La puerta de entrada a los coches chinos en Estados Unidos se ha entreabierto, y el mensaje es más retorcido de lo que parece: fabrica allí y podrás vender; sigue en China y te comes el arancel.
El presidente estadounidense, Donald Trump, estaría dispuesto a aceptar vehículos de marcas chinas vendidos en suelo norteamericano siempre que la producción se haga en fábricas estadounidenses, según han publicado Motor.es y moncloa.com. El matiz no es menor: la amenaza arancelaria se reserva a los modelos ensamblados fuera.
Qué plantea Trump con los coches chinos
La noticia aterriza en plena guerra política contra la industria china del automóvil. El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, envió esta semana una carta al consejero delegado de Ford, Jim Farley, en la que le pide cortar lazos con empresas chinas. El detonante es el acuerdo de licencia de Ford con CATL para fabricar baterías de litio-ferrofosfato en Michigan.
Duffy no acusa a Ford de incumplir ninguna ley, pero considera que profundizar la dependencia operativa de un competidor estratégico es inaceptable. Ford ha calificado la misiva de intento equivocado de acaparar titulares y ha publicado una respuesta extensa para corregir el relato.
El caos arancelario: Ford, CATL y los precedentes
Estados Unidos ya aplica un arancel del 100% a los coches fabricados en China, una barrera establecida durante la era Biden. Además, un comité del Senado ha avanzado una norma que impediría vender en el país a cualquier fabricante con más del 15% de capital chino. Otra propuesta busca cerrar la frontera con México y Canadá a los vehículos chinos, aunque se hayan vendido legalmente en esos mercados.
Tampoco está claro por qué se ha señalado a Ford. General Motors utiliza baterías chinas en el Chevrolet Bolt, Stellantis posee parte de Leapmotor y Slate usa baterías LFP de Gotion en Estados Unidos. Ninguno ha recibido una carta similar.
La Casa Blanca quiere cortar amarras con China, pero todavía no ha decidido qué significa eso para empresas como Ford, Volvo o Polestar.
Con todo, la política federal no es coherente. La propia Casa Blanca había elogiado la misma planta de baterías de Michigan pocos días antes de la carta de Duffy. Polestar, controlada por Geely, ha quedado fuera del mercado estadounidense por su tecnología china, mientras que Volvo, también controlada por Geely, se mantiene. Ambas comparten plataforma y fábrica en Carolina del Sur.

Por qué Europa y las plantas españolas miran la jugada con tensión
Si Washington empieza a premiar la producción local con acceso al mercado, la presión no se limita a Estados Unidos. Para los fabricantes europeos el movimiento cambia las cuentas de las exportaciones y, sobre todo, las decisiones de inversión futuras. La mayoría de los fabricantes europeos tiene un dilema industrial entre China y Norteamérica. España, como gran planta de ensamblaje de modelos para varios mercados, se juega parte de su volumen industrial.
Lo que preocupa en Bruselas y en Madrid no es solo el arancel estadounidense. Es la señal de que Washington está dispuesto a negociar casillas arancelarias a cambio de empleo industrial y fábricas locales. Las plantas españolas ya compiten por cada programa de fabricación; un giro proteccionista en Estados Unidos puede restar prioridad a las inversiones europeas.
La baza no es menor: los fabricantes chinos ya marcan el ritmo en baterías, desarrollo tecnológico y velocidad de lanzamiento. Si se les abre la puerta estadounidense a cambio de fabricar allí, el capital y la ingeniería pueden moverse con rapidez. Y eso sí puede erosionar la cuota de las factorías europeas en un mercado clave.
Información útil para el conductor
- Cifra clave: Washington ya aplica un arancel del 100% a los vehículos fabricados en China, una barrera heredada de la etapa Biden.
- La discrepancia: la Casa Blanca elogió la planta de baterías de Ford con CATL pocos días antes de que Transporte la criticara.
- Síntoma de fondo: Estados Unidos quiere desligar su industria automovilística de China, pero no tiene una regla clara para casos como Ford, Volvo o Polestar.
- Lectura para el conductor: un escenario de coches chinos fabricando en EE.UU. no abarata el coche europeo a corto plazo; sí presiona a las plantas exportadoras españolas.

