El Pentágono incluye a BYD y Nio en su lista militar china y complica su negocio en EE.UU.

El Departamento de Defensa estadounidense actualiza la Sección 1260H con 188 empresas señaladas como vínculo militar chino. La inclusión no implica sanciones inmediatas, pero puede disuadir a socios comerciales y complicar la exportación de autobuses eléctricos de BYD desde Calif

El Pentágono incluyó a BYD y Nio en la lista de compañías militares chinas menos de un mes después de la cumbre entre Trump y Xi Jinping en Pekín. La decisión no activa sanciones automáticas, pero complica el principal negocio de BYD en Estados Unidos: la fabricación de autobuses eléctricos en su planta de Lancaster, California.

La actualización de la Sección 1260H señala a 188 empresas que el Departamento de Defensa considera vinculadas al ejército chino. Junto a los dos fabricantes de vehículos, entran en la lista el gigante del comercio electrónico Alibaba, el buscador Baidu, la biotecnológica WuXi AppTec y el fabricante de robots humanoides Unitree. El listado ya incluía a Tencent desde la ronda anterior.

Un listado sin sanciones, pero con consecuencias reales

La designación no impone ninguna restricción comercial inmediata, pero congela el apetito de los socios estadounidenses. Cualquier empresa que aspire a contratar con el Gobierno federal o con agencias que reciban fondos públicos mira ahora con recelo a BYD. Es un precedente conocido: cuando Washington pone una etiqueta de riesgo para la seguridad nacional, se activa un mecanismo informal de vetos que funciona más rápido que las propias sanciones.

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La analista Stefanie Kam, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, advirtió que las empresas incluidas en la lista probablemente han sido señaladas por participar en programas industriales estatales, no porque existan pruebas claras de su asociación con el estamento militar. El Pentágono justificó la inclusión de BYD por sus vínculos con la Comisión de Supervisión y Administración de Activos del Estado y con el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información chinos.

BYD negó de forma tajante cualquier vínculo con el aparato militar y subrayó que la inclusión en la lista perjudica sus logros de desarrollo en Estados Unidos. Nio, por su parte, recordó que no opera en el mercado estadounidense, por lo que no espera un impacto directo.

La embajada de China en Washington calificó el listado de discriminatorio y acusó a Estados Unidos de extralimitar el concepto de seguridad nacional. “Las empresas chinas que hacen negocios en el extranjero respetan escrupulosamente las leyes de los países anfitriones”, declaró.

La ironía de que un fabricante de autobuses escolares sea considerado una amenaza militar no pasa desapercibida en el sector. Y ese es, precisamente, el terreno más expuesto de BYD en Norteamérica.

Una empresa que ensambla autobuses escolares en California es ahora un riesgo para la seguridad nacional. La etiqueta no sanciona, pero señala, y en la contratación pública eso basta para cerrar puertas.

El autobús eléctrico de BYD, en la diana del lobby industrial

2026 NIO estación intercambio baterías. Imagen portada.
Foto: NIO. En cuestión de dos o tres minutos en esta estación se cambia la batería de un coche eléctrico por una cargada al 100%.

La planta de Lancaster, al norte de Los Ángeles, ensambla cientos de autobuses eléctricos cada año para distritos escolares y agencias de transporte público de todo el país. BYD se benefició de los fondos federales para la transición energética y del programa Buy America, que exige un alto porcentaje de componentes locales. Pero la designación de la Sección 1260H introduce un factor de riesgo reputacional que los compradores públicos difícilmente ignorarán.

Los fabricantes estadounidenses de autobuses eléctricos, como Proterra o New Flyer, llevan tiempo presionando para que se revisen los contratos con empresas chinas. La decisión del Pentágono les da munición: ya no se trata de una guerra comercial, sino de una cuestión de seguridad nacional. Varios estados, incluidos California y Nueva York, evalúan cláusulas de confianza en sus pliegos de contratación que podrían excluir a BYD de facto.

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BYD no comercializa turismos en Estados Unidos, así que su exposición directa es limitada. Sin embargo, el autobús eléctrico era su carta de presentación en el mercado norteamericano y una plataforma para probar la aceptación de su tecnología. Perder ese escaparate no es una cuestión menor.

Análisis de Impacto

La inclusión en la lista militar china es un nuevo capítulo en la fractura tecnológica entre Washington y Pekín, y el sector de la movilidad eléctrica ocupa ya el centro del tablero. A BYD le afecta en tres dimensiones clave.

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  • Dato de mercado: BYD vendió más de 4 millones de vehículos eléctricos e híbridos enchufables en 2025 y controla alrededor del 18 % del mercado mundial de autobuses eléctricos. La planta de Lancaster ensambla unos 1 500 autobuses al año, un volumen modesto pero simbólico en su estrategia de expansión global.
  • El rumor: En los pasillos de la industria se comenta que BYD podría acelerar la construcción de una segunda planta en Europa del Este para compensar el portazo estadounidense. La fábrica húngara de Szeged, prevista para 2027, podría recibir una asignación adicional de capacidad si los pedidos de autobuses en California se frenan.
  • Veredicto: La mayoría de las empresas señalan que el impacto financiero directo será limitado, pero la señal geopolítica es potentísima. El Pentágono está diciendo que la movilidad eléctrica china es un vector de influencia estatal, y eso abre la puerta a restricciones más amplias sobre baterías y componentes. El verdadero perdedor puede ser el consumidor estadounidense, que verá menos competencia y precios más altos en el segmento de autobuses limpios.

China no ha respondido con represalias equivalentes, pero Pekín ya demostró con las restricciones al germanio y al galio que sabe dónde apretar. La administración Trump, que acaba de sentarse con Xi, está enviando un mensaje contradictorio: mano tendida en la cumbre y golpe en la lista militar. En esa ambigüedad se moverá el negocio de BYD en Estados Unidos durante los próximos meses.