La Monterey Car Week 2026 cerró su edición más lucrativa de la historia con unas ventas agregadas de 747,9 millones de dólares y un desenlace que devolvió a Pebble Beach a la mística de los años dorados: el Duesenberg asociado a Clark Gable se alzó con el Best of Show.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: las subastas de la semana californiana alcanzaron un récord conjunto de 747,9 millones de dólares, según las crónicas de Monterey Herald, Magneto y Yahoo Finance.
- No te lo puedes perder: el máximo galardón de Pebble Beach reconoció al Duesenberg vinculado a Clark Gable, una pieza que funde ingeniería americana de preguerra y capital simbólico de Hollywood.
- Cifras y cotización: la cifra global pulveriza los registros de la cita californiana y apuntala la presión alcista del segmento de preguerra en las pujas privadas.
La semana californiana, ya clausurada a mediados de septiembre, concentra cada agosto los remates más selectos de Norteamérica. En la edición de 2026, las casas que operan en Monterey sumaron un volumen conjunto de 747,9 millones de dólares, según las cifras difundidas por Monterey Herald, Magneto y Yahoo Finance. Es el techo más alto de la serie histórica y una señal inequívoca del apetito por el automóvil con historia.
El dato no admite matices: marca un listón inédito para el circuito y certifica la vitalidad de un mercado que, lejos de enfriarse, desplaza capital hacia automóviles de procedencia intachable. No es solo una cuestión de liquidez. Es una cuestión de confianza en los activos tangibles.
El encanto de esta edición no está solo en la cifra global. La atribución a Clark Gable del Duesenberg ganador conecta dos mundos que en Monterey conviven con naturalidad: el coleccionismo de autor y el cine clásico como generador de valor. Un nombre propio, cuando está documentado, actúa como un sello de deseabilidad.
El Duesenberg, fiel a la reputación que lo convirtió en sinónimo de la excelencia americana, entiende la restauración como un ejercicio de respeto al documento. No cualquier lujo compra un numbers-matching con historia de estrella. El jurado lo supo ver.
El máximo galardón de Pebble Beach no se explica solo por la restauración: pesa tanto el nombre de la estrella como la conservación de un bastidor con historia.
La elección del jurado californiano devuelve además al certamen a la gramática del automóvil de preguerra. Durante años, los Best of Show han premiado piezas de competición y diseños europeos; este reconocimiento reequilibra el canon y recuerda que el lujo americano anterior a 1945 mantiene una autoridad estética intacta.
Un récord que redibuja la semana de Monterey
Quizá convenga recordar que Monterey no es una única subasta, sino un ecosistema. Las ventas de RM Sotheby’s, Gooding & Company, Bonhams, Mecum y Broad Arrow configuran una semana que expresa mejor que cualquier índice la temperatura del coleccionismo internacional. En 2026, ese termómetro marcó una lectura excepcional.
El total histórico se apoya en una selección de lotes que combinó clásicos de preguerra, competición europea de los años sesenta y jóvenes leyendas americanas. No todos los tramos se comportaron igual, pero el agregado no deja lugar a dudas: el capital busca calidad contrastada y está dispuesto a pagar por ella.
El Duesenberg de Clark Gable y la corona de Pebble Beach
El premio al Duesenberg de Clark Gable confirma una tesis que en este mercado se repite: la procedencia manda. El vínculo con la estrella de Hollywood no es un accesorio anecdótico; es un multiplicador de deseo y de pujas por encima de la estimación.
La firma Duesenberg, nacida en Indianápolis, encarna el periodo más ambicioso del automóvil americano. Su producción era escasa, su factura refinada y su clientela pertenecía a la cúspide social y cultural de la época. Que un ejemplar vinculado a Clark Gable reciba hoy el máximo reconocimiento en Pebble Beach cierra un círculo lógico.

Lo que el mercado lee en este cierre
La cifra de 747,9 millones de dólares consolida una tendencia de maduración, no de burbuja. Los compradores de perfil alto han aprendido a discriminar entre el clásico bien documentado y la pieza solo atractiva en fotografía. El prestigio se paga; la duda se castiga.
En términos de criterio, conviene separar el martillo de la narrativa. Un récord global no significa que todas las ventas fueran sólidas; significa que el capital disputa las piezas con historia incuestionable. Por eso los resultados de Monterey se leen mejor por la calidad de los lotes estrella que por el volumen bruto.
Hace una década, el coleccionismo de preguerra parecía reservado a un círculo reducido de bibliófilos. Hoy, los remates de Monterey lo han integrado en la conversación general del mercado. La escasez de modelos superiores, la imposibilidad de replicarlos y el atractivo de una documentación continua sostienen la valoración.
La presión alcista sobre los Duesenberg, los Cord y los Packard de nicho se explica también por una razón generacional: los compradores que hoy dominan el segmento alto buscan objetos con relato. Y un automóvil que pasó por las manos de una estrella de cine tiene un relato difícil de igualar.
Con la vista puesta en la próxima temporada, el legado de esta Monterey Car Week parece claro. El circuito californiano se ha validado como el termómetro definitivo del automóvil de colección y ha devuelto al Duesenberg al centro del canon.


