La petición de Oliver Blume a Bruselas es la última señal de que la guerra comercial del automóvil acaba de saltar de los eléctricos puros a los híbridos enchufables. Mientras Volkswagen reclama un nuevo muro arancelario, Ford y Stellantis ya están llenando sus plantas españolas con modelos chinos. Dos estrategias para un mismo diagnóstico: las marcas chinas controlan ya el 28,3% del mercado europeo de PHEV y no dan señales de frenar.
Por qué Volkswagen teme a los híbridos enchufables chinos
Las cifras del primer semestre de 2026 explican la urgencia. Los fabricantes chinos vendieron 208.368 híbridos enchufables en Europa en esos seis meses, una cifra que equivale a casi una tercera parte del segmento. Los tres modelos más vendidos fueron el BYD Seal U, el BYD Atto 2 y el Jaecoo 7, desbancando al Volkswagen Tiguan de la primera posición que ocupaba en 2025. Blume quiere que la Unión Europea amplíe los aranceles adicionales —hasta ahora reservados para los eléctricos puros— también a los PHEV fabricados en China, donde ya se aplican tasas de hasta el 35,3% sobre el valor de importación más el arancel estándar del 10%.
Para el CEO alemán, la situación es insostenible. La brecha de costes del 30% que arrastra el grupo frente a sus competidores se ha convertido en una losa, y la solución que propone pasa por elevar los recortes de empleo hasta 100.000 puestos y cerrar cuatro fábricas alemanas. Un cóctel explosivo que los representantes sindicales han rechazado de plano. Volkswagen, por ahora, descarta compartir sus plantas con fabricantes chinos, a diferencia de sus rivales estadounidense e italofrancés.
La jugada española: Almussafes y Figueruelas como laboratorios industriales
Mientras Wolfsburg pide protección, en España se está montando la mayor operación de cooperación con fabricantes chinos del continente. Ford se ha aliado con Geely para llenar Almussafes. La empresa conjunta, participada en un 66% por Ford y un 34% por Geely, producirá desde 2028 cinco vehículos: el Kuga, un nuevo Bronco, dos SUV eléctricos de Geely y un crossover desarrollado a medias. Para Geely será su primera fábrica europea; para Ford, una forma de aprovechar una planta que en 2025 trabajó a menos del 30% de su capacidad.
Stellantis sigue la misma hoja de ruta con Leapmotor —de la que controla un 21%— y ya ha confirmado la producción del SUV eléctrico B10 en Figueruelas (Zaragoza) y de otro modelo en Villaverde (Madrid) cuando termine el ciclo del Citroën C4. Ambos planes convierten a España en el primer laboratorio europeo de fabricación de vehículos chinos dentro de las fronteras comunitarias, una decisión que esquiva los aranceles a la importación y anticipa los futuros requisitos de contenido local que Bruselas quiere endurecer.

La paradoja es clara: los aranceles que pide Volkswagen podrían frenar temporalmente las importaciones de PHEV chinos, pero a medio plazo acelerarán su producción en Europa. Y España, segundo productor europeo con costes laborales y energéticos por debajo de Alemania o Francia, se perfila como el destino natural. Al final, el miedo de Blume no se combate con tasas aduaneras, sino con fábricas llenas y alianzas estratégicas.
El verdadero desafío no está en los concesionarios, sino en un coste industrial que los europeos no pueden igualar. Y las fábricas llenas, no los aranceles, son la única respuesta rentable.
Análisis de Impacto
- Dato de mercado: Los PHEV chinos ya copan el 28,3% del segmento en Europa, un crecimiento de más de quince puntos en dos años. La cuota podría superar el 35% en 2027 si Bruselas no interviene.
- El rumor: En el sector se comenta que Volkswagen podría estar negociando discretamente con un fabricante chino para algún proyecto de plataforma conjunta, aunque la dirección lo niega en público.
- Veredicto: La estrategia de Ford y Stellantis parece más realista que la huida hacia delante arancelaria de Volkswagen. España, con sus plantas infrautilizadas y una potente industria auxiliar, puede salir muy reforzada de este nuevo reparto del tablero industrial europeo.

