Zanardi Laguna Seca: la Corkscrew pasa a llamarse Zanardi Corkscrew por el milagro de 1996

El trazado californiano inmortaliza el nombre del piloto italiano en la mítica curva del sacacorchos, treinta años después de aquel adelantamiento. La maniobra, que compaginó inspiración y exceso de optimismo, cambió la historia del circuito.

El circuito de Laguna Seca ha bautizado su curva más ilustre, la Corkscrew, como Zanardi Corkscrew. La decisión convierte en patrimonio oficial el recuerdo del adelantamiento que, treinta años atrás, transformó una curva ciega en un lugar de culto para el automovilismo americano.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: Laguna Seca ha bautizado su curva más célebre, la Corkscrew, como Zanardi Corkscrew; el nombre inmortaliza el adelantamiento de 1996.
  • No te lo puedes perder: el adelantamiento se produjo en la última vuelta, por el interior y con el coche deslizándose por la escapatoria asfaltada: una maniobra que hoy habría sido examinada al milímetro por los comisarios.
  • Datos y producción: fue la tercera victoria de Zanardi en su temporada de novato en la CART; después ganó dos títulos de la categoría antes del accidente de Lausitzring en 2001.

La última vuelta que hizo sagrada la Corkscrew

La maniobra sucedió en la última vuelta de la prueba de la CART de 1996 en Laguna Seca. Alex Zanardi rodaba segundo, detrás de Bryan Herta, y había agotado ya todas las oportunidades de adelantamiento. Según recoge Road & Track, el piloto italiano aguardó hasta la zona de frenada de la Corkscrew para lanzarse al interior con una agresividad que rozó lo temerario.

El coche de Zanardi descargó la frenada, superó a Herta y alcanzó el vértice, pero no pudo completar el complejo de curvas. La trayectoria se abrió hacia la escapatoria asfaltada interior de la segunda mitad del sacacorchos, por la que circuló durante unos metros antes de reincorporarse en primera posición. Ganó la carrera. Fue la tercera victoria de su temporada de novato en la CART.

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Hoy, con la obsesión moderna por los límites de pista, la discusión habría sido interminable. En 1996, sin embargo, la maniobra resultó tan inédita como incuestionada: el trazado se tomó por lo que era, una pista californiana donde el asfalto pintado de escapatoria formaba parte del repertorio de los valientes.

En 1996, la CART ofrecía monoplazas potentes y carreras donde el margen de error era mínimo. Laguna Seca, con sus desniveles y su escasa escapatoria, castigaba cualquier sobreoptimismo. Aquel adelantamiento no fue solo belleza: fue eficacia en un escenario hostil.

La elección de la Corkscrew no fue casual. El sacacorchos exige precisión visual y memoria, porque el trazado se oculta tras el horizonte en el momento de frenar. Adelantar allí equivalía a firmar una declaración de intenciones.

La Corkscrew no se presta a tradiciones amables: se ganó su leyenda con maniobras que rozaban el límite reglamentario y, a veces, lo pisaban.

De la gloria al ejemplo de vida

Zanardi ya no era un desconocido: venía de la Fórmula 1, pero fue en la CART donde encontró el lenguaje que convertiría su nombre en mito. Después de aquella victoria, sumó dos campeonatos de la categoría antes de que el destino le exigiera una segunda vida. El accidente de 2001 en el Lausitzring le costó la amputación de ambas piernas y abrió una etapa que pocos habrían imaginado.

Regresó a la competición con prótesis y sumó victorias en el WTCC, se proclamó campeón paralímpico y llegó a correr las 24 Horas de Daytona como piloto oficial de BMW, compartiendo equipo con Colton Herta, hijo de aquel Bryan Herta al que adelantó en 1996. Zanardi falleció el pasado mes de mayo y Laguna Seca pintó un tributo en el Corkscrew antes de la carrera de la IMSA disputada el fin de semana de su fallecimiento.

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El nombre de Zanardi en la Corkscrew no nace de un palmarés, sino de una imagen. La pista ha preferido recordar aquel instante fugaz antes que la suma de trofeos, lo que dice mucho de cómo se construye la memoria en el automovilismo.

El propio Zanardi encarna una doble lección. La primera pertenece al deporte: hay trazados que piden respeto y pilotos que responden con talento. La segunda pertenece a la vida: después de perder las piernas, regresó a la competición con una naturalidad que todavía hoy resulta difícil de explicar.

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Con la incorporación del nombre, el circuito californiano eleva aquel gesto a condición permanente. El homenaje ya no depende de pinturas ni de acontecimientos: la curva llevará su apellido en las crónicas, en la señalética y en la memoria colectiva. La trayectoria de Zanardi, tan singular que parece inventada, puede recorrerse en su biografía enciclopédica.

El nombre como acto de patrimonio

La Corkscrew no es una curva más del calendario americano. Laguna Seca encontró en su descenso ciego una seña de identidad que ha resistido reformas, limitaciones y cambios de patrocinio. Atribuirle el nombre de Zanardi no es un gesto menor: renombra el lugar donde la pista se explica mejor a sí misma.

En una época que discute las escapatorias asfaltadas y sanciona con frialdad los excesos del piloto, aquella maniobra pertenece a una oralidad distinta. Conviene recordar que en 1996 la CART vivía una edad de oro en Norteamérica, con monoplazas potentes y circuitos de trazado imposible. El adelantamiento de Zanardi resume esa cultura: deseo de victoria, confianza en el instinto y una relación con el reglamento más laxa.

Hay, con todo, una paradoja elegante en el homenaje. La pista no celebra solo al piloto que ganó dos títulos y sobrevivió a una reconstrucción física extraordinaria; celebra el instante en que un joven europeo entendió que, ante una curva llamada sacacorchos, la genialidad y la temeridad compartían la misma línea de frenada. El nombre quedará, ahora sí, para siempre.

La dimensión simbólica del gesto no reside en la rotulación, sino en la continuidad. Zanardi ya no correrá, pero la curva sí lo hará, y llevará su nombre en cada retransmisión, en cada conversación y en cada vuelta de reconocimiento que se dispute en la pista californiana.

La decisión llega coincidiendo con el trigésimo aniversario y cierra un círculo que comenzó con una escapatoria tomada sin permiso. El gesto, además, refuerza la posición de Laguna Seca como custodio de la memoria de la CART.