De los 247 maserati sebring clásico de 1965 que la firma del tridente produjo, el chasis AM101.021 es uno de los 94 con motor 3.5 litros. Ahora sale a subasta en Bring a Trailer sin precio de reserva, una ocasión que el mercado de clásicos italianos no ignorará. Entregado originalmente en Bruselas, este ejemplar de la exclusiva Serie II ha pasado décadas en manos de un único propietario belga antes de cruzar el Atlántico y recibir una restauración que respeta su color Rosso Cordoba de fábrica.
Las claves de esta historia
- Lo más importante: la subasta sin reserva de un Maserati Sebring Serie II, un gran turismo de producción minúscula que raramente aparece en el mercado abierto, con motorización de 3.5 litros y carrocería firmada por Vignale.
- No te lo puedes perder: su historial de propiedad estable en Bélgica hasta principios de los 2000 refuerza la pátina europea del coche y su trazabilidad documental, un valor añadido para el coleccionista que prima la procedencia.
- Cifras y cotización: solo 247 unidades de la Serie II, 94 de ellas con el motor DOHC de 3.5 litros. La ausencia de precio de reserva augura un remate competitivo que servirá de termómetro para el segmento de Maserati clásicos de los sesenta.
La Serie II del Sebring: la cumbre discreta del ‘gentleman’s express’
El Maserati Sebring, cuyo nombre homenajea la victoria de la marca en las 12 Horas de 1957, debutó como prototipo en 1962 y llegó a producción un año después. Pero fue en 1965 cuando la Serie II (Tipo AM101/10) refinó el concepto original. Giovanni Michelotti, uno de los grandes nombres del diseño italiano, firmó una carrocería 2+2 de líneas tensas y hombros marcados, que Vignale —carrocero histórico de Maserati— convirtió en realidad con una calidad de construcción poco común en la época. La parrilla delantera, con los faros alojados en marcos cromados gemelos, y las aletas traseras horizontales le otorgaban una presencia claramente más moderna que su predecesor, sin perder la elegancia de gran turismo que pretendía conquistar el mercado estadounidense.
El chasis AM101.021 salió de la fábrica pintado en Rosso Cordoba, un color que recuperó durante la restauración llevada a cabo por su anterior propietario. Las llantas Borrani de 16 pulgadas con neumáticos Pirelli Cinturato subrayan el carácter deportivo de un coche que, pese a su orientación gran turismo, descansa sobre una suspensión delantera de triángulos superpuestos y muelles helicoidales, con un eje trasero rígido y ballestas. Aunque el tiempo ha dejado pequeñas marcas en la pintura —documentadas al detalle en la galería de la subasta—, el conjunto se presenta en un estado muy respetable, fiel a su identidad de fábrica.
El motor DOHC de 3.5 litros y la inyección Lucas: ingeniería de otra era
Bajo el capó, el Sebring heredaba el seis cilindros en línea AM101, una mecánica de doble árbol de levas en cabeza que Maserati ya había probado en el 3500 GT. La versión de 3.5 litros, la elegida para este ejemplar, mantenía la suavidad de giro y la respuesta elástica que caracterizaban a toda la familia, con una potencia que rondaba los 235 CV —suficiente para rozar los 220 km/h— y una banda sonora tan educada como vigorosa cuando se abrían los carburadores, o en este caso, la inyección mecánica Lucas. La unidad que nos ocupa conserva su sistema de inyección original, reconstruido durante la restauración, y un cambio manual ZF de cinco relaciones que envía la potencia a las ruedas traseras con una precisión que hoy resulta casi analógica.
El trabajo de puesta a punto entre 2019 y 2020 no se limitó a la mecánica: se sustituyeron el servofreno, la bomba y varios latiguillos del circuito, garantizando la eficacia del sistema de discos en las cuatro ruedas que ya era una señora ventaja dinámica en su día. El interior, tapizado en cuero beige con moqueta a juego, respira la atmósfera de los sesenta con su reloj eléctrico, los elevalunas eléctricos y el volante Nardi de madera opcional. La instrumentación Smiths, con velocímetro hasta 300 km/h y cuentavueltas de 6.000 rpm, confirma la vocación viajera que el Sebring supo encarnar sin estridencias.

Subasta sin reserva: una prueba para el mercado de Maserati clásicos
La decisión de ofrecer este Maserati Sebring sin precio de reserva en Bring a Trailer dice mucho de la confianza del vendedor —y del estado de forma de la unidad—, pero también sitúa la puja en un terreno de alta transparencia. Las 247 unidades de la Serie II hacen de cualquier ejemplar una pieza escasa, y entre los 94 motores de 3.5 litros la rareza se acentúa. Aunque el mercado de clásicos italianos ha mostrado cierta contención en los últimos meses, los Maserati de los sesenta con historial limpio y motorización original suelen despertar una atención constante. La procedencia belga y el mantenimiento documentado añaden los intangibles que todo coleccionista persigue.
Pocos automóviles combinan la distinción del diseño de Michelotti con la nobleza mecánica del seis cilindros bialbero de Maserati. El Sebring es, en esencia, un 3500 GT vestido de etiqueta.
Más allá del resultado concreto de la subasta, este chasis AM101.021 ejemplifica el tipo de clásico que los expertos valoran hoy: no apto para concursos de restauración perfecta, pero sí para el aficionado que prefiere un coche con historia, con ligeras pátinas de uso y con los trabajos mecánicos necesarios para rodar con seguridad. La ausencia de reserva convertirá el precio de martillo en un dato limpio y sin artificios, y probablemente reabrirá el debate sobre la infravaloración relativa de los Maserati clásicos frente a sus contemporáneos de Maranello.
Así las cosas, el reloj de esta subasta sin red ya está corriendo, y el mercado está a punto de ponerle precio a uno de los gran turismo más discretos y elegantes que dio la Italia de los sesenta.


