El proyecto del túnel bajo el Estrecho de Gibraltar lleva bastante tiempo sobre la mesa, aunque todavía no hay ningún informe definitivo que confirme su viabilidad, ni mucho menos los responsables se han puesto manos a la obra. Pero sí es cierto que es un asunto que vuelve a ser de actualidad cada cierto tiempo, porque la idea de unir Europa con África por tierra es bastante interesante.
Ahora bien, ¿el túnel es realmente necesario desde el punto de vista de la movilidad que ya conocemos? Es lo que se plantea Elena, geógrafa, que señala que la clave no está en lo que falta por construir, sino en lo que ya existe desde hace siglos. Veamos de qué se trata.
2¿Qué cambiaría en el terreno de la movilidad?
El proyecto del que España y Marruecos llevan mucho tiempo hablando no es un túnel para coches, sino uno ferroviario. Tendría unos 60 kilómetros de longitud, y 28 de ellos discurrirían por debajo del mar, por lo que superaría incluso al Eurotúnel que une Francia con Estados Unidos. Los costes estimados, como es de esperar, alcanzarían cifras de entre 15.000 y 30.000 millones de euros, según los propios organismos implicados.
Además, por su envergadura no sería algo inmediato ni mucho menos, sino que no podría estar en funcionamiento hasta 2040, como mínimo. Entonces, ¿cambiaría algo para los vehículos que cada año cruzan el estrecho? Elena cree que poco o nada, porque el diseño no contempla al tráfico rodado y sí al transporte de mercancías, pasajeros y un eje intercontinental que no dependería del vehículo privado.
Este túnel no va a sustituir al ferry ni mucho menos, ni va a evitar la necesidad de tener puertos ni un avanzado transporte marítimo. Simplemente, sumaría una alternativa más, pensada para otro tipo de desplazamientos y de la que otro perfil se beneficiaría, pero ¿suficiente como para justificar la inversión?
Elena también pide tener en cuenta que el estrecho tiene profundidades cercanas a los 900 metros y fuertes corrientes por la confluencia del Atlántico y el Mediterráneo, además de que hablamos de una zona sísmica activa en la que interactúan las placas africanas y euroasiáticas.


