Cuando Lamborghini presentó el Temerario, muchos aficionados torcieron el gesto. Decir adiós al V10 atmosférico que había definido al ‘baby Lambo’ durante 21 años parecía un sacrilegio. Pero después de ver a este híbrido de 907 caballos dejar atrás a un Ferrari 296 GTS y un McLaren 765LT en el circuito de Thunderhill, la conclusión de Jason Cammisa es demoledora: «No es solo que haya ganado; es que la distancia fue insultante». El equipo de Hagerty quiso poner a prueba si los kilos extra de la electrificación podían más que la ligereza de un superdeportivo a la antigua usanza, y el resultado reescribe las reglas del drag race.
Un V8 que jubila al legendario V10
El nuevo motor del Temerario es un V8 biturbo de 4 litros con cigüeñal plano, una configuración que durante décadas fue santo y seña de Ferrari. Pero Lamborghini, según detalla Cammisa, ha llevado este esquema a una vuelta de tuerca extrema: el propulsor es de carrera corta y gran diámetro, pensado para girar a 10.250 rpm, más que ningún Ferrari de producción. Con dos turbos, entrega 789 caballos de potencia térmica, pero eso es solo el principio.
A esa cifra se suman tres motores eléctricos: uno en la parte trasera y dos en el eje delantero, cada uno con 147 CV. La potencia combinada alcanza unos alocados 907 caballos y, sobre todo, dota al Temerario de una tracción total eléctrica que resultaría decisiva en la pista. «Cuando sueltas el embrague en modo ‘Thrust’, el motor juega con la gestión para precargar los motores y generar presión en los turbos antes incluso de empezar a moverse», explica el presentador de Hagerty.
El peso de un SUV: el verdadero lastre del ‘baby Lambo’
Pero toda esa tecnología tiene un precio en la báscula. Los técnicos de Hagerty pesaron la unidad del Temerario que, pese a pertenecer al paquete ‘Alleggerita’ (aligerado), registró un peso casi idéntico al de un SUV de ocho plazas. Para ser exactos, apenas una libra menos. El contraste con el McLaren 765LT es de escándalo: el británico pesa unas 1.000 libras menos exactamente, y prescinde de tracción delantera y de los motores eléctricos que sí equipa el italiano.
El Ferrari 296 GTS, por su parte, se sitúa en un punto intermedio en peso y potencia. Su V6 biturbo de 3 litros y 120 grados rinde 654 CV, a los que un único motor eléctrico trasero añade 165 CV, para un total de 818 CV que van exclusivamente a las ruedas posteriores. Una configuración que, a priori, no debería poder plantar cara al derroche híbrido del Lamborghini.
La arrancada del Temerario despejó cualquier duda. Con el modo ‘Thrust’ activado, el coche alcanza los 100 km/h en unos increíbles 2,2 segundos, manteniendo una aceleración superior a 1G hasta esa velocidad. El cuarto de milla lo devora en 9,6 segundos a 233 km/h, convirtiéndose en el tercer coche de combustión más rápido que han probado, solo por detrás de un Corvette ZR1 de 1.250 CV y un Bugatti Chiron multimillonario.
«Los neumáticos apenas patinan, y el coche sale disparado como si la Tierra dejara de girar»
— Jason Cammisa
Ferrari y McLaren, al asalto del gigante híbrido
El Ferrari, sin el impulso inicial de la tracción total, no pudo igualar la arrancada del Lamborghini, pero una vez en movimiento su aceleracion resultó idéntica. De hecho, los datos de Hagerty muestran que el 296 acelera con más fuerza en segunda que en primera —se nota que la electrónica gestiona la entrega por marcha— y, si eliminamos la salida del cálculo, el ritmo de recuperación es clavado al del Temerario.
El McLaren, aún más perjudicado por la falta de agarre en el eje delantero, cruzó la meta dos cuerpos por detrás del Ferrari, perdiendo la partida únicamente por 2 décimas en el tramo de 0 a 48 km/h. Después, su superior relación peso-potencia le permitía igualar al Ferrari. Cammisa lo resume con crudeza: «Esta clasificación final se debe a las dos décimas que el McLaren perdió en la salida».
Cuando los caballos se vuelven silenciosos: la carrera ‘eco’ del siglo
Aprovechando que todos estos coches son híbridos enchufables por exigencia de la normativa europea, el equipo planteó una carrera alternativa: un drag race en modo puramente eléctrico para ver cuál era más rápido sin emisiones. La competición, bautizada por Cammisa como «el primer duelo de superioridad moral libre de contaminación», deparó un resultado inesperado. El Ferrari, con un único motor trasero de 165 CV, se distanció claramente del Temerario, que a pesar de contar con tres motores se mostró sorprendentemente lento en modo enchufable. «Parece que el motor eléctrico del Ferrari hace más trabajo que los tres del Lamborghini», apuntó el presentador.
El análisis de Hagerty revela que, en condiciones de plena potencia, la ventaja del Temerario se reduce a un factor: la salida. La hibridación ha convertido la aceleración desde parado en una disciplina de laboratorio donde la electrónica, la precarga de los motores y la tracción total dictan sentencia. De cara al futuro, los drag races no se ganarán solo con potencia bruta, sino con una gestión inteligente de los electrones. El McLaren, un dinosaurio liviano pero sin ayudas híbridas, queda como testigo de una era que se apaga.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Hagerty en YouTube.

