El uso del móvil al volante está detrás de muchos más accidentes en Estados Unidos de lo que reflejan los atestados policiales. Un análisis basado en datos telemáticos de casi 17.000 siniestros vinculados acaba de destapar una brecha de al menos siete a uno entre lo que registraron los teléfonos y lo que constaba en los informes de las autoridades.
Lo que esconden los atestados y desvela la telemetría
Los autores del estudio compararon dos fuentes para los mismos accidentes. Por un lado, los partes policiales; por otro, los registros anónimos de una plataforma de conducción segura basada en telemetría. En los atestados, el uso del móvil aparecía en menos del 1 % de los casos. La telemetría, en cambio, detectó pantallas desbloqueadas en el 7 % de los choques con un solo vehículo y en el 8 % cuando había dos implicados.
Esa diferencia multiplica por siete el subregistro oficial, una cifra que los investigadores del estudio consideran conservadora. La telemetría documenta la manipulación del teléfono en los 30 segundos previos al impacto, un dato que rara vez deja rastro en el atestado: el conductor tiende a no admitir la distracción y los testigos no siempre ven lo que ocurre dentro del habitáculo.
Conviene no olvidar un detalle metodológico importante. Los datos proceden de conductores que se apuntaron voluntariamente a programas de conducción segura, un perfil que debería estar más concienciado que la media. Si incluso en ese grupo el uso real del móvil antes del siniestro es hasta siete veces superior al documento policial, el problema en el conjunto de la población estadounidense podría ser todavía mayor.
El análisis no se limitó a mirar si la pantalla estaba encendida. Los registros telemáticos distinguieron llamadas con el teléfono en la mano, llamadas con manos libres y manipulación física del dispositivo. Esa granularidad confirma que el subregistro es prácticamente igual de grave cuando solo se consideran las interacciones físicas, no el simple desbloqueo de pantalla por culpa del navegador.
Lo que el conductor admite y lo que el móvil registra no es un matiz: es una brecha de siete a uno que cambia el tamaño real del problema.
El móvil no es solo llamadas: la mirada que se escapa

El informe apunta además a que el riesgo se agrava con tareas que apartan la vista de la carretera. Mirar la pantalla durante solo dos segundos duplica la probabilidad de sufrir un accidente o un cuasiaccidente, según los datos del estudio. Y no hace falta una conversación telefónica: comer, hablar con un acompañante o incluso ir ensimismado también se convierten en fuentes de distracción, aunque con menor intensidad que manipular aplicaciones complejas.
- Distracciones cognitivas: hablar, divagar o planificar mentalmente la ruta sin apartar la vista degrada la capacidad de reacción.
- Distracciones manuales y visuales: manipular el móvil, escribir un mensaje o buscar una canción combina los tres riesgos y dispara el peligro.
- Distracciones por interacción: una conversación intensa o girarse hacia un pasajero resta atención al entorno de forma subestimada.
La ley estadounidense, además, va por detrás de la tecnología. Solo 21 estados prohíben claramente sujetar el teléfono con la mano al volante, lo que deja amplias zonas del país con una regulación laxa frente a un hábito que los datos consideran crítico. Mientras tanto, los juegos y las redes sociales ofrecen tentaciones nuevas para los conductores que creen que pueden apartar la atención de la carretera sin consecuencias.
El análisis registró incluso el uso de aplicaciones de navegación y vídeo por parte de los conductores, aunque esos datos no se incorporaron al cálculo principal. Si se hubieran incluido como distracción, la cifra final habría sido aún más alta. La conclusión de los investigadores es directa: cualquier uso del teléfono que aparte la mirada del asfalto puede disparar el riesgo de accidente, con independencia de lo inocente que parezca la aplicación.
Cómo se lee desde España y qué lección se lleva el conductor
En España, la normativa es bastante más estricta y las consecuencias, también. Desde la reforma de la Ley de Tráfico de 2021, sujetar el móvil con la mano supone la pérdida de 6 puntos del carné y una multa de 200 euros. El conductor español dispone, por tanto, de una señal económica y administrativa clara que en buena parte de Estados Unidos aún no existe. Eso explica en parte la distancia entre el enfoque europeo y el estadounidense sobre las distracciones tecnológicas al volante.
El valor del estudio estadounidense no está solo en su cifra, sino en el cambio de método: la telemetría permite medir lo que antes se limitaba a un testimonio o a un informe policial. Para el lector español, la lección es simple. Aunque la sanción local disuada más, el riesgo físico no entiende de códigos penales ni de etiquetas: apartar la vista dos segundos a 120 km/h equivale a recorrer más de 66 metros sin mirar.
De fondo, este tipo de estudios apunta a la próxima frontera en seguridad activa: no solo sancionar al conductor que usa el móvil, sino también detectar en tiempo real cuándo la atención está comprometida. Los sistemas de monitorización del conductor y el bloqueo automático de ciertas funciones ya se asoman al mercado, una tendencia que conviene seguir de cerca desde España.
📌 Datos clave internacional
- La cifra a enmarcar: el uso real del móvil antes del accidente multiplica al menos por siete lo que figura en los atestados policiales, con picos de hasta el 8 % en colisiones con dos vehículos.
- Consejo práctico: ante un viaje largo, utiliza el modo de no molestar mientras conduces y deja el teléfono fuera del alcance de la mano; dos segundos de mirada a la pantalla bastan para duplicar el riesgo de siniestro.
- Así te afecta: en España, usar el móvil en la mano cuesta 6 puntos y 200 euros, una sanción que resume la mayor severidad europea frente al mosaico legal de Estados Unidos, donde solo 21 estados lo prohíben.

