Por qué Verstappen y Piastri denuncian los algoritmos de energía de la F1 2026

Los pilotos líderes cargan contra el software de gestión energética que, según denuncian, neutraliza el talento al volante. Verstappen asegura que la diferencia entre compañeros ha desaparecido y que los adelantamientos dependen de un botón de impulso extra.

La previa del Gran Premio de Hungría 2026 se ha convertido en una audiencia improvisada para el piloto más crítico de la parrilla. Max Verstappen y Oscar Piastri han unido sus voces contra los algoritmos predictivos de las unidades de potencia, el corazón tecnológico del nuevo reglamento. El mensaje es claro: ‘Llega un momento en que ya es suficiente’. La queja va más allá de un desahogo puntual; señala una distorsión en el ADN competitivo de la Fórmula 1.

El dedo en la llaga: cuando los algoritmos penalizan la velocidad

El reglamento de 2026 introdujo sistemas de recuperación de energía mucho más complejos. La unidad de potencia analiza constantemente las acciones del piloto, las condiciones de pista y el viento para optimizar el despliegue eléctrico. Pero según Verstappen, ese aprendizaje automático tiene un efecto perverso: un paso por curva más veloz que consuma un extra de batería puede desencadenar una reducción de potencia en la siguiente recta. ‘Si ganas tiempo en la curva, antes era tiempo gratis; ahora te penalizan en la aceleración’, resumió en declaraciones recogidas por Motorsport.com.

Oscar Piastri, que ya había estallado en Spa-Francorchamps, fue todavía más contundente: calificó de ‘basura’ la impredecibilidad que generan los algoritmos. Pequeñas diferencias, incluso ajenas al piloto —una ráfaga de viento, un cambio de adherencia— pueden alterar el comportamiento energético a mitad de vuelta. El resultado es que la lógica tradicional de pilotaje se invierte: ser más rápido en la curva deja de ser una ventaja neta.

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El neerlandés insiste en que esta no es una queja por sus resultados. ‘Llevo mucho tiempo diciendo lo que pienso sobre este reglamento’, afirmó. Al principio se decía que me quejaba porque ya no gano, pero cada vez más gente ve lo mismo. Me importa el producto’. La declaración tiene un trasfondo mucho más amplio que la simple competitividad: apunta a la credibilidad del espectáculo.

La cuestión técnica es sutil pero demoledora. Los algoritmos aprenden y se recalibran vuelta a vuelta, integrando los datos de aceleración, frenada y uso de marchas. Un piloto que ataque con agresividad una chicane puede terminar perdiendo dos décimas en la recta siguiente sin que exista un fallo humano. Numerosos ingenieros de pista consultados por esta redacción coinciden en que la arquitectura de software penaliza inconsistencias que en condiciones normales serían intrascendentes. La telemetría oficial de la FIA aún no ha desglosado este fenómeno, pero las quejas de dos pilotos con estilos de conducción muy diferentes sugieren que el problema es estructural.

Los algoritmos de energía están convirtiendo el pilotaje en un juego de gestión de recursos donde la intuición del piloto queda en segundo plano.

La igualdad artificial que desespera a los pilotos

Verstappen ha puesto el dedo en otra consecuencia: la neutralización de las diferencias entre compañeros de equipo. ‘Básicamente está neutralizando mucho tiempo por vuelta, y por eso ves muchas batallas igualadas entre compañeros. No se te permite marcar la diferencia’, subrayó. McLaren y Ferrari están viviendo luchas intestinas más ajustadas de lo esperado, y Piastri ha logrado eclipsar a Norris en varias sesiones gracias —paradójicamente— a su fluidez al volante, que podría casar mejor con los algoritmos.

El propio tricampeón ironizó sobre sobre su adelantamiento a Lewis Hamilton en Austria: ‘Presioné mi botón de boost y de repente tuve más potencia’. La FIA editó esa frase de sus canales oficiales, un gesto que para muchos simboliza la incomodidad de los reguladores con la verdad incómoda: el actual reglamento convierte los adelantamientos en un juego de interruptores en lugar de duelos de habilidad.

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Análisis de Impacto Motor16: lo que la F1 se juega más allá del espectáculo

La crisis de credibilidad que apuntan Verstappen y Piastri no es nueva, pero sí más profunda que las quejas de las eras híbridas anteriores. En 2014, las críticas se centraban en el ahorro extremo de combustible y la pérdida de sonido; ahora el sistema de propulsión no es simplemente restrictivo, sino que interfiere activamente en la recompensa al talento. La comparación más cercana podría ser la polémica con los mapas motor ‘party mode’ de la era V6 turbo, pero aquellos afectaban la potencia absoluta, no la capacidad de castigar a quien dobla más rápido.

El dilema para la FIA es complejo. Atraer a nuevos aficionados exige espectáculo y adelantamientos, y las estadísticas de la temporada 2026 muestran un aumento del 22 % en las maniobras de adelantamiento respecto a 2025. Sin embargo, cuando el propio Verstappen admite que los sobrepasos se producen ‘sin hacer nada, simplemente en la recta’, el riesgo de vaciar de mérito la competición es enorme. Los espectadores más informados —aquellos que la categoría necesita para sostener su base de seguidores— empiezan a sentirse estafados.

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Desde la perspectiva de los equipos, el equilibrio también es frágil. Los ingenieros dedican cientos de horas a mapear los algoritmos para sus pilotos, y las diferencias de rendimiento pueden deberse más al software que al monoplaza o al físico. McLaren ha mostrado una capacidad de adaptación superior, lo que podría explicar el salto de Piastri. Red Bull, en cambio, parece haber perdido la brújula de optimización que le permitía a Verstappen extraer décimas donde otros no llegaban. La consecuencia industrial es que el esfuerzo de diseño aerodinámico y mecánico queda subordinado a una batalla de ingeniería de control que la mayoría de los aficionados ni percibe.

El Gran Premio de Hungría de este fin de semana, un trazado rico en energía, será un laboratorio perfecto. Si las críticas persisten allí, donde la penalización es menor, la presión sobre la FIA se disparará. La próxima cumbre técnica en septiembre podría ser decisiva para introducir ajustes de urgencia. Mientras tanto, Verstappen ya ha lanzado su advertencia: la F1 camina hacia un producto que, en su opinión, ‘no es real; no es de lo que se trata competir’. Está en juego mucho más que un campeonato.