Mitsubishi no quiere quedarse fuera de la batalla por el todoterreno puro. La confirmación del nuevo Montero —conocido como Pajero en otros mercados— coloca a la marca japonesa en la senda de los 4×4 con chasis de largueros, reductora y bloqueo trasero, un segmento donde el Toyota Land Cruiser lleva años reinando sin oposición nipona.
La noticia llega en un momento en que el mercado de los SUV de verdadera capacidad off-road se ha reducido, pero se ha polarizado hacia el lujo y la tradición. Mitsubishi no intenta reinventar la rueda: rescata una receta que funcionó durante décadas con el Montero original y la actualiza con la base técnica de su pick-up Triton. El resultado promete ser uno de los lanzamientos más esperados por los puristas del todoterreno.
Chasis de largueros y reductora: la apuesta técnica que marca distancias
El nuevo Montero se asienta sobre el chasis de largueros y travesaños de la Mitsubishi Triton, la pick-up global del fabricante. Esta decisión no es menor: significa que el modelo contará con una arquitectura pensada desde el origen para resistir torsiones, cruzar pedregales y remolcar con solvencia, lejos de las plataformas monocasco que dominan los SUV actuales.
Mitsubishi ha confirmado que el tren de rodaje incluirá tracción total, reductora y bloqueo del diferencial trasero, además de un control de tracción específicamente calibrado para off-road. Aunque la marca habla de un chasis rediseñado y un nuevo esquema para el eje trasero que mejorarán el confort en carretera, la prioridad táctica está clara: competir en capacidades todoterreno puras con el Land Cruiser, el Nissan Patrol y el Land Rover Defender.
El diseño final se inspira en el DST Concept, un prototipo que ya adelantó líneas robustas y volúmenes musculosos. Sin embargo, Mitsubishi aún no desvela imágenes definitivas ni detalles del motor. La incógnita del propulsor es clave: un todoterreno de este tamaño necesita cumplir con los fleet targets de emisiones, por lo que no sería extraño que recurriera a un diésel electrificado o a una variante híbrida enchufable, pero la firma japonesa guarda silencio al respecto.
El Montero llegará primero a mercados como Australia, Oriente Medio y Latinoamérica, donde la tradición 4×4 pesa más que en Europa. En el Viejo Continente, su viabilidad comercial dependerá de cómo encaje en las normativas de emisiones y de si Mitsubishi decide apostar por una versión de bajas emisiones desde el arranque.
El pulso con el Land Cruiser: un tablero que cambia de jugadores
Toyota ha dominado durante años el segmento con un Land Cruiser que se vende por prestigio y fiabilidad. Sin embargo, la competencia se ha multiplicado: el Land Rover Defender ha elevado el listón tecnológico y el Ineos Grenadier ha demostrado que hay hueco para un enfoque más espartano. El Montero tiene la oportunidad de recuperar a los nostálgicos de la marca y de arañar cuota a quienes buscan un 4×4 de verdad sin pagar el sobreprecio del Defender o la espera del Toyota.
La baza de Mitsubishi es el precio: históricamente, el Montero se ha posicionado ligeramente por debajo del Land Cruiser en los mercados donde coincidían. Si la firma logra mantener esa brecha, el nuevo modelo podría convertirse en una alternativa muy atractiva para flotas, cuerpos de rescate y particulares que exigen capacidad real sin lujos superfluos.
El lanzamiento está previsto para el otoño de 2026, con llegada a los concesionarios a lo largo de 2027. Ese calendario da margen a Mitsubishi para ajustar la estrategia en función de la evolución de las normativas y de la respuesta del mercado a otros modelos como la nueva generación del Patrol.

Mitsubishi no aspira a pelear con los SUV de moda; su objetivo es plantar cara al Land Cruiser en su propio terreno, el del 4×4 de verdad.
Análisis de Impacto Motor16
El regreso del Montero tiene un doble filo. Por un lado, supone una inyección de orgullo para una marca que en los últimos años ha basado su oferta en crossovers y en sinergias con Renault-Nissan. Por otro, llega a un segmento donde los volúmenes son modestos pero los márgenes pueden ser altos, siempre que el producto conecte con la base de clientes fieles.
Mitsubishi necesitará más que un buen chasis para triunfar. La ausencia de información sobre la motorización no es casual: la electrificación obliga a mover piezas con cuidado, y un motor diésel puro podría ser inviable en Europa si no va acompañado de hibridación. La decisión de no dar aún una cifra de potencia sugiere que la marca está evaluando varias opciones en paralelo.
En el plano industrial, apoyarse en la plataforma de la Triton tiene sentido: reduce costes de desarrollo, acorta plazos y permite compartir componentes. Pero también limita la capacidad de sofisticar el habitáculo, un campo donde el Defender ha puesto el listón muy alto. La batalla será tan técnica como de percepción de marca: Mitsubishi deberá convencer de que el Montero es un producto premium sin renunciar a su esencia utilitaria.
El veredicto, provisional, es que Mitsubishi acierta al recuperar un icono, pero el éxito dependerá de los detalles que aún faltan: precio, motor y disponibilidad global. Si falla en alguno de esos ejes, el Montero podría quedarse en un ejercicio de nostalgia antes que en un rival real para el Land Cruiser.

