Treinta y un años después de abrir sus puertas, el Museo Mazda ha alcanzado una cifra que resume su papel como embajador silencioso de la marca: dos millones de visitantes acumulados. Los encargados de marcar el hito fueron 71 alumnos de quinto curso de la escuela primaria Ohkou de Hiroshima, que llegaron al recinto como parte de una excursión escolar sin saber que estaban a punto de convertirse en protagonistas de la historia del museo de la marca japonesa.
Una ceremonia con sabor a futuro

Mazda organizó una ceremonia conmemorativa en la que el presidente y CEO de la compañía, Masahiro Moro, recibió personalmente a los estudiantes. «Enhorabuena por convertiros en los visitantes número dos millones del Museo Mazda», les dijo, animándoles a pensar que «los coches son fascinantes» y que «fabricar cosas es apasionante». Moro aprovechó también para agradecer a todas las personas que, año tras año, han hecho posible que el museo llegue a esa cifra: «Seguiremos valorando cada oportunidad de conectar con nuestros visitantes y continuaremos mejorando el museo como un lugar donde las personas puedan experimentar la marca Mazda y sus profundos vínculos con la comunidad local».
Como recuerdo del día, la escuela Ohkou se llevó a casa un regalo muy especial: una maqueta a escala 1:18 del Mazda ICONIC SP, el prototipo que hoy representa la visión de futuro de la marca.
Desde 1994 hasta hoy: tres décadas contando la historia de Mazda

El Museo Mazda, situado en los terrenos de la sede central de la compañía en Fuchu-cho, distrito de Aki (prefectura de Hiroshima), abrió sus puertas en mayo de 1994. Desde entonces ha recibido una media de 50.000 visitantes al año, entre propietarios de vehículos Mazda, entusiastas del motor, turistas japoneses e internacionales interesados en la industria automovilística, y estudiantes que acuden en viajes educativos.
El recinto no ha permanecido inmóvil todo este tiempo. Ha vivido dos grandes renovaciones, en 2005 y en 2022, y una revisión parcial más reciente, completada a finales de marzo de 2025, que reabrió sus puertas al público el 1 de abril de ese año. El objetivo de esta última actualización fue claro: ofrecer una experiencia más inmersiva que ayude a comprender mejor el atractivo de Mazda, su trayectoria y hacia dónde se dirige.
Qué trajo la renovación: de Le Mans al biodiésel

La actualización mantuvo intactas las exposiciones permanentes, pero sumó varias novedades pensadas para emocionar tanto a los aficionados al motor como al público general:
- El prototipo Mazda ICONIC SP y otras piezas de exhibición, incorporadas para mostrar la visión de la compañía sobre el automóvil del futuro.
- Sonido estereofónico envolvente en la sección dedicada al automovilismo histórico, que recrea la atmósfera de las 59.ª 24 Horas de Le Mans de 1991, cuando el mítico MAZDA 787B logró la primera victoria de un fabricante japonés en la prueba, con el rugido del motor y la euforia del público como protagonistas.
- Una nueva exposición sobre un vehículo de competición propulsado por biodiésel, que ilustra los esfuerzos de la marca por avanzar hacia la neutralidad de carbono.
- Un automóvil desmontado con la tecnología SKYACTIV, que permite a los visitantes entender, pieza a pieza, cómo Mazda reinventó desde cero los componentes fundamentales del automóvil para combinar placer de conducción, seguridad y respeto ambiental.
Un museo que también educa
Más allá de la exhibición de vehículos históricos, el Museo Mazda se ha convertido en un espacio educativo activo. En los últimos años ha ampliado su programación interactiva con talleres de fundición para niños, pensados para que visitantes de todas las edades vivan de primera mano la artesanía y la emoción que hay detrás de fabricar un coche.
Con la barrera de los dos millones de visitantes ya superada, la marca ha dejado claro que su intención es seguir abriendo las puertas de su sede en Hiroshima a nuevas generaciones. La compañía asegura que continuará dando a conocer la rica cultura manufacturera de la ciudad, transmitiendo sus valores a quienes, como los alumnos de la escuela Ohkou, todavía tienen toda una vida por delante para descubrir por qué «fabricar cosas es apasionante».

