Llenar el depósito se ha convertido en un ejercicio de paciencia. En muchas gasolineras, la gasolina supera ya los 2 euros el litro y el precio no da tregua. Por eso cada vez más conductores buscan la gasolina low cost para recortar unos céntimos. La duda es si ese ahorro pasa factura al motor. Los mecánicos lo tienen claro: el problema casi nunca es el combustible, sino el mantenimiento descuidado.
El combustible low cost es el mismo, según los mecánicos
En redes sociales circulan vídeos y comentarios de todo tipo sobre si la gasolina barata daña el coche. El mecánico Juan José Benezer lo ha zanjado en uno de ellos con una frase rotunda: el combustible es el mismo en España. Lo que cambia, señala, es la marca y el paquete de aditivos que se añade a cada surtidor.
Ese aditivo es la única diferencia apreciable frente a las grandes marcas. Su función es llegar hasta los inyectores —las piezas que pulverizan el combustible en la cámara de combustión— y mantenerlos limpios. Según este profesional, la gasolina de una estación de bajo coste y la de una de marca premium parten de la misma base; el extra de precio se paga, sobre todo, por ese tratamiento adicional.
Para él, no merece la pena pagar de más por ese aditivo. Su recomendación es repostar donde resulte más económico y añadir después un aditivo propio, con una proporción más alta y, por tanto, más eficaz que el que ya viene mezclado de fábrica.
El surtidor barato no rompe motores; lo que los rompe es estirar el cambio de aceite y dejar que la suciedad llegue a los inyectores.
Dónde está el verdadero riesgo para el motor
El aviso de los mecánicos apunta a otro sitio: no al surtidor, sino a la falta de mantenimiento. Un motor que no recibe el aceite en condiciones, que arrastra suciedad o que trabaja con inyectores obstruidos acaba pasando factura. Y esa factura, esta vez, se mide en miles de euros.
El primer frente es el aceite de motor. Se degrada con los kilómetros y pierde capacidad de lubricar y de arrastrar partículas. Si se estira el intervalo más allá de lo que marca el fabricante, la fricción sube, la temperatura también y las piezas sufren. Un cambio a tiempo cuesta entre 70 y 120 euros, según el modelo; una avería por lubricación deficiente puede multiplicar esa cifra por veinte.
El segundo frente es el depósito. La suciedad, los sedimentos y hasta las algas que se forman con el tiempo acaban viajando hasta los inyectores y obstruyéndolos. Aquí entra en juego el aditivo: ayuda a limpiar el sistema y a mantener la pulverización en su punto. Añadirlo cada cierto número de repostajes es una rutina barata —entre 8 y 20 euros por bote— que alarga la vida de componentes caros de sustituir.

Cuánto cuesta no hacerlo
La diferencia entre prevenir y reparar es abismal. Un plan de mantenimiento bien llevado —cambio de aceite y filtros en su intervalo, un aditivo de calidad y el depósito razonablemente limpio— se mueve en el entorno de los 100 a 200 euros al año. Una avería de inyectores, en cambio, arranca en varios cientos de euros y, si el problema llega al interior del motor, puede acercarse a los 2.000 euros o superarlos.
Ese es el punto que se pierde en la polémica sobre la gasolina low cost. No es la primera vez que el combustible aprieta: en 2022, con la guerra de Ucrania, muchas gasolineras superaron los 2,10 euros el litro y el debate volvió a la palestra. Entonces, como ahora, el combustible menos caro no era el enemigo; lo que rompe motores es la dejadez con el calendario de mantenimiento.
La próxima vez que toque revisar el coche, mira el libro de mantenimiento y comprueba dos fechas: la del último cambio de aceite y la de la próxima ITV. Si el intervalo está cerca, no lo dejes pasar. Ahorrar unos céntimos por litro tiene sentido; ahorrarlos a costa del motor, ninguno.

