No todos los deportivos japoneses pueden presumir de haber sobrevivido a seis décadas de cambios regulatorios, crisis de combustible y modas de diseño. El Nissan Z sí lo ha hecho, y el canal Donut acaba de demostrarlo con un ejercicio ambicioso: conducir todas sus generaciones, del Datsun 240Z original al flamante Z de 2023, para entender cuál sigue siendo el rey. Lo que arranca como un paseo nostálgico termina revelando una montaña rusa de identidades: a veces deportivo puro, a veces lujo de apariencia, nunca irrelevante.
El 240Z nació contra la opinión de su propia empresa
Según cuenta Donut en su vídeo, el Datsun 240Z fue en gran medida el resultado de una rebeldía interna. El diseñador Yoshihiko Matsuo recibió en 1965 el encargo de trabajar en un sustituto del Fairlady Roadster, pero decidió ignorar esa orden y perseguir algo mucho más ambicioso: un cupé deportivo capaz de plantar cara a los mejores fabricantes europeos. La directiva reaccionó con desconfianza, hasta el punto de emplear el nombre Datsun en lugar de Nissan para proteger la imagen de la marca si el proyecto fracasaba.
El éxito fue rotundo. Donut sostiene que el 240Z se convirtió en el deportivo más vendido del planeta a principios de los años setenta. Su mecánica, un seis cilindros de 2.4 litros con suspensión independiente en las cuatro ruedas, contrastaba con los ejes traseros rígidos de muchos rivales americanos. Los presentadores lo prueban y destacan lo sorprendentemente firme que se siente para ser un coche de los setenta: poco balanceo, respuesta inmediata y una sensación de coche mucho más moderno de lo que sugiere su fecha de nacimiento.
El 240Z no fue solo un coche: fue una jugada de mercado
Donut explica que las preferencias estadounidenses moldearon decisiones clave del diseño original. La zaga corta evocaba a los pony cars tipo Mustang, el techo relativamente alto acomodaba a conductores altos y la motorización de 2.4 litros respondía al mercado norteamericano. Japón recibió una versión de dos litros con ventajas fiscales. El vídeo insiste en que el 240Z no triunfó por casualidad: fue un producto pensado para conquistar al comprador estadounidense desde el primer trazo.
Esa ambición se sostuvo sobre una disyuntiva que Donut resume con claridad. Los ingenieros tuvieron que decidir entre perpetuar la imagen de fabricante de utilitarios baratos o apostar por algo capaz de incomodar a las marcas establecidas. La elección definió la identidad del Z durante su primera década y dejó una vara altísima para todas las generaciones posteriores.
Nissan podía seguir fabricando coches económicos sin evolucionar jamás, o construir algo impresionante que obligara a los fabricantes extranjeros a prestar atención.
— Donut
Los 280 y 280ZX: más peso, menos emoción
La evolución natural del 240Z derivó en el 260Z y el 280Z, pero Donut advierte que las normativas de emisiones y seguridad de los setenta empezaron a pasar factura. Los coches ganaron kilos y perdieron chispa. Al volante del 280ZX, la segunda generación, los presentadores notan una dirección suave, un embrague blando y un carácter que invita al paseo con los T-tops abiertos mucho más que a buscar el límite. Es, dicen, un coche convertido en símbolo de estatus más que en experiencia de conducción.
No todo fue malo comercialmente. Donut señala que el 280ZX vendió alrededor de 332.000 unidades sólo en Estados Unidos, cerca del 75% de su producción mundial. Ajustado a la inflación, el 280ZX más barato costaba en 2026 unos 15.000 dólares más que el 240Z original. Los compradores lo aceptaron igual: buscaban otra cosa. El vídeo es cuidadoso al repartir culpas. No fue una locura exclusiva de Nissan, sino un síntoma de toda una industria empeñada en domar motores y engordar carrocerías a golpe de regulación.
300ZX: el V6 japonés y la vuelta al deporte de verdad
Con el 300ZX, Donut identifica un cambio de filosofía que va más allá de lo estético. El seis en línea fue sustituido por un motor V6, el primero producido en masa en Japón según el vídeo, y la silueta abandonó las curvas orgánicas del 240Z por una apariencia más cuadrada. Las reacciones no fueron unánimes. La versión normal cargaba con instrumentación digital y gadgets que para muchos desviaban la atención de lo importante.
La edición Shiro, sin embargo, despierta admiración en el equipo de Donut. Producida en unas mil unidades y pintada exclusivamente en blanco, se deshizo de parte del equipamiento de lujo para aligerar el conjunto y devolverle el espíritu deportivo. Los presentadores la califican como el momento en que Nissan volvió a encontrar la fórmula: un equilibrio entre prestaciones, tacto y propósito que las versiones inmediatamente anteriores habían diluido.
El 350Z: recorte de presupuesto y regreso a las raíces
Donut no esconde que el 350Z nació en una época de vacas flacas para Nissan. La marca atravesaba una crisis financiera seria y contrató a Carlos Ghosn para enderezar las cuentas. Eso se tradujo en despidos, cierres de fábricas y una austeridad que llegó hasta el interior del coche. El resultado, paradójicamente, fue un deportivo honesto: motor V6 atmosférico de unos 300 caballos, tracción trasera, cambio manual de seis marchas y un precio contenido.
El vídeo lo describe como el heredero más fiel del 240Z. Barato, pequeño y divertido, sin aspiraciones de lujo impostado. Los presentadores destacan que el motor VQ también se usó en berlinas como el Maxima o el G35, prueba del pragmatismo que rodeó su desarrollo. Pero sobre la carretera, dicen, la sensación es de coche ligero y nervioso, mucho más centrado que sus predecesores inmediatos.
El Z de 2023: el último capítulo de una historia accidentada
El repaso de Donut culmina con el Z de 2023, la séptima generación que vuelve a recurrir al formato clásico: motor V6 biturbo, propulsión y una estética que dialoga abiertamente con el 240Z. El canal reconoce que este coche no compite en un mercado tan complaciente como el de los setenta. Los deportivos ya no son la norma, sino la excepción de una industria volcada en los SUV y la electrificación.
En ese contexto, el Z se enfrenta a un reto que Donut no oculta: conservar una receta analógica en un mundo que va en otra dirección. Con todo, sostienen que la llegada de este modelo demuestra que Nissan todavía ve valor en su nomenclatura más veterana. Es una apuesta por la continuidad, no por la ruptura.
Qué significa este repaso para los aficionados
El ejercicio de Donut sirve para algo más que para establecer un ranking. Muestra que la saga Z nunca ha tenido una personalidad fija: ha sido deportivo de éxito, crucero blando, conejillo de indias tecnológico y producto de crisis. Esa inconsistencia, lejos de restarle valor, explica su supervivencia. Cada generación respondió a una presión distinta del mercado y de la regulación, y cada una dejó algo reutilizable para la siguiente.
A lo largo de casi seis décadas el Z ha sido un termómetro del automóvil japonés: cuando Nissan se movió hacia el lujo, perdió agresividad; cuando recortó gastos a la fuerza, redescubrió su esencia. El vídeo de Donut también deja una conclusión incómoda para los puristas: el mejor Z no es necesariamente el más puro, sino el que mejor supo leer su época sin traicionar del todo su origen.
El repaso termina sin una respuesta cerrada. Donut no entrega un vencedor absoluto, y eso es probablemente lo más honesto. Deja la pregunta en manos del espectador: ¿vale más la pureza del 240Z o la eficacia contemporánea del Z de 2023? Puede que la respuesta dependa menos del coche y más de lo que cada conductor entiende por deportividad.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Donut en YouTube.


