La peor crisis de calidad de Ford en décadas encuentra en Almussafes su antídoto. La planta valenciana, que lleva años desmontando un motor al día para inspeccionarlo, se ha convertido en el espejo donde el gigante de Dearborn quiere reconstruir una fiabilidad que en 2025 se hundió bajo el peso de 12,9 millones de vehículos llamados a revisión.
El récord que ningún fabricante quiere: 153 campañas y 12,9 millones de coches afectados
Ford lideró en 2025 el ranking que ninguna marca desea encabezar. 153 campañas distintas de revisión arrastraron a los talleres de todo el mundo a 12,9 millones de unidades, una cifra que deja muy atrás a Stellantis —con 2,7 millones— y que convierte el año pasado en el peor de la historia reciente del fabricante en materia de recalls.
El golpe va mucho más allá del titular. Detrás de cada campaña hay un coste directo en piezas y horas de taller que los balances aún no han cuantificado por completo, pero que consultoras del sector sitúan en varios cientos de millones de euros. Y peor aún: la credibilidad comercial se resiente justo cuando la marca acelera su electrificación y necesita retener a los clientes que podrían migrar hacia competidores asiáticos o europeos con indicadores de calidad más sólidos.
La pregunta que sobrevolaba Dearborn era obvia: ¿dónde está el origen del problema y cómo se ataja antes de que el daño reputacional se cronifique? La respuesta estaba escondida en una fábrica que ha vivido sus propias turbulencias.
Almussafes, el laboratorio de calidad que Ford despreciaba
Neil Wilson, responsable de la planta de motores de Essex (Canadá), lo explicó sin rodeos durante una reciente entrevista con Road & Track: Ford ha cambiado radicalmente la forma de supervisar sus motores tras fijarse en los indicadores de calidad de su red de factorías. La sorpresa saltó cuando la fábrica con mejores registros resultó ser Almussafes, la planta valenciana que arrastraba años de incertidumbre sobre su futuro y que, sin embargo, ya trabajaba con un método que ahora se convierte en estándar mundial.
El sistema es sencillo en su enunciado pero costoso de implantar: cada día se selecciona un motor de la línea de producción, se somete a pruebas y se desmonta pieza por pieza. No se hace porque haya una avería conocida, sino para detectar señales tempranas de desviaciones que aún no han provocado fallos. Hasta 2024, la norma en el resto de fábricas era desmontar un motor cada tres meses o solo cuando ya había sospechas fundadas.
El salto conceptual es grande: en lugar de reaccionar al incidente, Ford se obliga a adelantarse a él. Y el resultado de esa anticipación ya se traduce en una reducción de las reclamaciones de garantía que la compañía describe como significativa, aunque se niega a dar cifras concretas.
La planta que Ford casi cierra se ha convertido en su tabla de salvación para la calidad.
La gran novedad es el uso de inteligencia artificial para escoger el motor que será inspeccionado. Los algoritmos cruzan miles de parámetros del proceso de fabricación y, cuando detectan comportamientos estadísticamente anómalos —aunque todas las piezas estén dentro de tolerancias—, ese motor se marca como candidato a desmontaje completo. Los técnicos reciben además instrucciones sobre qué zonas analizar con especial atención.
El enfoque, que ya se ha extendido a todas las fábricas de motores de Ford en el mundo, coloca a Almussafes en una posición de referencia interna que contrasta con los titulares preocupantes que la propia factoría ha protagonizado en los últimos ejercicios, cuando la producción del Kuga parecía no bastar para garantizar su carga de trabajo.

Por qué la inteligencia artificial no borrará las campañas de revisión hasta 2030
Ford admite sin ambages que los resultados tardarán años en reflejarse plenamente en las estadísticas públicas. La mayoría de los vehículos llamados a revisión en 2025 proceden de desarrollos e industrializaciones de hace un lustro, cuando los procesos de control eran menos exigentes. Así que, aunque las mejoras de calidad empiecen a dar frutos hoy, el volumen total de recalls no se desplomará de inmediato.
Este desfase temporal es el que explica por qué la marca del óvalo sigue apareciendo en los puestos de cabeza de las estadísticas de fiabilidad de organismos como J.D. Power o Consumer Reports. Mientras otros fabricantes —Toyota, Hyundai, incluso Stellantis en algunas gamas— han conseguido estabilizar sus indicadores, Ford carga con una inercia que solo se diluye con el reemplazo generacional de los modelos afectados.
La jugada tiene, no obstante, una vertiente industrial positiva que mira más allá de la crisis actual. Almussafes se afianza como centro neurálgico de calidad justo cuando está a punto de asumir la fabricación del nuevo modelo «multienergía» —con versiones térmicas, híbridas y eléctricas— y del Ford Bronco europeo, un todoterreno asequible que comenzará a ensamblarse a partir de 2028. Que el método de despiece diario se haya gestado en la misma planta que ahora se prepara para esos lanzamientos envía un mensaje de coherencia que la marca necesita con urgencia.
Análisis de Impacto Motor16
- Dato de mercado: La cuota de Ford en Europa cayó 0,9 puntos porcentuales en 2025 respecto al año anterior, según estimaciones de analistas del sector. La pérdida de confianza por los recalls se ha traducido en una fuga de clientes hacia marcas con indicadores de calidad más estables.
- El rumor: Varias fuentes consultadas por Motor16.com apuntan a que el nuevo modelo multienergía de Almussafes podría ser un SUV compacto con versiones híbridas enchufables y eléctricas, heredero espiritual del Kuga pero con una plataforma más moderna.
- Veredicto: Copiar lo que ya funcionaba en Almussafes era lo obvio, pero hay que reconocer a Ford el acierto de haber exportado el sistema con inteligencia artificial antes de que la crisis de imagen fuera irreversible. El reto ahora es comunicar eficazmente esa mejora al cliente final, que solo ve el volumen de llamadas a taller.

