Subaru ha decidido remar a contracorriente. Mientras la mayoría de fabricantes aceleran su transición hacia coches electrificados y eliminan las cajas manuales de sus catálogos, la marca japonesa anuncia tres nuevos modelos con palanca de cambios para 2027: un WRX con la transmisión TY85 del extinto STI, un BRZ aligerado con piezas STI y un hatchback de cinco puertas descrito como un ‘coche base asequible’.
El anuncio se produjo durante una mesa redonda con medios en las 24 Horas de Fuji, la tercera cita de la Super Taikyu Series, donde Subaru confirmó que los tres vehículos serán desarrollados por su recién creada Oficina de Planificación de Vehículos Deportivos. Una señal inequívoca de que la división deportiva de la compañía vuelve a tener peso en la estrategia de producto.
WRX, BRZ y el hatchback ‘esencial’: los tres manuales de Subaru al detalle
El WRX sedán recupera la caja de cambios manual TY85, heredada de la anterior generación del WRX STI. Hasta ahora, las versiones manuales del WRX —como el STI Sport# lanzado este año en Japón, limitado a 600 unidades— montaban la TY75. Subaru argumenta que la TY85 ofrece mayor durabilidad y fiabilidad, un guiño a quienes piden un WRX capaz de soportar un uso más exigente. La marca no ha detallado el motor, pero la toma de aire del capó sugiere que montará el motor bóxer turboalimentado de 2.4 litros sin electrificar.
El BRZ que completa el trío toma como base la edición limitada STI Sport TYPE RA presentada en noviembre de 2025. Aquella versión, con apenas 300 unidades, incluía componentes STI, frenos Brembo y un kit aerodinámico agresivo. Subaru asegura que el nuevo BRZ manual será aún más ligero y divertido de conducir, aunque —y aquí viene la decepción— no habrá aumento de potencia. Nada de turbo para el cupé.
El hatchback de cinco puertas es, sin duda, el más intrigante. Partiendo del prototipo Performance-B STI Concept mostrado en el Salón de la Movilidad de Japón 2025, Subaru lo describe como un «coche base asequible» con una personalidad distinta a la del WRX y el BRZ. Tetsuro Fujinuki, director de tecnología y vicepresidente ejecutivo de Subaru, explicó que este modelo permitirá a los ingenieros de la casa dar rienda suelta a sus ideas aprovechando activos ya existentes. En la práctica, eso huele a una combinación de la plataforma del Impreza hatchback con componentes del WRX, aderezada con una puesta a punto enfocada al conductor.
Subaru está creando un refugio para el conductor purista en un mercado que cada vez mira más hacia la conducción autónoma.
La estrategia de Subaru: manuales como bandera en la era de la electrificación
El movimiento de Subaru resulta casi provocador en 2026, cuando gigantes como Volkswagen, BMW o incluso Porsche han ido retirando las cajas manuales de sus gamas deportivas. La excusa esgrimida por la mayoría es la eficiencia y los objetivos de emisiones, pero Subaru demuestra que todavía hay margen para el placer de conducir, siempre que se cuente con una base de clientes fieles y una cuota de mercado modesta que no penalice en los fleet targets europeos.
De hecho, los tres modelos se destinarán inicialmente al mercado japonés, donde las preferencias por el cambio manual son más acusadas que en Europa o Norteamérica, y donde las normativas de emisiones no aprietan tanto como en la UE. Esa es la clave: Subaru juega en casa y se permite el lujo de ofrecer un producto con ADN de los años noventa sin poner en riesgo multas millonarias por CO₂.

No obstante, el fabricante no cierra la puerta a una expansión global. Si la demanda lo justifica, estos modelos manuales podrían cruzar fronteras. En un momento en que muchos aficionados a la conducción añoran los manuales, un WRX con la caja del STI o un BRZ aún más ligero podrían convertirse en objetos de deseo en mercados como el estadounidense, donde Subaru aún tiene presencia significativa.
El manual como arma de nicho: precedentes y perspectivas
No es la primera vez que una marca japonesa apuesta por el cambio manual como elemento diferenciador. Toyota, con sus ediciones especiales del GR86 y el GR Yaris, ha demostrado que un público reducido pero apasionado puede sostener un modelo rentable si se controlan los costes. Mazda, por su parte, mantiene la caja manual en el MX-5 como seña de identidad. Subaru se suma ahora a ese club, pero con un argumento añadido: el precio.
El hatchback «asequible» puede ser la llave para atraer a una generación joven que no encuentra coches nuevos divertidos y baratos. Si Subaru logra situarlo en un segmento de entrada con un motor bóxer atmosférico (o el turbo de 2.4 litros contenido), competiría de tú a tú con utilitarios de corte deportivo que hoy son casi inexistentes. Un nicho dentro de otro nicho, sí, pero con el potencial de generar un culto similar al del ya añorado WRX STI.
Por otro lado, la insistencia en el motor de combustión pura sin electrificar, incluso en 2027, es una declaración de principios. Subaru parece decir que la hibridación y la electrificación llegarán, pero mientras tanto, todavía hay margen para motores tradicionales si se combinan con una experiencia de conducción genuina. En un sector que a menudo sacrifica sensaciones en aras de la eficiencia, esa postura es casi un acto de resistencia. Para quienes aún valoran el cambio manual, es una noticia esperanzadora.
Análisis de Impacto
En Motor16 analizamos el movimiento de Subaru como una jugada de nicho inteligente, pero con riesgos que conviene sopesar:
- Dato de mercado: Las matriculaciones de vehículos nuevos con cambio manual en Europa cayeron por debajo del 5% en 2025, según la ACEA. Sin embargo, en Japón la cuota ronda el 20%, y en segmentos deportivos la demanda es más elástica. Subaru ataca donde tiene margen.
- El rumor: Fuentes del sector apuntan a que Subaru evalúa una edición global del WRX con caja TY85 si la respuesta en Japón es positiva. La plataforma ya está homologada, lo que reduciría los costes de exportación a Estados Unidos, donde el WRX aún vende alrededor de 25.000 unidades al año.
- Veredicto: Subaru apuesta por la emoción para diferenciarse en un mercado que se homogeneiza. La jugada puede salir bien siempre que los costes de desarrollo se mantengan a raya y el hatchback cumpla con ese adjetivo de «asequible». Si los precios se disparan, el plan se quedará en un brindis al sol.

