Cuando RM Sotheby’s anunció el lote estrella de su subasta de Monterey 2026, el nombre bastó para que los coleccionistas contuvieran la respiración: un McLaren F1 GTR. No un F1 cualquiera, sino el chasis 10R, el primero de los dos prototipos Short-Tail que Gordon Murray desarrolló para la temporada de 1996, la más rápida de la saga. Apodado The Pop Art F1 por la agresiva librea roja con gráficos amarillos, el coche parte con una estimación de «Valor superior a 35 millones de dólares» y promete reescribir el escalafón de los clásicos de competición.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el McLaren F1 GTR chasis 10R, conocido como «The Pop Art F1», sale a subasta con una estimación que parte de 35 millones de dólares y aspira a convertirse en el coche británico más caro jamás rematado en puja pública.
- No te lo puedes perder: propiedad de Nick Mason durante más de un cuarto de siglo, ha sido mantenido con presupuesto abierto por el especialista Lanzante y ha rodado en rallies como el Tour de la Toscana; un uso real que lo convierte en una rareza entre los hiperdeportivos de colección.
- Cifras y cotización: solo nueve McLaren F1 GTR se fabricaron con especificación 1996. El récord actual para un F1 en subasta es de 25 millones de dólares, alcanzado en Abu Dabi en 2025; este chasis 10R parte de una estimación que, de cumplirse, pulverizaría ese registro.
El prototipo que pudo correr en Le Mans
El chasis 10R nació como evolución directa del McLaren F1 GTR 01R, el coche que en 1995 conquistó las 24 Horas de Le Mans en la categoría GT1 y terminó cuarto en la general. Para la temporada siguiente, McLaren Cars apostó por dos prototipos Short‑Tail de batalla más corta y aerodinámica revisada, pensados para refinar el comportamiento del F1 en circuito. Solo nueve ejemplares adoptaron esta especificación, la más evolucionada de la familia, y el chasis 10R fue el primero de todos ellos.
En los días previos a la cita de La Sarthe, el 10R participó en la sesión de clasificación. Sin embargo, fue su hermano, el chasis 11R, quien finalmente disputó la carrera. Pese a no tomar la salida, el prototipo atesoraba el mismo pedigrí competitivo y, tras su paso por el departamento de competición, McLaren lo destinó a un programa de conversión para uso en carretera. Se convirtió así en el primer F1 GTR de 1996 transformado en un coche de calle, una metamorfosis que conservaba todo el músculo del bloque central y añadía los mínimos compromisos necesarios para obtener la matrícula.

Nick Mason y el arte de conservar un icono
En 1999, el batería de Pink Floyd, Nick Mason, sumó el chasis 10R a una colección que ya incluía un Ferrari 250 GTO, un Maserati 250F, un Bugatti Type 35, un Jaguar D‑Type y un Porsche 962. Mason no adquirió el coche como inversión pasiva: lo ha mantenido con un enfoque de presupuesto abierto, confiando todos los trabajos al taller de Lanzante, la misma firma que convirtió los GTR en unidades de calle. Según el historial documentado, la facturación de mantenimiento nunca conoció límite, y el coche ha llegado a la subasta en un estado cosmético y mecánico excepcional.
A diferencia de muchos hiperdeportivos contemporáneos que apenas salen del garaje, este F1 carece de cuentakilómetros —un guiño a su origen competitivo—, pero ha sido utilizado de manera entusiasta. Ha subido la rampa de Goodwood en repetidas ocasiones, completó la gira conmemorativa del 20º aniversario del Club de los 106 Drivers y, en 2024, se unió a otros cinco F1 GTR en el Tour de la Toscana, un rally de 750 kilómetros con base en Siena. Esa vida vivida sobre el asfalto, documentada y continua, añade un valor intangible que ninguna restauración mimética puede replicar.
Ningún otro F1 de competición ha pisado el asfalto con la misma devoción que el chasis 10R: historia viva, no una pieza de colección estática.
El McLaren F1 y la redefinición del valor en subasta
Conviene recordar que el McLaren F1 es un bien extremadamente escaso. De las 106 unidades ensambladas, 64 fueron coches de calle, 28 de competición (entre ellos los GTR) y siete prototipos. Los ejemplares que han llegado a subasta pública se cuentan con los dedos de una mano, y cada aparición ha elevado el umbral de lo que un superdeportivo británico puede alcanzar.
El récord vigente para la marca lo estableció un F1 de 1994, chasis 014, rematado por 25 millones de dólares en la subasta de RM Sotheby’s en Abu Dabi en 2025. Aquel coche acumulaba casi 14.000 millas y se convirtió en el vehículo británico más caro jamás vendido en puja. Antes, la referencia era otro F1 —metálico marrón, apenas 390 kilómetros— que había alcanzado 20,46 millones en Gooding Pebble Beach 2021. El último GTR subastado, hace más de una década, se quedó en 5,28 millones en Gooding Scottsdale 2014: un dato que ilustra hasta qué punto se ha disparado la cotización de los F1 de competición en los últimos años.
La estimación de «más de 35 millones de dólares» para el chasis 10R no es una fantasía, sino el reflejo de un mercado que ha aprendido a valorar la historia de competición auténtica y la custodia irreprochable. Si el martillo cae cerca de esa cifra —y con la comisión del comprador podría superar los 38 millones—, el coche no solo batirá el récord de la marca, sino que entrará en el reducidísimo club de los diez automóviles más caros de la historia en subasta pública, a la zaga de los Ferrari 250 GTO que dominan el escalafón. Para contextualizar, el récord absoluto de la Monterey Car Week sigue siendo el Ferrari 250 GTO de 1962 que RM Sotheby’s remató por 48,4 millones de dólares en 2018.
El chasis 10R, con su librea Blood Red, sus gráficos «96 GTR», su paso por Le Mans y su custodia por una leyenda del rock, es el ejemplo más rotundo de cómo un F1 de competición se convierte en arte de colección. La subasta de RM Sotheby’s en Monterey, programada para el 13, 14 y 16 de agosto, dictará sentencia. Pero ya hay una certeza que trasciende las cifras: nunca un McLaren F1 había reunido tantos argumentos para justificar una valoración estratosférica.


