El Forest Grove Concours 2026 celebra 52 años con Lancia Fulvias, Alfa Zagato y un Mercedes 280SL Best in Class

El Forest Grove Concours celebró su 52ª edición con una selección tan ecléctica como cuidada, coronada por un Mercedes 280SL restaurado durante seis años y medio. El certamen, que mantiene su vocación benéfica intacta, ha canalizado más de un millón de dólares hacia las becas de

En su 52ª edición, el Forest Grove Concours d’Elegance volvió a demostrar que la grandeza de un certamen no se mide en alfombras rojas sino en la autenticidad de su misión. Celebrado en los terrenos arbolados de Pacific University, en Oregón, el encuentro más longevo del Pacífico Noroeste congregó una selección inusualmente diversa —Lancia Fulvia, Alfa Romeo con carrocería Zagato, un Mercedes 280SL recién salido de una restauración de seis años y medio— y destinó, como cada edición, hasta el último dólar recaudado a las becas de la Fundación Rotaria.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: el Forest Grove Concours es el certamen de elegancia más longevo del noroeste estadounidense y tiene un propósito benéfico íntegro: desde su fundación ha donado más de un millón de dólares a becas estudiantiles.
  • No te lo puedes perder: la convivencia entre rarezas italianas como un Alfa Zagato con número de bastidor 001, un Ferrari Daytona Spider y un icónico Mercedes 280SL que se alzó con el galardón Best in Class tras una restauración meticulosa de 6,5 años.
  • Cifras y cotización: la 52ª edición reafirmó un legado que acumula más de medio siglo ininterrumpido y un millón de dólares donados en becas, con una inscripción de clásicos que abarca desde el mencionado Alfa Zagato hasta el Mercedes 280SL mejor restaurado de la jornada.

Una cita con alma Rotary sobre el césped de Pacific University

Forest Grove es la antítesis de los concursos hipertrofiados. Aquí no hay Dawn Patrol a las cinco de la mañana ni colas interminables: la jornada arrancó a una razonable hora de las once, con aparcamiento fácil y una atmósfera que privilegió la charla pausada sobre la exhibición acelerada. Keith Martin, cronista de Sports Car Market y figura clave del periodismo de clásicos, llegó acompañado de su hijo Bradley a bordo de un seis cilindros británico de 1964 —del que promete hablar más adelante— y destacó la temperatura estable del motor incluso con los 85 grados Fahrenheit del día, un dato que los puristas sabrán apreciar.

El evento debe su longevidad a una fórmula sencilla: todo lo recaudado va a parar a las becas de la Fundación Rotaria para estudiantes de los distritos de Forest Grove, Banks y Gaston. Con más de un millón de dólares acumulados desde su creación, el concours ha tejido una red de apoyo educativo que trasciende lo puramente automovilístico. Esa vocación comunitaria explica que, año tras año, propietarios y aficionados regresen como quien vuelve a una cita familiar.

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La diversidad como bandera: Fulvias, Zagato y un 280SL magistral

La plantilla de este año rompió moldes. Lancia Fulvias y Alfa Zagato compartieron el verde con clásicos Land Rover y Corvair, una mezcla que rara vez se ve en los certámenes de la costa este. Entre las estrellas italianas brilló con luz propia el Alfa Zagato con número de bastidor 001, propiedad de Bob Piacentini, una pieza de indudable rareza que confirma la profundidad del coleccionismo regional. También hizo acto de presencia el Ferrari Daytona Spider de Frank y Janet Mandarano, fundadores de Concorso Italiano, con quienes Keith Martin se reencontró tras una década. La conversación entre ellos, según relató el propio Martin, fue uno de esos momentos que justifican por sí solos un domingo entre clásicos.

Pero el gran protagonista fue Brad Miller y su Mercedes 280SL (W113). El roadster de la estrella, recién salido de una restauración que se prolongó durante seis años y medio, se alzó con el Best in Class. No es un galardón cualquiera: la Pagoda es un modelo que en los últimos años ha visto disparada su cotización, y encontrar una unidad con un historial tan meticuloso equivale a un billete de primera fila en cualquier subasta internacional. A su lado, el Jaguar E-type Serie 1 de John Draneas se llevó un meritorio Segundo de Clase, redondeando una competición tan reñida como elegante.

El valor de lo local: por qué los certámenes regionales engrasan el coleccionismo

Conviene detenerse en lo que representa Forest Grove para el mercado y la cultura del clásico. Mientras los grandes concursos mundiales —Pebble Beach, Villa d’Este— ponen el foco en la restauración a niveles de concours absoluto y cifras de siete dígitos, las citas de perfil regional, como ésta, mantienen viva la base de la pirámide. Aquí el entusiasmo no se mide en ceros, sino en horas de taller y en historias compartidas. El Mercedes 280SL de Miller es un ejemplo perfecto: una restauración de seis años y medio que ningún inversor puramente especulativo habría emprendido, pero que un propietario apasionado culmina por amor al modelo y a la comunidad.

Esa es, en último término, la lección de una 52ª edición que rozó los 85 grados de temperatura y las cero pretensiones. El Forest Grove Concours no solo financia becas: financia la memoria emocional del automóvil. Y lo hace con un formato que, a juzgar por la fidelidad de sus asistentes y la calidad de los vehículos expuestos, no necesita revisión alguna.

Un concours no es una subasta; su verdadero valor se mide en los lazos que tiende entre generaciones, no en las cifras de martillo.

La próxima edición está ya en el horizonte; si la tradición se mantiene, volverá a ser un domingo de julio en Oregón. Hasta entonces, los aficionados haríamos bien en recordar que el mejor termómetro de la salud del clásico está en eventos como éste, donde el vehículo es el pretexto y las personas son el argumento.