El seguro del coche eléctrico cubre daños, robo y asistencia; la garantía del fabricante responde por los defectos de la batería. Son dos protecciones distintas, con condiciones, duración y vías de reclamación diferentes. Confundirlas es el error más habitual cuando aparecen los primeros avisos de pérdida de autonomía.
Qué cubre el seguro y qué cubre la garantía de la batería
A grandes rasgos, el seguro del coche eléctrico protege el vehículo frente a daños y robo, y añade la asistencia en carretera. La garantía comercial del fabricante responde por defectos internos: celdas o módulos que fallan, errores del sistema de gestión térmica o pérdida de capacidad por debajo del umbral pactado. Según el análisis de RACE sobre la garantía de la batería, conviene no confundirla con la garantía legal de conformidad.
La garantía específica de la batería de tracción suele cubrir varios supuestos concretos:
- Degradación excesiva por debajo del umbral fijado por el fabricante.
- Defectos de fabricación en celdas o módulos.
- Averías en el sistema de gestión térmica de la batería.
- Fallos de la unidad BMS, el sistema electrónico que controla carga y potencia.
Fuera quedan, según las condiciones de cada marca, los daños externos por accidente, golpes en los bajos, inundaciones o incendios, además de la manipulación no autorizada o el uso de cargadores no compatibles. Aquí es donde entra el seguro: un seguro a todo riesgo responde por esos daños, mientras la garantía solo actúa ante defectos de origen.
La clave está en distinguir defecto de daño: la garantía responde del primero y el seguro, del segundo.
La capacidad de la batería se mide con el SOH (State of Health), un indicador que estima cuánta capacidad conserva respecto a cuando era nueva. Conviene no confundir la capacidad útil, la autonomía en kilómetros y la degradación, el desgaste químico natural e irreversible.
Cuánto dura la garantía de la batería según la marca
Lexus ofrece una de las coberturas más amplias para la batería de su UX 300e: hasta 10 años o 1.000.000 de kilómetros manteniendo el 70% de la capacidad. Tesla extiende el límite a 8 años o 240.000 kilómetros en los Model S y Model X. Kia equipara la garantía del acumulador a la del resto del vehículo, con 7 años o 150.000 kilómetros.
Otras marcas fijan el límite solo por kilometraje dentro de un periodo de ocho años: MG hasta 150.000 km, Dacia 120.000 km y Smart 100.000 km, según recoge el análisis de RACE. La horquilla es amplia y las condiciones concretas dependen de la marca, el modelo y el mercado, por lo que conviene leer la letra pequeña antes de dar por hecho que un fallo entra en garantía.
Cómo reclamar por la vía correcta y qué conviene revisar
Si aparece una pérdida de autonomía que no se explica por el uso, o un aviso de avería del sistema de alta tensión, conviene acudir a un taller que haga un diagnóstico con los procedimientos del fabricante y preparar la documentación del vehículo y el historial de mantenimiento.
Con el diagnóstico en la mano, si se confirma un defecto cubierto, arranca el proceso de reparación o sustitución: según el diseño de la batería, puede bastar con cambiar módulos concretos o ser necesario reemplazar el conjunto completo.
Si la marca deniega la cobertura alegando negligencia, el usuario puede pedir por escrito el motivo de la negación, solicitar una valoración independiente del estado de la batería y presentar una hoja de reclamaciones ante las juntas de arbitraje de consumo.
Desde el punto de vista del seguro, merece la pena revisar si la póliza incluye el vehículo en modalidad a todo riesgo, la única que responde por daños propios de la batería. También conviene anotar la fecha de fin de la garantía del fabricante para no quedarse sin ninguna de las dos redes.
El mercado eléctrico avanza hacia baterías con más años de cobertura y umbrales más exigentes, así que la comparación entre marcas gana peso al elegir coche. La recomendación es sencilla: separa siempre defecto de daño, guarda el historial de revisiones y revisa cada año las condiciones de tu póliza.
