El estudio de J.D. Power desmonta la pantalla del copiloto: solo el 6 % de los usuarios la usa de forma habitual. El dato pertenece al Tech Experience Index (TXI), el indicador con el que la consultora mide la experiencia real con los sistemas tecnológicos del automóvil, y resume una moda que ha llenado el salpicadero de paneles digitales sin que el uso cotidiano la respalde.
Tres datos que desmontan la fiebre de la pantalla del copiloto
El informe aporta una lectura incómoda para quienes compran tecnología por catálogo. Además de ese escaso 6 % de uso frecuente, un 35 % de los encuestados reconoce que jamás ha utilizado la pantalla dedicada al acompañante. El porcentaje restante, un 59 %, se mueve en una zona irregular: la toca alguna vez, pero no la integra en su rutina.
La utilidad que prometía este panel era clara: contenido multimedia independiente, aplicaciones propias y gestión de parámetros del vehículo sin depender del conductor. En la práctica, se queda en una superficie añadida que duplica funciones que el pasajero resuelve con el móvil o que, sencillamente, no necesita durante un trayecto. El tercer dato de J.D. Power refuerza la sospecha: se han reportado 21,3 incidencias por cada 100 vehículos analizados, una tasa que castiga la fiabilidad percibida de estos paneles frente a la pantalla central y los mandos tradicionales.
La fiebre por multiplicar paneles tampoco responde a un patrón de uso uniforme. Lo que funciona en una gran berlina con pasajeros asiduos no se traslada a un utilitario de uso diario, donde el trayecto tipo no deja tiempo para explorar contenidos. El error de partida ha sido suponer que el acompañante iba a sustituir el teléfono móvil por un panel fijo, menos actualizado y con más limitaciones que el dispositivo que ya lleva en el bolsillo.
Por qué el copiloto no convence en el uso real
El rechazo no es solo una cuestión de coste o de moda. La saturación de pantallas en el coche obliga al conductor y al acompañante a repartir la atención entre varias superficies táctiles, menús y avisos. Cuando el recorrido es corto o no hay contenido que consumir, la pantalla del copiloto se convierte en un elemento decorativo que exige aprendizaje, actualizaciones y mantenimiento sin devolver un beneficio claro al volante.
La pantalla del copiloto no es útil por existir: solo aporta valor cuando el acompañante la integra en su rutina, y hoy los datos indican que eso sucede muy poco.
Desde el punto de vista del conductor, el problema de fondo es la prioridad que se ha dado al diseño y a la propia tecnología sobre la ergonomía, la fiabilidad y la seguridad. Una cabina cargada de paneles no siempre mejora la experiencia de conducción; en muchos casos añade distracciones y obliga a buscar funciones básicas entre submenús. Los datos de uso del TXI apuntan a que la pantalla del copiloto es uno de los primeros elementos prescindibles de esa digitalización acelerada.
El dato de incidencias, además, castiga una percepción de fiabilidad que puede influir en la satisfacción global. Una función accesoria que falla o se actualiza a destiempo penaliza la valoración del vehículo aunque no afecte a la mecánica. Por eso conviene separar la novedad de la utilidad.
El regreso de los mandos físicos y qué mirar antes de pagar
La lectura del estudio conecta con un cambio que ya se ve en varios fabricantes: recuperar mandos físicos en el volante y simplificar las interfaces para reducir la distracción. No significa renunciar a la conectividad, sino colocarla donde el usuario la utiliza de verdad. El infoentretenimiento coche moderno debería medirse por la rapidez con la que se accede a la navegación, el audio o el control de climatización, no por el número de superficies táctiles instaladas.
Para un comprador, la conclusión práctica es directa. Si la pantalla del copiloto llega como opción de pago, el dato del 6 % de uso habitual invita a no pagar por un equipamiento que apenas se toca. Resulta más rentable centrar el presupuesto en una pantalla central fluida, emparejamiento inalámbrico estable con el móvil y actualizaciones de software que corrijan errores. Esa es la diferencia entre tecnología que se ve y tecnología que se usa.
La comparación con un ADAS —sistema avanzado de ayuda a la conducción— resulta útil para poner el foco: un asistente de frenada o de mantenimiento de carril aporta una función de seguridad concreta, mientras que la pantalla del acompañante no compensa su coste con una utilidad equivalente. El siguiente paso previsible apunta a menos paneles dedicados y más superficies contextuales, con interfaces que simplifiquen el acceso a las funciones habituales y dejen al conductor decidir con datos, no con catálogo.
🛠️ Tecnología a examen
- Dato a tener en cuenta: solo el 6 % de los usuarios usa de forma habitual la pantalla del copiloto y un 35 % no la ha utilizado nunca.
- Lo que equipa: panel táctil orientado al acompañante, integrado en el sistema multimedia del vehículo, con aplicaciones, contenido audiovisual y acceso a algunos parámetros del coche.
- Así te afecta como conductor: si se ofrece como opción de pago, conviene evitar el sobrecoste y priorizar una pantalla central rápida, conectividad estable con el móvil y mandos físicos bien resueltos.

