La prohibición de componentes chinos en Estados Unidos podría encarecer los coches hasta un 15 %

Estados Unidos prepara una normativa que vetaría los componentes de origen chino en los coches nuevos a partir de 2030, una medida que podría elevar el precio de los vehículos hasta un 15 %.

Los coches nuevos vendidos en Estados Unidos podrían subir de precio hasta un 15 % si prospera un proyecto de ley que pretende eliminar los componentes fabricados en China de todos los vehículos comercializados en el país a partir de 2030. Traducido al bolsillo del comprador, el sobrecoste podría superar los 6.800 euros (unos 7.400 dólares) por unidad, según los cálculos de la industria. La medida, que se suma al veto del software chino que entrará en vigor en 2027, ha encendido las alarmas entre los fabricantes y los proveedores de componentes.

Una legislación que busca cortar la dependencia china en el automóvil

Las autoridades estadounidenses han activado dos frentes legislativos para reducir la presencia china en el sector del automóvil. Por un lado, una comisión del Congreso aprobó recientemente un proyecto que prohíbe la venta de vehículos de fabricantes con más de un 15% de participación china. Por otro, una iniciativa paralela apunta directamente a los componentes: pretende vetar cualquier pieza, módulo o sistema fabricado en China de los coches que se matriculen en Estados Unidos a partir de 2030.

La normativa sobre software, que entrará en vigor el año que viene, ya está provocando movimientos empresariales. Polestar, la marca sueca-china de vehículos eléctricos, ha anunciado su salida del mercado estadounidense como consecuencia directa de ese veto, mientras que Volvo ha obtenido una exención temporal, según recogen fuentes del sector. Al eliminar también el hardware, la industria se enfrenta a un reto de escala global.

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El coste de desvincularse de los componentes chinos

La dependencia de los suministros chinos es difícil de cortar sin que se resientan los precios. Una startup de Ohio, Eagle Wireless, está tratando de escalar su producción de módulos de comunicación y localización para cubrir la futura demanda, pero sus responsables reconocen a la agencia Reuters que sus piezas cuestan entre un 5% y un 15% más que los equivalentes importados de China. «Se me cayó la mandíbula al ver el aumento de precio», declaró un antiguo ejecutivo de un fabricante de Detroit al comparar la factura de un sistema ADAS producido fuera de China con otro de origen chino.

El precio medio de un coche nuevo en Estados Unidos se situó en mayo pasado en 45.500 euros (unos 49.500 dólares), según la consultora Cox Automotive. Ese precio se ha disparado desde el inicio de la pandemia y pocos esperan que una tensión adicional en la cadena de suministro lo abarate. Si los sobrecostes se trasladan íntegramente al comprador, el mismo vehículo compacto o SUV que hoy cuesta algo más de 45.000 euros podría superar los 52.000 euros, un encarecimiento difícil de digerir para el consumidor.

Sacar a China de la cadena de suministro de un vehículo moderno supone multiplicar los costes y, al final, el comprador asumirá buena parte de esa factura.

Algunos fabricantes confían en capear mejor el temporal. El responsable de software de Rivian ha asegurado que la marca de camionetas eléctricas puede cambiar de proveedor con relativa agilidad porque su volumen es menor y su cadena de suministro más flexible. En cambio, gigantes como Ford han tenido que negociar para mantener modelos producidos en China, como el Lincoln Nautilus, aunque al final la presión política ha llevado al fabricante a comprometerse a trasladar esa producción a territorio estadounidense.

El efecto dominó más allá de Estados Unidos: ¿qué significa para el comprador español?

A primera vista, la prohibición afecta solo al mercado estadounidense, pero la desvinculación de los componentes chinos tiene implicaciones globales. Los grandes proveedores de tecnología para el automóvil operan en varios continentes y, si la demanda de piezas libres de China se dispara solo en Estados Unidos, los precios de esos mismos módulos podrían encarecerse también en Europa. De hecho, la propia Eagle Wireless o cualquier otra empresa que escale para el mercado estadounidense podría repercutir costes en sus ventas al resto del mundo.

Además, varios fabricantes europeos tienen plantas en Estados Unidos o venden modelos fabricados en China con componentes chinos que no podrían distribuir allí sin una revisión completa de su cadena de suministro. Ese rediseño, que no se limita a la producción física, ya que la ley también incluye los componentes que utilizan licencias chinas, alcanza incluso a baterías fabricadas en Michigan con tecnología de CATL. Ford ya produce baterías en esa planta con licencia de la empresa china, y el nuevo marco legal podría obligar a reconsiderar esos acuerdos.

Para el comprador español la lección es clara: la tendencia hacia una cadena de suministro más localizada y alejada de China no es solo estadounidense. Las administraciones europeas también vigilan la dependencia de componentes clave, y cualquier endurecimiento normativo en el Viejo Continente se traduciría en coches más caros. Mientras tanto, la presión sobre los precios en Estados Unidos anticipa lo que podría ocurrir en otros mercados, incluido el español, si la desvinculación global se acelera.

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aumento precio coches EE.UU.

📌 Datos clave internacional

  • La cifra a enmarcar: el precio medio de un coche nuevo en Estados Unidos supera ya los 45.500 euros, y la prohibición de componentes chinos podría añadir hasta un 15%, lo que elevaría el coste a más de 52.000 euros.
  • Consejo práctico: si piensas importar un coche estadounidense o comprar un modelo que se fabrique con piezas chinas para el mercado norteamericano, ten en cuenta que los sobrecostes pueden llegar también a las exportaciones y que los precios seguirán al alza en los próximos años.
  • Así te afecta: aunque la medida es local, el encarecimiento de los componentes en Estados Unidos señala un camino que Europa podría seguir, lo que encarecería el coche nuevo también en España si las regulaciones se endurecen.