Lo confieso: nunca pensé que escribiría sobre un Austin Allegro con admiración. Pero el último vídeo de The Late Brake Show me ha obligado a replantearme los límites de la restauración creativa. Johnny Smith nos presenta una obra salida del taller Retro Power que convierte al que fuera «el coche más odiado de Gran Bretaña» en un sleeper británico con alma japonesa: bajo su carrocería de chapa setentera palpita la mecánica de un Honda Integra Type R.
Del oprobio a la obsesión: el encargo que nadie esperaba
El Austin Allegro, nacido de la malograda British Leyland en los años 70, acumuló críticas feroces por su calidad de construcción, su peculiar diseño y decisiones técnicas como el volante cuadrado Quartic. Por eso, cuando un cliente encargó a Retro Power que tomara un Allegro y lo convirtiera en un hot hatch contemporáneo, el escepticismo era inevitable. En el vídeo, el equipo de Retro Power explica que el propietario quería algo más exclusivo que un súper deportivo de producción masiva: un coche que generara conversación allá donde fuese y, sobre todo, que pudiera usar a diario con una puesta a punto de primer nivel. Johnny Smith añade que, para mucha gente, un Ferrari o un Lamborghini son casi «de estantería», mientras que este Allegro es irrepetible.
El matrimonio imposible: Honda Integra como base técnica
El verdadero problema era que el chasis y las suspensiones del Allegro original ni siquiera estaban a la altura de un utilitario medio de los noventa. Así que Retro Power optó por desecharlos por completo y buscar una plataforma donante. Tras varias consideraciones, el Honda Integra Type R (DC2) se convirtió en el candidato ideal. «Escaneamos en 3D la esquina delantera de ambos coches y al superponer los datos vimos que encajaban de forma asombrosa», cuentan. La decisión fue quirúrgica: cortar el piso del Integra y fusionarlo con la carrocería del Allegro. Para lograrlo hubo que acortar la zona trasera del monocasco nipón en 110 milímetros, pero se conservaron el techo, los pilares C, los marcos de las puertas y los cristales originales del Austin. De este modo, toda la estructura de seguridad, la suspensión, la dirección y el sistema de propulsión son idénticos a los del Integra, incluido su atmosférico motor B18C VTEC.
Fibra de carbono y moldes MDF: la cirugía estética
Visualmente el coche mantiene la identidad de un Allegro de los setenta, pero cada panel ha sido alterado para alojar unas vías mucho más generosas. Los arcos sobredimensionados, el faldón delantero y las taloneras se diseñaron íntegramente en CAD; el proceso es digno de la Fórmula 1: se mecanizaron bloques de MDF como patrones, se extrajeron moldes y las piezas definitivas se fabricaron en fibra de carbono pre-impregnada curada en autoclave. Las puertas también recibieron piel de carbono, pero los retrovisores y las manecillas de las puertas se mantuvieron originales porque, según explican en el vídeo, la textura de los años 70 resultaba imposible de replicar con mecanizado moderno. Incluso las tomas de aire frontales, donde antes iban los intermitentes, canalizan aire hacia el motor y esconden los indicadores flotantes, un guiño de puro diseño industrial. El splitter y los faldones laterales, en cambio, se fabricaron en fibra de vidrio: son piezas más expuestas a los roces del día a día y más económicas de reponer.
El proyecto ha consumido más de tres años y, según reconocen en el taller, «al menos 5.000 horas de trabajo, probablemente muchas más». El coste total, aunque nunca se desvela con precisión, se sitúa en la órbita de un superdeportivo de alta gama; un desembolso que el cliente aceptó para tener algo realmente único, lejos de la producción en serie de Maranello o Sant’Agata.
‘Cuando aparcas un superdeportivo en una gasolinera, al menos la mitad de la gente piensa «vaya idiota». Con el Allegro pasa justo lo contrario: todo el mundo sonríe, te pregunta. Es la antítesis de la ostentación.’
— Johnny Smith, presentador de The Late Brake Show
Al volante: la sonrisa del VTEC
Johnny Smith describe una experiencia al volante que da la vuelta a todos los prejuicios. El motor B18C, que rinde algo menos de 200 caballos, es puro carácter atmosférico: por debajo de 5.000 rpm apenas empuja, pero cuando el VTEC se activa hacia las 6.000 revoluciones el sonido se vuelve adictivo y la estirada hasta el corte, pasado 8.500 rpm, convierte cualquier tramo en un juego. La caja de cambios, de relación cerrada y tacto directo, hace sentir al conductor conectado a un chasis que acelera con una ligereza impropia de un utilitario con pinta de jubilado. La dirección y la pedalera son cien por cien Integra, pero la visibilidad es la de un clásico de los 70, con pilares finísimos y una superficie acristalada que se vuelve increíblemente facil de colocar en cualquier carretera. Smith insiste en que este coche se podría usar a diario sin renunciar a las sensaciones de un auténtico deportivo.
Lecciones para el futuro del restomod
Este Allegro demuestra que la cultura del restomod ya no se limita a los clásicos de culto. Un modelo denostado durante décadas puede renacer como una máquina de sensaciones gracias a una ejecución técnica impecable y una inversión sin complejos. En un mercado automovilístico dominado por SUV híbridos y deportivos eléctricos, proyectos como este nos recuerdan que un motor de combustión atmosférico, ligero y puesto a punto a mano todavía es capaz de provocar carcajadas al volante. La obsesión por el carbono, el escaneado 3D y la fusión de plataformas subraya que, en 2026, los mejores artesanos del motor compiten de tú a tú con los departamentos de prototipos de los grandes fabricantes. Para quien busque exclusividad real y un coche que arranque sonrisas sin necesidad de epatar, un Allegro como este deja obsoleta la ostentación de un Ferrari de producción masiva.
¿Qué otro ‘patito feo’ de la automoción merecería un tratamiento semejante? La respuesta probablemente la tengan los clientes con visión y los talleres capaces de materializar lo imposible. Mientras tanto, este Austin Allegro seguirá dando que hablar, demostrando que no existen coches malos, sino desafíos de ingeniería mal resueltos.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Late Brake Show en YouTube.

