La visión de un hombre, la colección de una vida y la ambición de un museo confluyen en la Mullin Family Gallery, que el Petersen Automotive Museum ha inaugurado el pasado fin de semana en su célebre Vault. Más que una sala, supone la consagración del art déco automovilístico francés en el templo del automóvil de Los Ángeles.
Peter Mullin falleció en septiembre de 2023 dejando tras de sí uno de los conjuntos de automóviles clásicos más refinados del planeta. La pregunta flotaba en el aire desde el cierre del Mullin Automotive Museum de Oxnard, en 2024: ¿dónde acabarían joyas como el Hispano-Suiza ‘Skiff Torpedo’, el Delahaye Type 145 o los Bugatti de competición? La respuesta la escribe el Petersen con esta galería permanente, que exhibe una selección representativa de una pasión cultivada durante treinta años.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: La Mullin Family Gallery abre como espacio permanente en el Petersen Museum, consolidando el legado de una de las colecciones de automóviles preguerra franceses más prestigiosas del mundo.
- No te lo puedes perder: La exposición inaugural incluye el Hispano-Suiza H6B ‘Skiff Torpedo’, el Delahaye Type 145 V-12 Coupé de Chapron, el Talbot-Lago T26 Grand Sport de Stabilimenti Farina y varios Bugatti de los años 20 y 50.
- Datos y producción: La colección Mullin suma más de 140 automóviles, reunidos entre 1986 y 2023; la galería actual muestra una decena de piezas, y en 2028 está prevista una macroexposición con una treintena de ejemplares en la sala principal del Petersen.
Peter Mullin, el coleccionista que soñó un museo
Peter Mullin fue un filántropo y empresario californiano que presidió la firma financiera Mullin Barens Sanford y dedicó buena parte de su fortuna a causas relacionadas con el arte y la salud. Pero su pasión más duradera fue la automoción clásica. Todo empezó cuando se enamoró del Delahaye 1937 de un amigo. Aquel coupé de líneas voluptuosas, obra de Figoni et Falaschi, le deslumbró y sembró la semilla de una obsesión que ya no le abandonaría.
Junto a su esposa Merle, Peter Mullin dedicó casi tres décadas a reunir un conjunto que abarca desde los grandes turismos Bugatti hasta los Talbot-Lago más exclusivos, pasando por Delage, Peugeot y Hispano-Suiza. La colección se forjó con un criterio casi arqueológico: cada adquisición debía ser auténtica, cada restauración respetar la integridad del diseño original. Esa obsesión por la fidelidad histórica convirtió al Mullin Automotive Museum, abierto en Oxnard en 2010, en un referente mundial. Sus visitantes solían afirmar que entrar allí era como viajar al Salón del Automóvil de París de 1938, justo antes de que los aviones de la guerra borrasen aquel esplendor.
Tras la muerte de Peter Mullin, Merle expresó el deseo de que la colección encontrase un hogar definitivo donde pudiese ser admirada por el mayor número de personas. «Peter siempre creyó que el Petersen Automotive Museum era el custodio adecuado para esa responsabilidad —explicó Merle Mullin—. Ver cumplida esa visión es profundamente emotivo y nos llena de orgullo saber que estas obras maestras seguirán inspirando a generaciones de entusiastas, historiadores y futuros coleccionistas».
La colección que revive el París de los años 30
La nueva galería permanente se instala en el célebre Vault del Petersen, ese sótano acorazado que alberga algunas de las joyas más raras del museo. El espacio no es casual: la penumbra controlada y la disposición de los vehículos recrean el ambiente exclusivo de un salón privado, lejos del bullicio de las salas principales. Entre los ejemplares seleccionados para esta primera muestra, el visitante encontrará algunos de los nombres que definen la era dorada de la carrocería francesa.
El periodo de entreguerras fue el escenario de una competencia feroz entre los grandes carroceros europeos. Figoni et Falaschi, Henri Chapron, Million-Guiet, Stabilimenti Farina o Gangloff firmaron obras que combinaban la tecnología más avanzada de los chasis franceses con líneas aerodinámicas inspiradas en la naturaleza. En aquella época, el automóvil se concebía como una escultura rodante, y la colección Mullin atesora algunos de los mejores ejemplos de este concepto.
La colección que Peter Mullin construyó con paciencia de orfebre se transforma ahora en legado universal: un viaje en el tiempo que inmortaliza la cima de la carrocería francesa.
Las piezas maestras expuestas en la nueva galería
Un paseo por la Mullin Family Gallery permite admirar varios hitos del art déco automovilístico. El Hispano-Suiza H6B «Skiff Torpedo» de 1922, con su carrocería de caoba esculpida al estilo de las lanchas de motor de la época, es una de las piezas más fotografiadas. A su lado, el Bugatti Type 37A de 1926 evoca las carreras en carretera que hicieron legendaria la marca de Molsheim, mientras que el Type 50S con carrocería Million-Guiet muestra la vertiente más sofisticada del lujo Bugatti. Tres Voisin de los años 30, una pareja de Peugeot de 1937 y el impresionante Delahaye Type 145 V-12 Coupé labrado por Henri Chapron en 1938 completan un recorrido que culmina con otros dos automóviles de excepcional rareza: el Delahaye T-165 V-12 «World’s Fair» de 1939, construido para la Exposición Universal de Nueva York, y el Talbot-Lago T26 Grand Sport que Stabilimenti Farina vistió en 1951. La muestra se cierra con un Bugatti Type 101C de Gangloff de 1951, uno de los últimos modelos de la factoría antes de su largo letargo, que simboliza el epílogo de una era irrepetible.
El legado y la gran exposición de 2028
La Mullin Family Gallery no es un final, sino un primer capítulo. En 2028, el Petersen Museum tiene prevista una gran exposición monográfica en su sala principal, la galería de firma, donde se exhibirán unas treinta piezas seleccionadas de entre las más de 140 que integran la colección Mullin. Será la mayor muestra dedicada al automóvil francés de preguerra que se haya visto en Estados Unidos, y una oportunidad única para contemplar en conjunto vehículos que rara vez comparten espacio.
Peter Mullin solía repetir una máxima que hoy se materializa: «Si puedes soñarlo, puedes hacerlo realidad». Su sueño fue preservar el arte y la ingeniería de una época que, sin coleccionistas como él, habría desaparecido bajo el óxido y el olvido. La Mullin Family Gallery da fe de que los grandes clásicos no solo pertenecen al pasado: cuando se custodian con criterio, se convierten en patrimonio vivo que ilumina el presente y proyecta su luz sobre las décadas venideras.


