Daihatsu Grand Move: JayEmm demuestra que este MPV japonés de los 90 fue un pionero olvidado

Producido entre 1996 y 2002, este pequeño monovolumen nipón pasó desapercibido en Europa en su momento. Hoy, tres décadas después, JayEmm on Cars recupera su historia y demuestra que fue un adelantado a su tiempo.

El Daihatsu Grand Move es uno de esos coches que el tiempo ha tratado con una mezcla de indiferencia y olvido. Producido entre 1996 y 2002, este pequeño monovolumen japonés pasó prácticamente desapercibido en Europa mientras compañeros de época como el Renault Twingo o el primer Opel Agila se llevaban la atención del público. Sin embargo, como demuestra JayEmm on Cars en su último análisis, estamos ante un vehículo que merece una segunda mirada.

El Grand Move —denominado Pyzar en algunos mercados— se construyó sobre la plataforma del Daihatsu Charade. Y aunque en fotos puede parecer un coche de buen tamaño, la realidad es muy distinta: con apenas 4,1 metros de largo y una anchura contenida, su huella equivale a la de un utilitario moderno. JayEmm lo compara directamente con un Renault 5 actual. La diferencia, claro, es que aquí no hay baterías que ocultar bajo el piso.

Un interior que desafía el tamaño exterior

La magia del Grand Move está en su aprovechamiento del espacio. JayEmm destaca que, pese a sus dimensiones exteriores de supermini, el habitáculo ofrece una generosidad sorprendente. Los asientos traseros, aunque fijos, permiten que dos adultos viajen con holgura tanto en espacio para las piernas como en altura libre al techo. La configuración de serie incluía elevalunas electricos en todas las puertas y aire acondicionado —aunque la unidad que probó tenía este último fuera de servicio—.

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La versatilidad era otro de sus puntos fuertes. Los asientos traseros se abaten completamente hasta quedar planos, y los delanteros también pueden hacer lo mismo. El resultado, según relata JayEmm, es que con un poco de ingenio el coche se transforma en una micro-camper perfecta para escapadas de fin de semana.

La transmisión de la unidad analizada corría a cargo de una caja automática de cuatro velocidades que enviaba la potencia al eje delantero. También existió una manual de cinco marchas y, en ciertos mercados, versiones con tracción total. JayEmm bromea al recordar que esta misma caja podría estar emparentada con la del Toyota MR2 que condujo recientemente, aunque aquella incluía levas en el volante que no servían absolutamente para nada.

La palanca de cambios del Grand Move esconde un detalle curioso: un pequeño selector con dos modos. Al activar ‘Easy’, el motor se limita a 3.000 revoluciones. Si lo pones en ‘Power’, JayEmm confiesa no tener muy claro qué cambia, probablemente alargue un poco más cada marcha. Una anécdota que resume bien el carácter desenfadado del coche.

Con apenas una tonelada de peso y 90 caballos, el Grand Move no va a ganar ninguna carrera. Pero tampoco lo necesita: su encanto está en otra parte.

— JayEmm on Cars

Potencia justa, sensaciones inesperadas

Si esperas cifras de potencia impresionantes, prepárate para una decepción. El motor 1.2 de la unidad probada entrega 90 caballos para mover apenas una tonelada de peso. Más adelante llegó un 1.6 con 91 caballos —una ganancia casi simbólica— y los japoneses, cómo no, se reservaron para su mercado doméstico una versión de 115 caballos que nunca cruzó fronteras. Nada que vaya a acelerar el pulso sobre el papel.

Pero JayEmm insiste en que este coche tiene méritos de sobra. La dirección, por ejemplo, es sorprendentemente comunicativa. Tiene mucha más textura y tacto del que esperas, explica. No es un deportivo, desde luego, pero entra en las curvas con cierta agilidad. La suspensión es blanda, balancea y cabecea, pero eso significa que el confort de marcha es más que decente. De hecho, tras conducir un Renault Twingo de primera generación esa misma mañana, JayEmm encontró muchas similitudes entre ambos.

Un coche para una nueva generación de entusiastas

Lo que más celebra JayEmm del Grand Move es que representa a esa estirpe de coches raros, adorables y fuera de lo común de los 80, 90 y principios de los 2000 que muchos ignoramos en su momento. Hoy, sin embargo, están atrayendo a una nueva generación de aficionados al motor. Gente que no está obsesionada con el cero a cien, la velocidad máxima o las etiquetas de precio desorbitadas. Gente que busca la alegría de conducir por un camino diferente.

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El propietario del coche, un joven llamado Will, es el ejemplo perfecto. Lo recibió con solo 16 años de manos de su padrastro —que lo había comprado como alternativa a un todoterreno demasiado sediento—. La idea original era despiezarlo para aprender mecánica, pero Will se enamoró de él. Lo conservó, se sacó el carnet de conducir con este coche e incluso volvió a examinarse tiempo después para obtener la licencia de cambio manual. En Reino Unido, si te examinas con un automático solo puedes conducir automáticos; un detalle que JayEmm sabe que descolocará a más de un espectador estadounidense.

JayEmm señala un detalle que le pilló por sorpresa: el acelerador es especialmente reactivo desde parado. Tanto que, al salir del aparcamiento, las ruedas delanteras patinaron ligeramente. Algo que, asegura entre risas, no hizo a propósito. Pasados los 8 kilómetros por hora, eso sí, toda sensación de prestaciones se desvanece. Pero al menos sabes que si necesitas incorporarte rápido a una rotonda, el Grand Move responde con dignidad.

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Veredicto y caza del ejemplar perdido

Los asientos no sujetan demasiado en curva, pero son cómodos, y JayEmm aprecia la tapicería de los noventa con sus colores claros que, admite, tienen cierto aire a Toyota Camry de abuelo. El puesto de conducción elevado es otra ventaja: permite ver por encima de los setos veraniegos sin necesidad de recurrir a un SUV mastodóntico. La insonorización es decente para un coche de su época, con poco ruido de viento y solo el ronroneo del escape como banda sonora —aunque en esta unidad un soporte roto del silenciador añadía percusión extra, y la pieza de repuesto ya no se fabrica—.

La disponibilidad de piezas es, reconoce JayEmm, el talón de Aquiles del Grand Move. Se vendieron muy pocas unidades en Reino Unido y hoy apenas quedan un puñado a la venta. No es el coche ideal como vehículo único si dependes de él para ir a trabajar cada día. Will, el dueño, lo combina con un BMW Serie 5 Touring diésel: uno para el día a día, otro para los fines de semana y las quedadas de aficionados como Radwood, el evento que JayEmm describe como el encuentro de coches más inclusivo que ha visitado jamás.

Sobre el precio, hay buenas noticias: los pocos Grand Move que aparecen en el mercado tienen tarifas razonables. Pero JayEmm advierte que con un japonés de esta edad hay que andarse con ojo. El óxido puede esconderse en rincones inesperados, así que recomienda una inspección a fondo o subirlo a un elevador antes de soltar el dinero.

El Grand Move es una rareza, sí, pero una rareza con fundamento. Un coche que nació sin pretensiones, que pasó desapercibido en su momento y que hoy, tres décadas después, encuentra por fin su público. Quizá no sea el más rápido, ni el más práctico, ni el más fácil de mantener. Pero como demuestra JayEmm, tiene algo que muchos coches modernos han perdido: carácter. Y eso no se mide en caballos.

Puedes ver el análisis completo a continuación:

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