España acumula 61 días bajo ola de calor en 2026, el registro más alto de la serie histórica. En moto, eso no es una anécdota: es una forma distinta de conducir.
Qué dice exactamente la AEMET
La nota publicada por la AEMET reparte esos 61 días entre cuatro olas de calor en la Península y Baleares y una más en Canarias, de cinco días de duración. El registro comparable anterior estaba en los 41 días de 2022, así que hablamos de casi un 50% más de jornadas en alerta térmica en apenas cuatro años.
Hay un detalle que se sale de lo esperado: las condiciones de pleno verano se han extendido más allá del trimestre. La AEMET sitúa un episodio de temperaturas muy altas ya en mayo y una ola de calor más en septiembre. Con ese reparto, el verano de 2026 queda como el más cálido de la serie histórica.
Por qué el calor pega más fuerte en moto que en coche
En un coche, el aire acondicionado tapa el problema. En moto no hay dónde esconderse. El asfalto funciona como un radiador y, cuando el aire ronda los 40 °C, la calzada puede superar los 60 °C: ese calor sube al motorista por las piernas, por el motor y por los neumáticos.

El casco se convierte en el punto crítico. Es obligatorio siempre, y circular sin él cuesta 200 euros y tres puntos del carnet, así que la tentación de aflojarlo en un semáforo se paga cara. La vía lógica no es renunciar a la protección, sino elegir un modelo bien ventilado y homologado bajo la normativa ECE 22-06.
Los guantes no son obligatorios en España, pero el verano es justo cuando hacen falta: una caída a 30 km/h con la palma desnuda contra el asfalto a 60 grados se cobra la piel en segundos. Unas prendas de verano con protección de nudillos cuestan menos que una cura de urgencia.
El calor no te tumba de golpe: te va restando reflejos kilómetro a kilómetro hasta que un imprevisto te pilla sin margen.
Y luego está lo que no se ve. Los estudios de fisiología sitúan en torno al 2% de pérdida de peso corporal en agua el punto en el que la atención y los reflejos caen de forma medible. Con casco integral, chaqueta y una ruta de dos horas, ese umbral se cruza antes de que el motorista note sed.
Después está la mecánica. La presión de los neumáticos sube con la temperatura ambiente y con el propio rodar, entre 0,2 y 0,3 bar en una mañana de agosto. Eso no se corrige aliviando aire en caliente: la presión se mide siempre en frío, nunca en caliente. Un neumático por encima de su presión pierde superficie de contacto; uno por debajo se calienta de más y se degrada.
El asfalto tampoco se comporta igual a 60 °C que a 20 °C. La mezcla bituminosa se reblandece y el neumático trabaja con menos margen, sobre todo en frenadas fuertes, y en curvas rápidas de montaña. Si a eso le sumas una visera empañada, sudor en la vista y tráfico denso, el cóctel está servido.
Lo que cambia respecto a 2022
Hasta este año, el verano de 2022 era la referencia con sus 41 días. La diferencia no es solo cuantitativa: entonces los episodios se concentraron en julio y agosto, mientras que en 2026 el calor ha ocupado también los extremos de la temporada. Para quien usa la moto a diario, eso significa más jornadas al año con riesgo térmico para el motorista, y más decisiones sobre cuándo salir y con qué equipo.
La respuesta práctica no es dejar la moto en el garaje de junio a septiembre. Es reorganizar la ruta: salir antes de las nueve y volver antes de las dos, evitar los tramos de asfalto expuesto y beber agua cada 45 minutos. El equipamiento ventilado con protecciones certificadas, desde chaquetas de malla con protecciones EN 1621-1 y EN 1621-2 hasta guantes de verano y calzado reforzado, pesa menos de lo que parece a 38 grados.
Queda el contexto europeo. En Francia e Italia los planes de alerta por calor incorporan recomendaciones específicas para conductores de dos ruedas, y la tendencia apunta a que España termine adoptando un enfoque parecido si los registros siguen subiendo. El balance climático anual de la AEMET, que se publicará en los próximos meses, pondrá la cifra definitiva a un año que ya está en los libros.

