Un Cord L-29 de 1929, el primer automóvil de producción estadounidense con tracción delantera, acaba de salir a subasta en Bring a Trailer. No es un ejemplar cualquiera: su carrocería phaeton descapotable fue firmada por la Limousine Body Company, pasó dos décadas en la colección de la Academy of Art University de San Francisco y acaba de completar una restauración que lo llevó al Amelia Island Concours d’Elegance de 2026. Hablamos de uno de los 1.168 phaetons producidos con esta configuración, y uno de los pocos Cord L-29 con pedigrí de museo que aparecen en el mercado público.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: el Cord L-29 fue el primer coche de producción con tracción delantera fabricado en Estados Unidos, adelantándose una década a la generalización de esta arquitectura.
- No te lo puedes perder: la unidad subastada conserva su motor original Lycoming FD2660, el mismo que luce en la placa del fabricante y en el cárter, un numbers-matching que refuerza su autenticidad.
- Cifras y producción: solo 1.168 phaetons se construyeron entre 1929 y 1932; el L-29 totalizó algo más de 5.000 unidades en todas sus carrocerías. La estimación de Bring a Trailer se mueve en un rango que refleja la escasez de ejemplares con historial documentado.
La revolución de la tracción delantera en 1929
Cuando Errett Lobban Cord presentó el modelo que llevaría su apellido en agosto de 1929, la industria americana llevaba décadas anclada en la propulsión trasera. La inspiración para el L-29 llegó de las 500 Millas de Indianápolis, donde los monoplazas de tracción delantera dominaban la parrilla. El ingeniero Cornelius Van Ranst y el diseñador Alan Leamy trasladaron aquella solución a un automóvil de calle con un bastidor en X que permitía montar la carrocería hasta treinta centímetros más baja que la de sus rivales, logrando un centro de gravedad inédito para un turismo de lujo.
El resultado fue un coche de líneas estiradas, con un morro largo que escondía un motor de ocho cilindros en línea Lycoming de 298 pulgadas cúbicas —casi 4,9 litros—, colocado longitudinalmente pero con el volante de inercia orientado hacia el morro. La caja de cambios de tres velocidades formaba un transeje con el diferencial y transmitía el par a las ruedas delanteras mediante juntas homocinéticas de velocidad constante, otra primicia mundial en un coche de producción. Aquello eliminaba el túnel de transmisión, liberaba espacio interior y entregaba un tacto de conducción radicalmente distinto al de cualquier otro americano de la época.
La carrocería phaeton de la unidad subastada es obra de la Limousine Body Company, una subsidiaria del propio grupo Cord. El diseño de Leamy se traduce en puertas de apertura central, guardabarros esculpidos y una zaga rematada por un portaequipajes abatible que sostiene un baúl pintado en el mismo blanco de la carrocería. Un detalle que solo aprecian los coleccionistas más meticulosos: los faros auxiliares Pilot-Ray orientables, que subrayan la vocación vanguardista del conjunto.

Una unidad con pedigrí de museo y una restauración meticulosa
El Cord L-29 que hoy puja en BaT se terminó en octubre de 1929 y pasó los años cincuenta en manos de un propietario de Pensilvania. A finales de los ochenta recibió una primera restauración en Wisconsin, y después ingresó en la Academy of Art University Collection de San Francisco, donde permaneció dos décadas. En 2025 lo adquirió el vendedor actual, que emprendió una segunda puesta a punto mucho más profunda.
La carrocería se repintó en blanco con acentos negros y un delicado fileteado rojo, empleando base PPG y barniz SPI de alto brillo. Las llantas de alambre de 18 pulgadas calzan neumáticos Firestone de banda blanca, y los dos repuestos laterales visten caucho Lester con espejos retrovisores incorporados. El interior se tapizó de nuevo en cuero negro, se rehicieron los paneles de las puertas y se retrasó el asiento delantero cinco centímetros para mejorar la habitabilidad. Todo el trabajo se documentó fotográficamente y está disponible en la galería de la subasta.
Mecánicamente, el Lycoming de 125 CV recibió la reconstrucción del carburador ascendente, la sincronización del distribuidor y la sustitución de juntas, tapones y el revestimiento térmico del colector de escape. El transeje se revisó con nuevas juntas, fluidos y dos guías de varillaje de cambio mecanizadas a medida. La suspensión, con esquema de Dion delantero y ballestas dobles, conserva los amortiguadores Houdaille originales y un sistema de lubricación centralizada Bijur que se acciona desde el interior del habitáculo.
El mercado de los Cord L-29 y la puja en Bring a Trailer
Los Cord L-29 han vivido una revalorización sostenida en la última década, aunque nunca han alcanzado las cotizaciones estratosféricas de sus contemporáneos Duesenberg. Sin embargo, los phaetons bien documentados, con números coincidentes y pasado de museo, están escalando posiciones en el radar del coleccionismo más exigente. La aparición de esta unidad en Bring a Trailer —una plataforma que ha sabido democratizar el acceso a clásicos de alta singularidad— plantea una puja que servirá de termómetro para el modelo.
Conviene recordar que la producción total del L-29 apenas superó las cinco mil unidades sumando todas las carrocerías, y que muchos ejemplares se perdieron durante la Segunda Guerra Mundial o fueron canibalizados para mantener a flote a los Cord 810 y 812 posteriores. Los phaetons descapotables, construidos por la Limousine Body Company, son hoy una rareza dentro de otra rareza. Que además conserven la mecánica original y un historial de propiedad tan limpio como el de esta unidad es casi insólito.
El hecho de que el coche haya sido exhibido en el Concours d’Elegance de Amelia Island 2026 y en los Festivals of Speed de Ocala habla de la calidad de la restauración y de la confianza del propietario en el vehículo. El mercado lo sabe: los clásicos que pasan por alfombras verdes de ese nivel suelen disparar el interés y, con él, las pujas.
Cord no solo adelantó a su tiempo en mecánica; también redefinió cómo el espacio interior podía ampliarse sin alargar la batalla.
El Cord L-29 de 1929 que Bring a Trailer acerca al coleccionista actual representa una pieza de museo con un pedigrí intachable. La tracción delantera dejó de ser una curiosidad de competición para convertirse, con él, en una declaración de intenciones que tardaría décadas en ser entendida del todo. Quien puje por este phaeton no solo compra historia: adquiere la génesis de una idea que hoy damos por sentada.


