Los coches más caros en subasta: del Ferrari F50 a las berlinettas de los sesenta que reinan en 2026

Un Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964, rematado en 42,9 millones de dólares, encabeza la tabla provisional del año. Por debajo, el Ferrari Luce de caridad y una docena de berlinettas y spiders de Maranello dibujan un mercado que ya no premia el brillo sino la historia.

Los coches más caros en subasta de 2026 tienen un líder inesperado: un Shelby Cobra Daytona Coupé de 1964, chasis CSX2300, rematado en 42,9 millones de dólares.

Detrás de él, la nómina del año vuelve a ser un asunto de familia: Ferrari ocupa siete de los diez primeros puestos, con las berlinettas de los sesenta y los hipercoches modernos alternándose en los escalones altos. Entre ambos mundos, un McLaren F1 GTR y un Corvette Grand Sport recuerdan que el récord de una marca casi nunca se alcanza con su coche más famoso, sino con el más raro.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: el remate absoluto del año no es un Ferrari, sino el Shelby Cobra Daytona Coupé CSX2300, adjudicado en 42.905.000 dólares: la cifra más alta jamás pagada por un automóvil construido en Estados Unidos.
  • No te lo puedes perder: el Ferrari Luce ‘Tailor Made’, chasis 0, es el primer coche eléctrico, el primer coche nuevo y el primer lote benéfico que supera los cuarenta millones en puja pública; lo donó la marca y el importe fue íntegro para The Ferrari Foundation.
  • Cifras y cotización: al menos 393 coches rebasaron el millón de dólares en subasta pública durante 2026, según el recuento difundido a mediados de septiembre: 144 en RM Sotheby’s, 104 en Mecum y 59 en Broad Arrow.

El Daytona Coupé que rompió el techo americano

El chasis CSX2300 se remató en 42.905.000 dólares durante la semana de Pebble Beach de 2026, en la puja de Gooding Christie’s. La cifra pulveriza el récord de Shelby, convierte al coupé en el coche estadounidense más caro jamás vendido en pública subasta y firma el mejor resultado de la historia de la casa californiana.

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No es un ejemplar cualquiera dentro de una serie minúscula. Fue el tercero de los seis Daytona Coupé que Carroll Shelby construyó con un objetivo explícito: batir a los Ferrari 250 GTO en el campeonato de constructores. La carrocería de aluminio ligero salió de Carrozzeria Gransport sobre un dibujo de Peter Brock, y el resultado fue una de las siluetas más eficaces que ha producido el automovilismo norteamericano.

Su historial está documentado carrera a carrera: tercero de clase y sexto absoluto en las 24 Horas de Daytona, tercero de clase en Sebring y después la campaña europea con Alan Mann Racing, con un tercero de clase en Nürburgring y un segundo en Reims. Carroll Shelby lo conservó en su colección personal entre 1975 y 1998, lo que añade al palmarés una procedencia que ninguno de los otros cinco puede igualar.

Cuarenta millones por el primer Ferrari eléctrico

El segundo puesto de la tabla es el que menos se parece a una subasta. El Ferrari Luce ‘Tailor Made’, chasis 0, se adjudicó por 40.000.000 dólares en RM Sotheby’s Monterey 2026 y se convirtió en el coche benéfico más caro, el coche nuevo más caro y el eléctrico más caro jamás subastado.

Cuarenta millones por un Ferrari que aún no ha llegado a ningún garaje dicen menos del mercado que de la capacidad de Maranello para fabricar reliquias instantáneas.

Conviene precisar qué se vendió exactamente: el primer chasis de producción del primer Ferrari completamente eléctrico, donado por la marca, con el cien por cien del importe destinado a los programas de The Ferrari Foundation. En la clasificación histórica ocupa el sexto puesto absoluto y es el tercer Ferrari más caro de todos los tiempos, solo por detrás de dos GTO.

La operación tiene más de gesto institucional que de mercado, pero fija un precedente que el coleccionismo tardará en digerir: por primera vez, un coche eléctrico y sin entrega a cliente ha superado los cuarenta millones en puja pública. RM Sotheby’s no subastó un automóvil; subastó una primicia.

récord subasta clásicos

Las berlinettas de los sesenta y la lección del California Spider

Si un modelo explica la mecánica del año, ese es el Ferrari 250 GT SWB California Spider. En 2026 llegaron al mercado un número inusualmente alto de ejemplares —de los 56 construidos en batalla corta— y la serie dibuja una curva que ningún titular recoge.

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El récord de modelo cayó en Mónaco: 16.655.000 euros (19.520.000 dólares) por un 1962 con carrocería de Scaglietti, el vigésimo sexto de la serie y uno de los 39 con faros cubiertos, restaurado después de 2019 y acabado en Blu Scuro sobre interior rojo con hardtop plateado. Superaba por poco los 16.300.000 euros que el California Spider ex-Alain Delon, procedente del hallazgo Baillon, había marcado en Artcurial en 2015: una década de vigencia para una plusmarca que apenas se ha movido un dos por ciento.

La letra pequeña está en Indianápolis. El chasis 4137GT, último de los 56 SWB, se remató en 18.150.000 dólares en Mecum Indy 2026 tras haber cambiado de manos en Kissimmee 2024 por 17.875.000. Son 275.000 dólares más en dos ejercicios: un uno y medio por ciento nominal que, descontadas las comisiones de ambas operaciones, deja el resultado en pérdida real. Traducido al idioma del coleccionista: el SWB California Spider no ha subido, ha aguantado.

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El resto de la serie acompaña sin despeinarse. 17.176.418 dólares por el chasis 1916 GT en RM Sotheby’s París —motor original y un 3.8 de repuesto construido por Piet Roelofs incluido en el lote— y 16.505.000 por el chasis 1963 GT en Gooding Christie’s Amelia Island, con su rarísimo hardtop de fábrica. Cifras enormes, todas por debajo de los 25.305.000 dólares que en 2025 pagó el 1961 Competizione, el California Spider más caro de la historia.

Un mercado que paga dieciocho millones por un California Spider y solo doscientos setenta y cinco mil más que hace dos años no está eufórico: está selectivo.

Del F1 GTR al Enzo: la rareza como argumento

En Monterey, el McLaren F1 GTR, chasis 10R, alcanzó 34.655.000 dólares: coche británico más caro y McLaren más caro de la historia. Fue uno de los dos prototipos de cola corta derivados del ganador de Le Mans de 1995 —el chasis 01R— y debe su fama tanto a Nick Mason, propietario durante años, como a la librea de fábrica en Blood Red con los grafismos amarillos que le valieron el apodo de ‘The Pop Art F1’.

El Corvette tuvo su parte. El Grand Sport chasis 003, uno de los cinco construidos y el primero de los tres coupés, se vendió por 18.705.000 dólares —más del doble del récord anterior de la marca— con la librea azul número 2 que vistió en Sebring, donde fue segundo de clase en 1964. Exactamente la misma cifra pagó el Ferrari 250 P, chasis 0810, el primer ‘P’ de Maranello: segundo absoluto en Sebring y tercero en Le Mans con Mike Parkes y Umberto Maglioli. Dos coches sin nada en común, un mismo precio.

Los hipercoches modernos cerraron la pinza. El Ferrari Enzo de la colección Bachman, con 645 millas, se adjudicó por 17.875.000 dólares en Mecum Kissimmee, más del triple del récord anterior del modelo. Era uno de los 400 fabricados, uno de los 127 en especificación estadounidense y uno de los 36 pintados en Giallo Modena DS 4305, del que solo once llegaron a Estados Unidos; su primer propietario llegó a colocar personalmente algunas piezas durante el montaje.

El Daytona SP3 de 2023, con 227 millas y configuración Atelier, sumó 17.825.000 dólares en la misma semana. Y aquí el Ferrari F50 entra en la conversación: la revalorización del Enzo y del SP3 arrastra a toda la saga de hipercoches de Maranello, y el último Ferrari de la era analógica —cambio manual, sin ayudas electrónicas— es la pieza que el coleccionista mira ahora con otros ojos.

La anchura del mercado confirma que no se trata de un año de excepciones aisladas. Al menos 393 coches superaron el millón de dólares en subasta pública a lo largo de 2026, según el recuento difundido a mediados de septiembre: 144 en RM Sotheby’s, 104 en Mecum, 59 en Broad Arrow, 51 en Gooding Christie’s, 20 en Barrett-Jackson, 10 en Bonhams y 5 en Artcurial. Solo la semana de Monterey aportó 143, y la cita de Barrett-Jackson en Las Vegas cerró en septiembre el calendario estadounidense.

El balance, sin embargo, es provisional: el recuento se cerró a mediados de septiembre y el ejercicio aún no ha terminado. Con ese telón de fondo, la pregunta que ordena la próxima temporada no es cuánto subirá el siguiente GTO, sino cuántos compradores quedan para los coches de segunda fila que el efecto arrastre ha empujado por encima del millón. La respuesta, como siempre en este mercado, la dará un precio de martillo.

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