En sus trece años al frente de la edición británica de la Hagerty Price Guide, John Mayhead no recuerda una escalada tan abrupta como la que ha sacudido el mercado de los exóticos europeos en la primera mitad de 2026. Los récords de subasta han caído en cascada y las curvas de cotización dibujan una trayectoria parabólica que invita a preguntarse si estamos ante una nueva burbuja o ante un cambio estructural en el coleccionismo de altos vuelos.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: la cotización de los Ferrari ‘halo’ —288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari— ha registrado subidas sin precedentes, con un Enzo rozando los 18 millones de dólares en la subasta de Mecum en Kissimmee.
- No te lo puedes perder: el Porsche Carrera GT, un modelo que hasta 2022 no superaba los 2,2 millones de dólares, alcanzó los 6,7 millones en la subasta de Broad Arrow en Amelia Island, multiplicando por tres su récord anterior.
- Cifras y cotización: la colección de Phil Bachman derribó 19 récords de Ferrari en una sola velada; desde entonces, los exóticos de bajo kilometraje y especificaciones singulares han mantenido una curva de precios que los analistas califican de “cohete”.
La chispa de Kissimmee y el efecto Bachman
Todo arrancó en la primera semana de enero de 2026, durante la subasta de Mecum en Kissimmee (Florida). El plato fuerte era la colección del difunto Phil Bachman, compuesta por más de 45 Ferrari, en su mayoría ejemplares modernos con muy poco kilometraje y combinaciones de color y equipamiento prácticamente irrepetibles. La expectación se tradujo en pujas encarnizadas: la casa de subastas informó de que 19 récords de la marca del Cavallino cayeron en esa cita, entre ellos los de los cinco “halos” de Marco Polo: 288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari.
El más sonado fue el lote 122, un Enzo con una combinación de colores única y menos de 1.000 kilómetros en su odómetro. El martillo se cerró cerca de los 18 millones de dólares, una cifra que triplicaba el anterior récord del modelo, establecido hace años por el primer Enzo fabricado —propiedad de Fernando Alonso— y el último, encargado por Ferrari para el Papa y subastado con fines benéficos. Aquel remate indicaba que algo había cambiado; ya no bastaban la procedencia o las anécdotas ilustres del bastidor, sino la exclusividad absoluta y un elenco de potenciales compradores dispuestos a cualquier cosa por la pieza que les falta en el garaje.
El contagio imparable: Enzo, Carrera GT y Miura SV pulverizan sus marcas
La fiebre no se quedó en Florida. La semana siguiente, RM Sotheby’s en Arizona volvió a colocar un Enzo y un F50 por cifras muy superiores a las guías de Hagerty para el estado #1 (concurso), aunque sin alcanzar las marcas de Mecum. A finales de enero, el virus cruzó el Atlántico: en París, un Enzo de 2004 con muy pocos kilómetros se adjudicó por 8,1 millones de euros (alrededor de 9,7 millones de dólares) en RM Sotheby’s, mientras que Gooding | Christie’s establecía dos récords mundiales: 9,1 millones de euros por un 288 GTO de 1984 y casi 7 millones de euros por un FXX K Evo de 2018.
Pero lo realmente inquietante fue el contagio a otros modelos y carroceros. En marzo, en el Concours de Amelia Island, Broad Arrow duplicó con creces el récord del Ferrari Monza SP2 al vender una unidad con colores personalizados por casi 5 millones de dólares. Y sobre todo, el Porsche Carrera GT dio el gran salto: la misma casa de subastas colocó un ejemplar por 6,7 millones de dólares, más del triple de lo que jamás se había pagado por el modelo. Al día siguiente, un Lamborghini Miura SV de 1972 estableció su propio techo con 6,6 millones de dólares, confirmando que la escalada no era un fenómeno aislado del Cavallino.

Los ecos de la burbuja de los ochenta: ¿historia repetida o fenómeno distinto?
Los analistas de Hagerty han trazado un gráfico que sobrecoge: el récord de venta pública de un automóvil de colección frente a la riqueza media del 1% más acaudalado de los Estados Unidos. Durante los 22 años que van de 1989 a 2010, el automóvil superó ese umbral solo dos veces, precisamente en 1989 y 1990. Desde 2011, lo ha rebasado en nueve ocasiones. Aquellos años del cambio de década vivieron una burbuja feroz en el mercado de Ferrari que acabó con una estrepitosa corrección. Ian Barkaway, hoy al frente del taller de restauración Barkaways, recuerda que “cambiábamos los ceros en los carteles de los parabrisas cada mes. Los clientes canjeaban tres o cuatro coches para comprar uno”. Entonces, el dinero procedía del estallido de la burbuja inmobiliaria japonesa; hoy, de las fortunas de las criptomonedas y la inteligencia artificial.
El paralelismo no es exacto. “Entonces tratábamos con consorcios que compraban cualquier Daytona solo para dar el pelotazo”, explica Barkaway. “Ahora los compradores son entusiastas que saben exactamente lo que quieren”. Jim Weed, editor de Ferrari Market Letter, añade un matiz sociológico: “Antes la gente coleccionaba porque eran los coches que querían conducir; ahora se colecciona por temas: amarillo, verde, kilómetros de entrega”. Y Rick Carey, veterano analista, subraya el papel de las redes sociales: “Hay millonarios recién creados que persiguen los coches que les dicen que hay que tener, sin saber muy bien por qué. Es la dictadura del like”.
El dinero nuevo persigue los modelos que dictan las redes sociales; el conocimiento profundo que traía el coleccionista tradicional ha sido sustituido por la necesidad de completar la ‘colección completa’ que marcan los círculos digitales.
Las primeras señales de aterrizaje: ¿corrección suave o solo un respiro?
Tras el vendaval de los primeros meses, la primavera ha traído algunas señales de calma. En la subasta de RM Sotheby’s en Mónaco del 25 de abril, las estimaciones fueron notablemente más conservadoras y, aunque los remates fueron altos, no superaron las marcas de Kissimmee. El mismo día, en Broad Arrow Air/Water en Costa Mesa, un Porsche 918 Spyder con paquete Weissach y acabado Paint to Sample (PTS) cambió de manos por 4,68 millones de dólares, casi una cuarta parte menos que el mismo modelo en Mecum en enero (6,05 millones). Una semana después, en Bonhams Miami, varios lotes de alta gama se quedaron sin alcanzar la reserva, entre ellos un LaFerrari y dos versiones del F12 Berlinetta.
Para Weed, la clave sigue siendo la oferta y la demanda: “Se construyeron 1.300 F40, pero solo 400 Enzo. Si te dicen que necesitas la ‘colección completa’, tienes que comprar uno. Y hay más dinero que nunca, lo que empuja los precios hacia arriba”. El mercado de los exóticos de colección no ha dejado de ser un escenario extremadamente estrecho: un número reducido de piezas codiciadas compitiendo por un grupo de compradores con una liquidez sin precedentes.
Por ahora, la corrección parece más un ajuste de los excesos que un desplome. Pero la historia enseña que cuando la curva se convierte en un cohete, el regreso a la gravedad puede ser súbito. Hagerty, con sus trece años de guía en la mano, prefiere observar y ajustar poco a poco. Sabe que ciertos remates son, literalmente, irrepetibles.
Si la motivación del coleccionista se aleja del volante y se acerca al ‘reto de completar la colección’ que marcan las redes, la burbuja puede desinflarse con la misma rapidez con la que se infló. La memoria de 1990 está fresca.

