Cuando el último Lotus Esprit Turbo S4 salió de Hethel en 1999, la saga del deportivo de motor central con cuatro cilindros sobrealimentado echaba el cierre tras veintitrés años de evolución. Aquel coche, que había nacido como una cuña de Giugiaro con aspiraciones de lujo y un cameo cinematográfico bajo el agua, se despidió con su versión más madura: 300 CV en la variante S4s, una puesta a punto que —según el detallado perfil publicado por Sports Car Market— muchos consideran el mejor Esprit jamás construido. Para el aficionado que busca un clásico moderno con carácter, el S4 no es solo una alternativa asequible frente a Porsche y Ferrari: es una declaración de principios.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el Lotus Esprit Turbo S4 es la última evolución del cuatro cilindros turbo que Colin Chapman lanzó en 1980, refinada hasta el extremo con mejoras de aerodinámica, potencia y fiabilidad.
- No te lo puedes perder: el legado de James Bond, el diseño de cuña de Giorgetto Giugiaro revisado por Julian Thomson y la conducción pura de un chasis backbone de solo 1.230 kg hacen del S4 un deportivo para puristas.
- Cifras y cotización: la producción de los S4 con motor 2.2 turbo (264 CV) y la variante S4s (300 CV) apenas sumó unos pocos cientos de unidades para todo el mundo; en el mercado actual, los ejemplares bien mantenidos oscilan entre 35.000 y 55.000 dólares en Estados Unidos, según los datos del sector.
De la cuña de Giugiaro al legado de Chapman
El Esprit nació en 1976 como sucesor del Europa, y desde el primer trazo de Giugiaro fue un coche distinto. Su silueta angulosa escondía un chasis de columna central derivado del Elan, con el grupo motopropulsor alojado en la horquilla trasera. La versión cinematográfica, con el S1 sumergible de La espía que me amó, disparó la popularidad del modelo. La evolución fue constante: el S2 (1978) estrenó pilotos del Rover SD1, y en 1980 llegó el primer Turbo. Con la adopción del motor 2.2 en 1981, la saga se afianzó. Los Esprit de la serie X180, redibujados por Peter Stevens en 1987, suavizaron las aristas y estrenaron llantas de siete radios y espejos del Citroën CX. A partir de 1989, la versión SE incorporó el célebre Chargecooler (intercambiador aire-agua) que elevó la potencia a 264 CV, y que Lotus llevaría al límite en el radical Sport 300, una variante de competición de la que solo se fabricaron 64 unidades.
El S4, presentado en 1993, supuso la última reinterpretación del diseño, esta vez a manos de Julian Thomson. Conservó la denominación interna Type 85, pero introdujo un alerón partido a media altura en la luneta trasera, llantas de cinco radios y, por primera vez, dirección asistida. Bajo el capó seguía el 2.2 turbo de 264 CV, capaz de catapultar el coche de 0 a 100 km/h en 4,7 segundos y alcanzar 257 km/h de velocidad punta. Sin embargo, la joya de la corona fue el S4s (con ese pequeña «s» de Sport), lanzado en 1994: 300 CV a 6.400 rpm, 393 Nm de par y unos registros que rozaban los 4,6 segundos en el 0‑100 y 270 km/h. Estéticamente, heredó el prominente alerón trasero del Sport 300 y llantas de seis brazos. Para entonces, el Esprit se medía sin complejos con los Porsche 911 (993) y los Ferrari 348/355, pero a un precio notablemente inferior. El último estertor del cuatro cilindros fue el GT3 de 1997, con motor 2.0 turbo de 240 CV y apenas 190 unidades —casi todas para el mercado europeo—, que redujo el peso a 1.230 kg y devolvió al piloto a la esencia más descarnada del modelo.
La producción del S4 concluyó en 1999, mientras el Esprit V8 (350 CV), lanzado en 1996, se mantendría hasta 2004. Pero los puristas saben que la última palabra del cuatro cilindros turbo se dijo en la década de los noventa: una mecánica ligera, un tacto de dirección analógico y un sonido que, aunque no rugía como un V8, envolvía al conductor en una experiencia fiel al espíritu de Colin Chapman: “añadir potencia te hace más rápido en las rectas; restar peso te hace más rápido en todas partes”.
El purista frente al coleccionista: ¿qué busca hoy quien compra un S4?
El mercado de los Lotus Esprit S4 ha vivido una transformación notable en los últimos diez años. Durante mucho tiempo, la percepción de fiabilidad lastró su cotización, pero la creciente comunidad de propietarios y especialistas ha demostrado que el mantenimiento preventivo disipa la mayoría de los fantasmas. Como recogía Sports Car Market citando a Paul Matty, el veterano especialista británico que durante cuatro décadas cuidó de los Lotus clásicos, “cuanto más tardío es el coche, menos problemas da”. La clave, según Matty, está en usar siempre refrigerante con inhibidor de corrosión específico para motores de aluminio, no dejar nunca que el motor se caliente al ralentí antes de arrancar —los árboles de levas giran sobre aluminio desnudo y la lubricación es pobre a bajas revoluciones— y revisar los colectores de escape, los radiadores y los tanques de combustible. La resina asistida por vacío (VARI) con la que se fabricaban las carrocerías desde el S3 garantiza una fibra de vidrio de calidad, aunque los interiores, pese a ser mejores que en los primeros Esprit, nunca envejecerán como un cuero de Stuttgart.
Un Lotus Esprit no se compra por la calidad de sus asientos, sino por la manera en que la dirección te cuenta cada movimiento de la rueda delantera.
Para el coleccionista español, el S4 es aún una rareza. Las ventas oficiales en Estados Unidos se detuvieron en 1995, y aunque hoy el mercado europeo permite importar unidades con más de 25 años, la oferta sigue siendo reducida. Los primeros S4 Turbo se mueven en una horquilla de 35.000 a 45.000 dólares (alrededor de 32.000 a 41.000 euros, al cambio), mientras los S4s empiezan a partir de los 50.000 dólares, una cifra todavía alejada de los más de 70.000 dólares que alcanzan los V8 en buen estado. El Esprit S4 representa, por tanto, la última oportunidad de poseer un clásico de motor central con pedigrí de competición por menos de lo que cuesta un 911 contemporáneo. Y lo hace ofreciendo una experiencia de conducción que ni los alemanes ni los italianos pueden replicar: la de un chasis que flota sobre el asfalto y una dirección que parece conectada directamente al cerebro del piloto.
El adiós que anticipó el futuro
Cuando el Esprit V8 cerró el telón en 2004, Lotus ya estaba inmersa en la era de los Elise y Exige, vehículos que devolvieron a la marca a su esencia de ligereza radical. Sin embargo, el S4 sigue siendo el último Esprit que mantuvo vivo el espíritu del Turbo original: un deportivo que nacía del compromiso de Chapman entre prestaciones y exclusividad, y que hoy, más de tres décadas después, sigue siendo un imán para quienes buscan un clásico con carácter, capaz de hacer girar cabezas en cualquier concentración y de ofrecer sensaciones que los modernos asistentes electrónicos han diluido. Para el aficionado que entiende que la velocidad no se mide solo en décimas, sino en la comunicación entre el coche y la carretera, el Lotus Esprit Turbo S4 no es un capricho: es un manifiesto sobre cuatro ruedas.

