El regreso de Bristol Cars en Reino Unido para terminar cinco superdeportivos con motor V10 que la quiebra dejó a medias en 2011

La resucitada Bristol Cars completa en Reino Unido los cinco Fighter V10 que la quiebra de 2011 dejó a medias. Uno ya se ha presentado en el concurso Salon Privé y los otros cuatro se fabricarán por encargo en los próximos meses.

El regreso de Bristol Cars en Reino Unido resucita cinco superdeportivos V10 que la quiebra dejó a medias en 2011. La firma británica ha presentado en el concurso Salon Privé de Blenheim Palace el primer chasis completado, y anuncia que otros cuatro sin terminar seguirán el mismo camino por encargo antes de dar nuevos pasos.

La operación tiene algo de arqueología industrial y mucho de declaración de intenciones. La marca, con ocho décadas de historia y varias resurrecciones fallidas, reabre su historial con un modelo que no llegó a cerrar su ciclo: el Bristol Fighter.

Un superdeportivo V10 terminado en plena era eléctrica

El Fighter original fue el último modelo de producción de Bristol antes de la insolvencia en 2011. Nacido a comienzos de los 2000, combinaba carrocería de gran turismo británico con un motor enorme derivado del Dodge Viper: 8.0 litros V10 atmosférico y hasta 600 caballos de potencia opcional.

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  • Motor: V10 de 8.0 litros heredado del Dodge Viper, con 525 o 600 CV.
  • Velocidad máxima anunciada: unos 338 km/h (210 mph).
  • Producción estimada original: en torno a 15 unidades, lo que la convierte en una rareza extrema.

Las unidades que ahora se completan pueden configurarse con 525 o 600 CV. La marca anuncia una velocidad máxima de unos 338 km/h, equivalente a las 210 mph del dato original, y mantiene las puertas de ala de gaviota que hicieron del Fighter un artefacto visualmente único.

Se cree que solo existen en torno a 15 Fighter en todo el mundo, una cifra que convierte a cada ejemplar en una pieza casi imposible de ver, incluso para los estándares de Bristol. Los cuatro chasis pendientes se ofrecerán a clientes en los próximos meses, con precio solo bajo petición.

Terminar un coche con 80 años de historia y motor V10 es una rareza industrial que no se repite ni siquiera en el coleccionismo británico.

La lógica de una resurrección a la británica

2026 Bristol Fighter 11 Motor16

Bristol nació de la Bristol Aeroplane Company y fabricó su primer coche en 1946, el Bristol 400, con clara influencia técnica de BMW. Desde entonces, la marca se ganó fama de construir gran turismo caros, discretos y a menudo excéntricos en tiradas minúsculas.

Esa herencia aeronáutica se notaba en carrocerías cuidadas al viento y soluciones de ingeniería poco convencionales. El Fighter llevó esa filosofía al territorio más abiertamente deportivo: carrocería larga, puertas de ala de gaviota y un V10 gigante en un coche de producción reducidísima.

La historia de Bristol tras 2011 no es lineal. Tras la caída, Kamkorp Autokraft adquirió la propiedad intelectual e intentó relanzar la producción con el Bristol Bullet, un descapotable con motor BMW V8 presentado en 2016 que nunca llegó a fabricarse en serie. Kamkorp continuó hasta 2022.

El último intento es distinto. En lugar de diseñar un modelo nuevo, la Bristol actual completa un programa que quedó interrumpido por la desaparición de la compañía original. Es, literalmente, cerrar una deuda de producción.

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Cuatro chasis por encargo y una etapa que aún no tiene guion

Los cuatro chasis restantes se fabricarán en Reino Unido con un socio especializado en series cortas y sin nombre público por ahora. Cada coche admite configuración con volante a la derecha o a la izquierda, y la marca afirma que puede exportar a mercados como Estados Unidos, donde espera acogerse a la exención federal Show or Display para vehículos de relevancia histórica o tecnológica producidos en muy pocas unidades.

Al frente del proyecto están Paul King, propietario de Bristol Cars, y Richard Hackett, presidente de la compañía. Hackett trabajó estrechamente con Tony Crook, el histórico responsable de Bristol durante la época en la que se concibió el Fighter, lo que aporta continuidad con la etapa original.

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Una rareza que habla al coleccionista español

Para un aficionado español al motor, el atractivo del Fighter no está en las cifras de potencia, que hoy se consiguen con modelos eléctricos de calle, sino en la irrepetibilidad. Con solo 15 ejemplares estimados de la producción original y ahora cinco completados sobre chasis vírgenes, cada unidad equivale a un pedazo de historia que no se puede comparar con el mercado generalista.

La ausencia de precio público refuerza el perfil de la operación: no se busca volumen, sino colocar una rareza entre coleccionistas capaces de pagar un sobreprecio por la autenticidad y por una página rara de la industria británica. En España, este tipo de piezas vive más del boca a boca y de las importaciones puntuales que de una oferta formal, lo que convierte a Bristol en un nombre casi invisible, pero muy cotizado en foros especializados.

La duda de fondo sigue abierta: ¿qué hará Bristol cuando se terminen estos cinco coches? La marca dice que completar los Fighter es solo la primera etapa de un regreso más amplio a la fabricación en Reino Unido. Habrá que ver si, esta vez, la historia no vuelve a quedarse a medias.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: cuatro chasis V10 sin estrenar y en torno a 15 Fighter originales fabricados; precio final solo bajo petición.
  • Consejo práctico: si buscas una inversión o una pieza de historia británica, confirma la trazabilidad del chasis y el estado de la documentación de importación antes de comprometer compra.
  • Así te afecta: la noticia no cambia el día a día del conductor español, pero amplía el radar del coleccionismo y recuerda que la supervivencia de marcas míticas británicas depende a menudo de proyectos minúsculos y cuidados al detalle.