Adrian Newey prepara un Aston Martin ‘B’ para Hungría mientras Honda lanza un aviso sobre el futuro motor

Solo se salvará la suspensión delantera del AMR26 original. Honda reconoce un déficit del 10% en el motor de combustión y Watanabe pide calma: no habrá milagros inmediatos.

Aston Martin ha activado el plan de emergencia que más temen sus rivales: un ‘coche B’ diseñado por Adrian Newey que llegará en el Gran Premio de Hungría. Solo se salvará la suspensión delantera del monoplaza original, según ha confirmado la información adelantada por Motorsport Italia.

Un ‘coche B’ que resucita el manual de Newey

El resto del AMR26 —suelo, pontones, difusor, alerones y toda la geometría trasera— será completamente nuevo. No se trata de un paquete evolutivo, sino de una especificación ‘B’ en toda regla: una enmienda a la totalidad de un proyecto que nació torcido y que ha condenado a Fernando Alonso y a Lance Stroll a deambular lejos de los puntos desde el arranque de 2026.

La firma de Newey es inequívoca. El ingeniero británico ya transformó monoplazas mediocres en ganadores con Red Bull; recuérdese el RB18 de 2022, que pasó de padecer el porpoising a dominar la parrilla tras una revisión profunda del suelo. En Silverstone se está repitiendo el patrón: recurrir al talento del gurú para recolocar un coche que la propia dirección técnica considera mal encaminado.

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Honda apaga fuegos y admite el déficit: ‘No habrá milagros’

Newey Aston Martin

Mientras el chasis se rehace en Inglaterra, en Sakura los ingenieros de Honda trabajan contrarreloj para exprimir caballos a una unidad de potencia que, según fuentes del fabricante, arrastra un déficit cercano al 10% en el motor de combustión interna. El congelamiento parcial del desarrollo de motores hasta 2026 impide cambios radicales, por lo que cada décima ganada en combustión requiere un esfuerzo titánico. La primera mitad del año se ha consumido en solventar problemas de fiabilidad y vibraciones que devoraron recursos valiosos bajo el límite presupuestario.

Koji Watanabe, presidente de Honda Racing, ha lanzado un aviso cargado de realismo: ‘No cambiará drásticamente la situación de la noche a la mañana’. Su mensaje refleja prudencia, pero también la confianza en que este paquete estival sea el punto de partida para asentar al equipo en la zona media y pelear por los puntos con regularidad.

La asociación con Aston Martin no se limita al presente. La comunicación diaria con Lawrence Stroll es honesta y constructiva, según Watanabe, y ambos comparten la insatisfacción actual pero también una hoja de ruta que apunta al próximo reglamento de motores en 2027.

La especificación B no es un capricho de ingeniero: es una admisión de que el proyecto inicial no funciona y un órdago a los rivales de la zona media.

El GP de Hungría dictará sentencia. El tiempo de las excusas se acabó.

Hungría 2026: punto de inflexión o última bala

El trazado magiar, previsto para finales de julio, no es una elección casual. Se trata de un circuito de alta carga aerodinámica que pondrá a prueba las virtudes del nuevo suelo y la eficiencia de los pontones. Si la especificación B funciona, Aston Martin podría aspirar a un salto cualitativo inmediato; si no, la temporada 2026 quedará sentenciada de forma irreversible.

Sin embargo, el asterisco del motor Honda sigue pesando. Aunque el chasis mejore, el déficit de potencia no desaparecerá por decreto. La recuperación será gradual, y el verdadero objetivo es perfilar la base técnica para la nueva era reglamentaria que comenzará en 2027. El equipo verde asume que 2026 es un año de transición, pero la paciencia de Lawrence Stroll no es infinita.

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Análisis de Impacto

La decisión de Aston Martin de recurrir a una especificación B no es un hecho aislado. En la Fórmula 1 moderna, varios equipos han intentado resucitar proyectos fallidos con revisiones profundas, con resultados dispares. McLaren lo logró en 2023 con una actualización que los catapultó del fondo a los podios en cuestión de meses. Williams, en cambio, lleva años persiguiendo un coche B sin salir del pozo. No es la primera vez que Honda se enfrenta a una crisis de rendimiento: en su etapa con McLaren (2015-2017), el déficit de potencia fue aún mayor y la fractura resultó irreparable. El precedente más cercano a Newey fue el Red Bull RB9 de 2013, que dominó tras modificar por completo los conductos de freno y el suelo. La diferencia es que ahora no parte de un monoplaza campeón, sino de un coche que apenas ha puntuado.

Desde la perspectiva de Honda, el mensaje de Watanabe es tan sincero como inquietante. Reconocer un déficit del 10% en el motor de combustión interna equivale a admitir que, con el reglamento actual, la unidad de potencia japonesa está lejos de la cabeza. La apuesta por el largo plazo y la asociación con Aston Martin para 2027 suena a discurso de transición, pero la realidad es que la mejora debe ser sustancial si quieren competir con Mercedes y Ferrari en la nueva era. La presión de Stroll, que no tolera la mediocridad, podría acelerar ese proceso… o desgastar la relación.

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A corto plazo, Hungría se convierte en una prueba de fuego para un equipo que ha apostado todas sus fichas a una sola carta. Si el coche B no funciona, la campaña será irrecuperable y las miradas se desplazarán inevitablemente a 2027. Si, por el contrario, Aston Martin logra un salto similar al de McLaren en 2023, podría convertirse en la revelación de la segunda mitad del año. El próximo hito: el GP de Hungría. Hasta entonces, la única certeza es que en Silverstone no se rinden.