Trump ha aprobado nuevas normas CAFE de economía de combustible y da por muerto el mandato del coche eléctrico de la era Biden. Lo anunció él mismo este sábado en Truth Social y lo hizo con el tono de siempre: acusó a los demócratas de haber costado miles de millones de dólares a los fabricantes y de haber forzado a los estadounidenses a comprar coches que nunca quisieron.
Las nuevas reglas, según su relato, van a ‘quitar el desperdicio’ de fabricar coches en Estados Unidos. Traducido a la vida real: precios más bajos y un ahorro de miles de dólares para la familia que se compre un coche nuevo.
En el mismo mensaje habló de una inversión de 100.000 millones de dólares en la industria automovilística del país y aseguró que las plantas vuelven a Michigan, Ohio, Indiana y Carolina del Sur. Agradeció el trabajo a sus secretarios de Transporte y de Comercio, Sean Duffy y Howard Lutnick.
El anuncio lo han recogido medios como The Hill y Fox Business, y confirma un giro que llevaba meses cocinándose a fuego lento.
El precedente inmediato está en la EPA de Biden, que en 2024 aprobó unos estándares de emisiones más estrictos y obligaba a los fabricantes a vender más eléctricos en los años siguientes. Trump ya había eliminado antes las ayudas fiscales a la compra de eléctricos en la ley conocida como One Big Beautiful Bill Act.
La norma no cambia porque los eléctricos fallen, sino porque a alguien le salía más barato reescribir la regla que reescribir las fábricas.
Qué cambia exactamente con las nuevas normas CAFE
CAFE son las siglas de Corporate Average Fuel Economy, el estándar que fija el consumo medio de toda la flota que cada fabricante vende en Estados Unidos, gestionado por la agencia federal NHTSA. La lógica es sencilla: si el límite se relaja, la forma más barata de cumplir deja de ser vender eléctricos y vuelve a ser afinar motores de combustión, híbridos y microhíbridos.
Ahí está el negocio de verdad. General Motors, Ford y Stellantis llevan dos años frenando inversiones en plataformas eléctricas y pidiendo aire regulatorio; ahora lo tienen por escrito, siempre que el texto final aguante los tribunales. Más contexto sobre el estándar, en la ficha histórica del CAFE.
Qué significa para tu bolsillo (y para las fábricas españolas)

Para el conductor español el efecto no es directo, pero sí indirecto. Los grupos que fabrican aquí, con Stellantis en Figueruelas y Vigo y Ford en Almussafes, diseñan sus planes de producto a escala global, y esos planes dependen de lo que se decida en Washington.
Dicho de otro modo: si el camino eléctrico se alarga en EEUU cinco o diez años, es probable que algunos modelos que iban a ser eléctricos puros lleguen aquí antes como híbridos. Y que los precios de entrada de ciertos segmentos aguanten mejor de lo previsto.
Lo que no va a pasar es que un coche baje de precio en España por una norma americana. El ahorro que promete Trump se queda, de momento, al otro lado del Atlántico.
El pulso con California sigue abierto
Trump ya firmó antes tres resoluciones del Congreso para tumbar las normas de California sobre motores diésel y sobre la venta obligatoria de eléctricos. Entonces presumió de que su firma ‘matará para siempre los mandatos de California’ y argumentó que el estado no tiene electricidad suficiente: ‘tienen apagones y bajones de tensión’, dijo.
El detalle importa porque California es el mercado que arrastra a otros estados con reglas propias. Si el pulso acaba en los tribunales, como parece, la industria va a seguir trabajando con dos escenarios en la cabeza durante meses.
Lo que todavía no está cerrado
Tres cosas conviene mirar con lupa antes de dar por sentado el nuevo mapa. La primera, el texto final de las normas y su fecha real de aplicación. La segunda, los litigios que presenten los estados, con reglas propias más estrictas. La tercera, la respuesta de los fabricantes que ya han quemado miles de millones en electrificación y no van a renunciar a ese gasto sin pelear.
Mientras tanto, la promesa política es clara: menos eléctricos obligados, más coches de combustión modernizados y un relato de precios bajos que suena a música en cualquier despacho de Detroit.
Información útil para el conductor
- Cifra clave: 100.000 millones de dólares de inversión anunciada para la industria automovilística estadounidense, según el mensaje del propio presidente.
- Qué es la norma CAFE: el estándar que fija el consumo medio de la flota de cada fabricante en EEUU; relajarlo abarata cumplir con motores de combustión e híbridos.
- Ganadores y perdedores: respiran General Motors, Ford y Stellantis; los grupos que ya habían comprometido su catálogo a la electrificación pierden parte de su argumento regulatorio.
- Lectura de Motor16: el giro no cambia lo que puedes comprar hoy en España, pero sí los modelos que llegarán a los concesionarios en 2027 y 2028.
- Curiosidad: el estándar CAFE nació en 1975, después de la crisis del petróleo, y desde entonces se ha reescrito casi tantas veces como han cambiado de presidente en la Casa Blanca.


