la tracción 4×4 están a la altura de la promesa: “saper fare tutto”, saber hacerlo todo.
Un interior pensado para trabajar, no para deslumbrar
Nada más subir al habitáculo, el presentador del canal italiano deja claro que este D-Max no busca epatar con pantallas gigantes ni materiales acolchados. La postura de conducción es una buena via de media entre un furgón vertical y un SUV tumbado: el volante se regula entre 19 y 23 grados de inclinación, un valor más bajo que el de muchos todocaminos puros. Los asientos, con ajustes eléctricos, permiten un amplio margen en altura. En la versión Crew Cab con cinco plazas, el espacio trasero convence: con un ocupante de 1,90 m al volante, sobran varios centímetros para las piernas y la cabeza.
El cuadro de instrumentos combina esferas analógicas para el combustible, la temperatura del motor y el cuentavueltas con una pantalla central de 7 pulgadas. No es un panel 4K de última generación, pero cumple su cometido siendo fácil de leer y sin distracciones. La pantalla del infoentretenimiento, aunque de gráficos algo anticuados, incluye funciones muy útiles como Apple CarPlay y Android Auto, que tapan con solvencia cualquier carencia estética, según el probador.
El verdadero protagonista: la caja de carga
Un pick-up se mide por su zona de trabajo. La ribaltina trasera está amortiguada con pistones de gas a ambos lados y el paragolpes esconde una hendidura que sirve de escalón improvisado para acceder al piso sin abrir la puerta. El revestimiento nervado del suelo está diseñado para asumir arañazos y golpes sin miramientos. En esta variante de doble cabina, el cajón mide 1,47 m de largo por 1,52 m de ancho, una cota más que decente pese a ser 80 cm más corto que en las versiones de cabina simple. La capacidad de carga útil ronda los 900 kg.
Quattroruote insiste en que aquí no hay que tener miedo a estropear nada: “Es un pick-up, el cajón está para usarlo”. La cubierta retráctil que equipaba la unidad de pruebas permite proteger la carga sin tener que abrir la portezuela cada vez, un detalle práctico que agradecerán quienes usen el D-Max como herramienta diaria.
Donde acaba el asfalto, empieza la fiesta
Y entonces llega el momento de la verdad: la pista todoterreno con pendientes del 60 %. El presentador admite sin rodeos que el D-Max se comporta como un auténtico tractor. El ruido del motor y la rudeza del cambio automático de ocho velocidades no buscan el confort total, pero transmiten una solidez aplastante. Incluso en rampas que parecen imposibles, el pick-up japonés no se rinde. Esa capacidad de no claudicar cuando coches y furgonetas normales ya habrían quedado atascados es, para el probador, la mejor definición de versatilidad pragmática.
“No será el vehículo más cómodo del mundo en carretera, pero cuando el asfalto se acaba, el D-Max sabe defenderse como pocos”.
— Quattroruote
Prestaciones y consumos en un mundo que pide eficiencia
Bajo el capó desaparece el antiguo 1.9 y llega un nuevo 2.2 turbodiésel. La potencia se mantiene casi idéntica, pero el par motor salta de 360 a 400 Nm, un empuje extra que se agradece tanto en carretera como en campo. La aceleración de 0 a 100 km/h se queda en 12,5 segundos reales, una cifra sin pretensiones pero acorde al tipo de vehículo. La velocidad máxima es de 180 km/h.
En la frenada, el D-Max recurre a discos delanteros ventilados y tambores traseros, una solución robusta que penaliza ligeramente la distancia de parada: 46 metros desde 100 km/h en seco y con carga mínima. En cuanto al gasto de combustible, los datos de la prueba arrojan una media cercana a los 10 km/l (unos 10 litros cada cien kilómetros). En ciudad se baja a 9 km/l, en autovía se sube a casi 12 km/l, y lo más destacado: incluso a plena carga el consumo apenas empeora 1 km/l. Con el diésel rozando los 2,10 euros por litro, recorrer 100 km mixtos cuesta unos 21 euros. El presentador subraya que el rendimiento en autopista es el mejor que han registrado hasta la fecha en un pick-up turbodiésel.
Precios y configuración: un catálogo sin concesiones
El Isuzu D-Max arranca en los 33.000 euros (IVA no incluido) para la versión Single Cab de dos plazas. La doble cabina Crew parte de 35.700 euros más impuestos. La unidad analizada, un Crew con el acabado tope de gama Nitro Sport, alcanza los 55.266 euros con IVA ya incluido. Una horquilla amplia que refleja la versatilidad de un vehículo que puede ser herramienta de trabajo pura o todoterreno con aires de aventura.
La lectura que propone Quattroruote es clara: quien elige un pick-up no busca un coche de lujo, sino un aliado que responda cuando las cosas se ponen difíciles. El D-Max 2.2 lo consigue con una honestidad mecánica que casi se echa de menos en el mercado actual. Quizá no enamore en los atascos de ciudad, pero en el barro, en la obra o en el monte demuestra que la simplicidad bien ejecutada sigue siendo una gran virtud.
¿Tú cambiarías un SUV de alta gama por un pick-up tan rudo como este? Te leemos en comentarios. Mientras, puedes ver el análisis completo en el vídeo de Quattroruote.

