Los colores preferidos en los coches: blanco, negro y gris representan el 80% de las ventas

El estudio de iSeeCars confirma que los colores vivos han caído un 65% en tres décadas. Los deportivos son el último refugio del color frente a una oferta dominada por el blanco y el negro.

La dictadura del blanco, el negro y el gris se ha consumado. En 2025, ocho de cada diez coches nuevos matriculados en Estados Unidos vestían colores de escala de grises, según el último estudio de iSeeCars. No es una moda pasajera: es la consecuencia de un mercado que ha convertido la elección del color en una variable financiera. La uniformidad estética tiene detrás una lógica de reventa, rotación de stock y aversión al riesgo que está barriendo del mapa cromático a tonos que hace tres décadas eran mayoritarios.

El dato de partida es inapelable: el 80,4% de los vehículos vendidos en 2025 correspondió a colores de escala de grises. El reparto exacto fue blanco (25,7%), negro (23,4%), gris (22,9%) y plata (8,4%). El único color que logró colarse entre los cinco primeros sin pertenecer a ese espectro fue el azul, con un tímido 9,1% del mercado. Cualquier otro tono queda reducido a una anécdota estadística.

La fotografía del parque en 2025: una escala de grises al volante

El blanco se mantiene como el rey indiscutible, con un cuarto de las matriculaciones. Pero el dato más disruptivo lo protagoniza el gris, que en 1996 apenas representaba un 3,6% de las ventas y ahora se ha disparado un 528,4% hasta rozar el 23%. Es el color que mejor encarna la nueva mentalidad: discreto, funcional, con buena salida en el mercado de segunda mano. El negro también ha escalado posiciones: un 64,5% más en tres décadas, pasando del 14,2% al 23,4% actual. Incluso el plata, pese a perder peso en los turismos, aguanta con un 8,4%.

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La consecuencia inmediata es que los concesionarios apenas se complican: piden blanco, negro y gris porque saben que se venden solos. El azul es el único comodín que permite cierta diferenciación sin asustar al comprador medio. Colores que hace treinta años salpicaban las carreteras y hoy son piezas de museo.

Cómo el rojo y el verde se esfumaron del catálogo en tres décadas

blanco coche popular

Si retrocedemos a 1996, la paleta era radicalmente distinta. Aquel año el rojo acaparaba el 20,1% del mercado, el verde un 13,4% y el beis un respetable 1,6%. Hoy el rojo se ha reducido un 65,2% hasta un exiguo 7%, el verde ha caído un 83,8% y apenas subsiste con un 2,2%, y el beis ha perdido casi tres cuartas partes de su cuota. Colores como el dorado (-98,1%) o el púrpura (-94,7%) han desaparecido directamente de las estadísticas, con un 0,0% de share en 2025.

El declive no responde a un cambio en la preferencia estética espontánea de los compradores, sino a un ecosistema comercial que penaliza el riesgo. Los distribuidores piden colores neutros porque reducen el tiempo medio de estancia en el stock. Un comprador que busca un coche rojo está dispuesto a esperar, pero uno que necesita un vehículo ya acepta blanco o negro sin rechistar. La rotación manda y el color se convierte en un coste de oportunidad.

El color ha dejado de ser una decisión emocional para convertirse en una variable financiera más en la ecuación del concesionario.

El último refugio del color: los deportivos aguantan el tipo

La uniformidad no golpea igual a todos los segmentos. Según los datos de iSeeCars, los deportivos son la categoría que mejor resiste la marea gris: solo un 63,6% salió de fábrica en escala de grises. El azul se disparó hasta el 15,5%, el rojo alcanzó el 10,8% e incluso el púrpura arañó un 1,8%. El comprador de un sports car sigue viendo el color como parte de la experiencia, no como un problema de reventa.

En el extremo opuesto están los pick-ups y las furgonetas, donde la escala de grises copa el 83,5% de las matriculaciones. El blanco, en solitario, se lleva un tercio de ese pastel (33,6%). La explicación es doble: son vehículos de trabajo, donde la funcionalidad pesa más que la estética, y su rotación en flotas hace que los colores neutros sean un requisito operativo.

En paralelo, el mercado de turismos convencionales tampoco escapa a la norma: un 80,7% de los coches matriculados el año pasado eran blancos, negros, grises o plateados. La tendencia es planetaria y, aunque el estudio se centra en Estados Unidos, la pauta se reproduce en Europa con ligeras variaciones. El gris, por ejemplo, lleva años siendo el color más popular en en Alemania.

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El sentido económico de la uniformidad cromática

¿Por qué hemos llegado hasta aquí? La respuesta tiene más que ver con la cadena de distribución que con el gusto del consumidor. Los concesionarios trabajan con stocks cada vez más ajustados y cualquier unidad que se queda en el patio más de 60 días es un lastre para la cuenta de resultados. Los colores neutros no solo rotan más rápido, sino que además deprecian menos en el mercado de segunda mano, según revela el propio estudio de iSeeCars. Un coche blanco o negro se revende antes y a mejor precio que uno verde o naranja, y ese diferencial se internaliza tanto en la oferta como en la demanda.

A esto se suma un factor industrial: pintar un coche de un color poco demandado encarece la logística de producción. Las marcas prefieren concentrar la paleta en siete u ocho tonos de alta rotación y cobrar un suplemento —a veces disuasorio— por los colores especiales. De esta manera, el propio fabricante empuja al comprador hacia la escala de grises antes incluso de que pise el concesionario. Es un círculo vicioso que se retroalimenta: menos oferta de color, menos demanda de color, y vuelta a empezar.

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El precedente más claro lo encontramos en la propia historia del automóvil: en los años veinte, la producción en cadena de Ford impuso el negro como color universal por razones de coste y rapidez de secado de la pintura. Cien años después, la lógica es la misma, aunque ahora el abanico de grises se ha ampliado porque la tecnología lo permite. La diferencia es que entonces no había alternativa; hoy sí la hay, pero el sistema la ha ido arrinconando.

Para el comprador particular, la homogeneización tiene una lectura agridulce. Por un lado, comprar un coche de color neutro es una decisión financiera sensata: más fácil de vender, mejor valor residual, menos riesgo de arrepentimiento. Por otro, se sacrifica la personalidad y, con ella, parte del placer de poseer un automóvil. Los que aún apuestan por el rojo, el verde o —los más atrevidos— el amarillo, lo hacen a sabiendas de que su próxima visita al mercado de ocasión será más complicada.

La tendencia no parece que vaya a invertirse a corto plazo. Mientras el modelo de negocio de los concesionarios siga apoyándose en la rotación rápida, la escala de grises seguirá ganando terreno. El único factor de cambio podría venir de la electrificación: algunos fabricantes, como Hyundai o BMW, están introduciendo paletas más atrevidas en sus modelos eléctricos para diferenciarlos visualmente. Pero por ahora son gestos simbólicos que no alteran la estadística general. La realidad, tozuda, es que ocho de cada diez coches nuevos siguen saliendo de fábrica vestidos de blanco, negro o gris.

Análisis de Impacto

La radiografía del color en 2025 deja tres claves que van más allá de la anécdota estética:

  • Dato de mercado: El 80,4% de los vehículos vendidos en Estados Unidos en 2025 llevaba un color de escala de grises (blanco, negro, gris o plata). En tres décadas, la cuota de colores vivos se ha reducido a menos de la mitad, con desplomes superiores al 80% en el caso del verde o el púrpura.
  • La lectura industrial: La elección del color se ha convertido en una función financiera del canal de distribución. Los concesionarios piden blanco, negro y gris porque minimizan el tiempo de rotación y maximizan el valor residual. Las marcas, a su vez, limitan la paleta de serie y penalizan los colores especiales con sobrecostes, empujando al comprador hacia lo monocromático.
  • Veredicto: La uniformidad cromática es un síntoma de un mercado que prima la eficiencia logística sobre la experiencia de compra. Los deportivos son el único segmento que mantiene algo de variedad, pero el grueso del parque —pick-ups, SUV y turismos— se mueve en una monocromía funcional. Sin un cambio en la estrategia comercial de los fabricantes o una demanda más organizada, la escala de grises seguirá tiñendo las carreteras.